Diplomacia y conciliación no solucionan los primeros enfrentamientos del movimiento de Jesús

Guayasamin Tenura Parcial

Primera asamblea de la comunidad: enfrentando conflictos (*)

Por Carlos Valle

Buenos Aires

 Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cual es la estrella que lo guía. Antoine de Saint-Exupéry

 El hombre debe evolucionar para todos los conflictos humanos un método que rechace la venganza, la agresión y represalia. El fundamento de este método es el amor. Martin Luther King

En Antioquía, donde Bernabé y Pablo se han establecido por un largo tiempo, se ha producido muchas conversiones entre los gentiles. Pero, en el grupo que venía de Judea, se había suscitado una gran discusión porque consideraban que era necesario ser circuncidados “para poder ser salvos”, posición que Bernabé y Pablo no compartían. Esto le lleva al escritor de Hechos a registrar, con cierta delicadeza, que “tuvieron una discusión y contienda no pequeña con ellos”.

Este conflicto mueve a los apóstoles a reunir una asamblea, que se la ha hecho conocer posteriormente como el Concilio de Jerusalén (Hechos 15) a la cual ellos son invitados a participar. En esta asamblea, es Simón Pedro quien defiende la posición de que Dios les dio el Espíritu sin distinción de personas. Bernabé y Pablo, a su vez, tienen la oportunidad para contar como su ministerio había producido “grandes señales y maravillas que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles” (15:12)

Todo da a entender que la situación era muy delicada, y que era difícil conciliar ambas posiciones. Es Jacobo el que trata de tomar una decisión moderadora, estableciendo ciertas pautas para ser aceptadas por los gentiles, buscando obviar imponerles la circuncisión, y sin cargarles criterios propios de la tradición judía. Para ello, los apóstoles y ancianos dirigen una carta, con un cierto tono más diplomático que conciliador, a los que parecían ser los centros de mayor tensión: Antioquía, Siria y Cilicia.

En ella, les manifiestan que no buscan “imponerles ninguna carga más que estas cosas necesarias” como: que se abstengan de hacer sacrificios a los ídolos, de sangre de animales estrangulados y de fornicación (15:28-29). Se da a entender que, si bien ese acuerdo, pareció aquietar las aguas de la discordia, se esperaba que hubiera de tener un cierto efecto restaurador en el cual se pudiera asimilar la resolución de “los apóstoles y ancianos” o que, al menos, se llegara a evitar que aumentaran las discrepancias, lo que, como se verá, se logrará solo en parte.

Guayasamin I

Las discrepancias eran muy hondas para ser solucionadas con consejos que intentaban un camino intermedio. Simón manifiesta, más allá de la carta aprobada, que necesita pronunciar una admonición: “Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios” (15:19). No es mucho más lo que se dice de ese enfrentamiento clave. Pablo y Bernabé permanecen en Antioquía, lo que da a entender que siguieron libremente “enseñando la palabra del Señor”, porque se consideraron aceptados en su trabajo misionero. Es difícil de saber hasta qué punto la presencia de ellos influyó en la decisión que tomó el Concilio, tampoco se explicita cómo recibieron su aporte.

Las dificultades de la solución relativa

En general, lo que más resalta en este tipo de reuniones, en las que se busca limar diferencias es que, la tendencia que prevalece es la que aporta formulaciones generales que relativizan el conflicto y permiten resolverlo en términos conciliatorios. Eso significa que las soluciones terminan siendo parciales, dejando, a larga, disconformes a ambas partes. Esta es, sin duda, una forma de leer lo sucedido que, en el caso presente, conlleva una particular formulación de los hechos.

Se ha argumentado, si esto realmente es lo que sucedió en Jerusalén allá por el año 50, o si no se trata de un elaborado relato que, tratando de evitar toda situación conflictiva, ofrece una versión mucho más suavizada y, para algunos, provee una tergiversación de una fuerte tensión insoluble, al menos en el corto plazo. Las opiniones, en uno u otro sentido, ponen en tela de juicio los entretelones de una comunidad muy incipiente y en transformación. Es claro que, el comunicador que recoge y articula la historia, hace un definido aporte que, como en todo relato, acentúa algunos hechos, diluye otros o los enmascara y, como todo relator interesado, deja de lado lo que afecta su visión general.

 ¿Esto quiere decir que hay otra historia?

Cuando Pablo escribe su carta a la iglesia de Galacia, está reaccionando fuertemente contra todo lo que ha pasado después de la asamblea de Jerusalén. La llamada carta de la libertad no es solo una muy encendida crítica a la gente de Galacia sino también a algunos de los líderes de la iglesia.

Pablo ha predicado a los griegos en Galacia, tal como se había acordado en Jerusalén, pero los judaizantes durante su ausencia habían estado influenciando a la gente para que aceptasen “un evangelio diferente”, es decir, aceptar ser circuncidados. Se sorprende de que, en poco tiempo, se han olvidado del “evangelio de Cristo”. Por eso, si alguien ha provocado esta deserción “anunciando un evangelio diferente del que les he anunciado” debe ser considerado “anatema”, la fuerte expresión griega que refiere a la maldición, la excomunión, la separación total de la comunidad de fieles. Hasta llega a decir de aquellos que desconciertan a los hermanos que “¡Ojalá se mutilasen los que los perturban!” (Gal. 5:12)

 

Guayasamin Ternura Parcial II

Según Hechos, Pablo habló abiertamente con los apóstoles y los ancianos (15:4), pero en Gálatas dice que “expuso en privado a los que tenían cierta reputación” (Gal. 2:2). Lo que alega es que recelaba de los “falsos hermanos introducidos a escondidas” que intentaban someterles, pero ellos se resistieron. Enseguida, hace una dura crítica a los “que tenían reputación de ser algo, “lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa”, porque además nada le comunicaron. Esta referencia sin nombres da a entender que no se refiere a los judaizantes, a los que ya había descalificado. La decisión por la que se reconoce que le ha sido “encomendado el evangelio de la incircuncisión”, la contrasta con el hecho que se le había aceptado a Pedro el “apostolado de circuncisión”.

La versión que da aquí Pablo no parece congeniar, según Hechos, con lo acordado en Jerusalén. Es cierto que, en la carta de los apóstoles, los ancianos y los hermanos contemplan las limitaciones rituales para los conversos griegos, pero no se menciona una división de ministerios tal como plantea Pablo. Él indica que, a aquellos que defendían la circuncisión, Jacobo, Cefas y Juan “que eran considerados como columnas” tanto como a Bernabé y Pablo que irían a los gentiles (no circuncisión) les dieron la diestra en señal de compañerismo, con la salvedad de que estos últimos no se olvidasen de los pobres, lo que Pablo tomó muy en serio.

Pero este acuerdo, que Pablo había indicado como muy amigable, no parece ser la solución, porque en Gálatas registra una muy fuerte discusión entre él y Pedro cuando éste visita Antioquía. La fecha de esa visita no está registrada, solo se supone. En Hechos no se registra y, si ocurrió, no se sabe bien porque no se la comparte. La acusación de Pablo contradice lo que Pedro expresó en la asamblea de Jerusalén cuando, después de mucha discusión, manifestó que todos saben “que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen” y “ninguna diferencia hizo entre nosotros”. No solo eso, Hechos ha venido destacando, como se ha indicado, su apertura sin discriminación para con los gentiles.

La larga historia que narra el encuentro de Pedro con Cornelio (Cap.13) parece dejar bien en claro la posición de Pedro al respecto. Es difícil entender por qué Pablo se expresa en esos términos tan duros respecto de Pedro. Asegura que le echó en cara que, por temor a los de la circuncisión, se apartaba para no comer con los gentiles, antes que llegara gente de Jacobo, lo que le resultaba condenable. Afirma que, delante de todos, le recriminó que “no andaba conforme a la verdad” porque vive como los gentiles, pero obliga a los gentiles a judaizarse.

La desconcertante enemistad de Pablo con Bernabé

Pero no termina allí la crítica. Insiste en que participaban otros judíos, e incluso que Bernabé “fue también arrastrado por la hipocresía de ellos.” (Gal. 2:13) Esta anima versión contra Bernabé llama la atención por la manifiesta ayuda y cooperación que mostró con Pablo. Como líder de la iglesia de Jerusalén era reconocido como “varón bueno, y lleno del Espíritu Santo, y de fe.”(11:24). Fue uno de los primeros en creer en el cambio de Pablo y lo presentó a los apóstoles (9:27). Visita a Tarso para ayudar a la nueva iglesia de Antioquía. Con Pablo va, enviado por la iglesia de Antioquía, a la asamblea de Jerusalén con la ayuda para los pobres y lo acompaña en el primer viaje misionero.

Teernura IV

Bernabé y Pablo planeaban un segundo viaje misionero, pero tuvieron una disputa sobre la participación de Juan Marcos, a lo que Pablo se oponía, por lo que “hubo tal desacuerdo entre ellos que se separaron” (15:36-40). Esta escueta mención de la desavenencia entre ambos no hace referencia a la acusación de Pablo respecto a desacuerdos sobre la comida judía y la convivencia con los gentiles a que alude en Gálatas (Gal 2:13). Cuesta entender tan drástico cambio de actitud para con una persona que había demostrado tanto aprecio por Pablo y por su participación en la vida de nueva iglesia. Hay que mencionar que, una vez que Pablo se separa de Bernabé, se va con Silas a recorrer varios lugares hasta que llega a Derbe y a Listra.

La intransigencia de Pablo, sus convicciones tan fuertemente señaladas en la “Carta a los Gálatas”, no parecen condecir con lo que sucede en Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo que era hijo de madre judía creyente y de padre griego. Pablo quería llevarlo con él y, curiosamente “le circuncida por causa de los judíos que había en aquellos lugares” (16:3) y, además, porque el padre era griego. La argumentación que se provee es un tanto débil. El hecho de que la madre fuese judía no ameritaba esa decisión.

Se ha argumentado que Pablo estaba tratando de evitar conflictos, y se hace referencia a lo que afirma en I Cor. 9:22 “A todos me he hecho todo, para que de todos modos salve a algunos.” Pero esta situación necesariamente no lo reclamaba. Por otro lado, la fuerte reprimenda a Pedro y la crítica a Bernabé no parecen afirmaciones que se puedan conjugar con el texto de Corintios. Es contradictorio que tome una decisión tan drástica en un caso y, en otro, manifieste un espíritu condescendiente. Estas variaciones reflejan la vehemencia de un espíritu indomable y un gran rasgo de intolerancia, especialmente en aquellas cosas que define como indiscutibles. Asimismo, estos evidentes rasgos de sensibilidad humana muestran lo que ya Pedro había dicho de sí mismo “soy un hombre” un ser humano con las fuerzas y las debilidades humanas y Hechos no puede dejar de hacerlo ver.

¿Por qué dos relatos contradictorios?

En este contexto, quedan para formular al menos, dos preguntas que es necesario considerar. Una, tiene que ver con el propósito del comunicador de Hechos, que comparte una visión que no concuerda con lo que trasmite Pablo en su carta a los Gálatas. En Hechos, la asamblea de Jerusalén discurre con las necesarias discusiones propias del tema que los había reunido. Hechos ha registrado, como ya se destacó, el proceso de apertura de Pedro que, después de una fuerte experiencia personal, llega a la conclusión de que Dios no discrimina a ninguna persona. Además, en este contexto, se habían determinado las obligaciones que se establecen para los gentiles, por lo que se da por apaciguado el conflicto.

 

Ternura IIILa otra pregunta está relacionada con lo que Pablo afirma. ¿Es la versión de Hechos la correcta o la que mejor expresa lo sucedido? O ¿Lo que afirma Pablo es la verdad de los hechos? La respuesta no es sencilla, pero todo parece indicar que Pablo hizo una interpretación muy personal de lo ocurrido. ¿Habrá que pensar que exagera la situación debido a su malestar por la presencia de los judaizantes que lograron doblegar a una comunidad que él entendía seguía sus pasos? A esto habría que añadir que, probablemente, Pablo desconocía Hechos o el proceso de su redacción por lo que, de conocerlo, podría haber argumentado de otra manera.

La compleja historia de Pablo

En este contexto, se hace necesario mencionar una mayor información sobre la persona y ministerio de Pablo que se conoce por lo que cuenta en sus cartas. Hay que mencionar que no se indica en ningún segmento de Hechos una referencia a la teología de Pablo, salvo una mención en 13:38-39 referida a la justificación por la fe, tan importante para Pablo. Se podría interpretar que lo que Hechos está haciendo es lo que sigue siendo central en su libro: la tarea misionera.

Es notoria la ausencia en los escritos de Pablo de dichos y referencias a la vida de Jesús. Se pueden mencionar al menos dos. Una, en la que atribuye a Jesús esta afirmación: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). Estas palabras no se encuentran en ningún otro lugar del Nuevo Testamento. Hay quienes han tratado de justificar esa mención entendiendo que quizás no hubiese sido registrada por ninguna fuente, como pudieron ser otros dichos, recopilados e incorporados en los evangelios.

Al mismo tiempo, se busca autenticar el dicho indicando que Pablo era un escritor “inspirado”, a quien no se le puede cuestionar por esta mención, pero parece innecesario este tipo de argumentación en la que se apela a sus dones para darle validez a esa frase. De todas maneras, cualquier justificación no revierte la realidad de una cita que, si bien se puede considerar de posible formulación por parte de Jesús, no tiene registro aparte de esa mención de Pablo.

Además, si de las cosas que dijo Jesús se ha hecho una selección, habrá que preguntar a qué se debe esa selección. Al menos se debe mencionar que hay ciertas afirmaciones que impactan más que otras porque son mencionadas en situaciones muy concretas, por eso impactan en la memoria. No sabemos si esta cita que se atribuye a Jesús es una de ellas. Es evidente que Jesús tuvo intención de insistir con ciertas afirmaciones, que repitió con la clara intención de que fueran recordadas. No debe olvidarse que la tradición oral era la manera más importante de conservar los relatos que expresaban las tradiciones que daban identidad y instruían a la población.

El tema de la Cena del Señor

La segunda mención es más significativa. Está relacionada con la institución de la Cena del Señor, que Pablo asume como ritual a retener y repetir en la llamada Primera Carta a los Corintios (11:23-26). Allí, recrimina a la congregación que, cuando se reúnen a comer en la iglesia eso no significa “comer la cena del Señor” y pasa a explicar qué significa esa cena. En esa explicación tiene fuertes palabras para quienes participan “indignamente”, porque discriminan a aquellos que carecen de recursos.

Para explicar cómo se ha establecido la cena dice que fue el mismo Jesús quien se lo comunicó: “Yo recibí del Señor…” ¿Qué es lo que lo mueve a reclamar ese testimonio? En tres de los evangelios (Mateo, Marcos y Lucas) se hace expresa referencia a la institución de la cena del Señor, tradición que difícilmente Pablo podría haber ignorado, lo llamativo es que reclame haber sido instruido directamente por Cristo, porque esa tradición, seguramente oral, debe haber jugado en las diversas comunidades, un papel muy destacado.

¿Qué es lo que le mueve a explicarla, como si él hubiese recibido directamente una institución instaurada por Jesús? Para hablar en esos términos a los corintios, asume tener una autoridad que le permite reprender en duros términos a aquellos que distorsionan, por lamentables razones de poder económico, el sentido de la Cena, lo cual en sí mismo es una justa crítica que merece ser reconocida. De todas maneras, lo que le dice Pablo a los corintios no lo menciona ni lo sugiere en ningún otro contexto.

Tampoco, como se verá más adelante, hace alguna referencia en su testimonio sobre el encuentro singular con Jesús, que avale por qué apela a considerarse depositario directo de la institución de la Cena. Reiteradamente insiste en que “aunque me gloríe algo más de nuestra autoridad” considera que el Señor, después de todo, se la ha dado para edificación, lo que le lleva a decir: “no me avergonzaré”. Y algo más:” no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la regla que Dios nos ha dado” (II Cor. 10:13).

Se puede decir que los argumentos que esgrime pueden ser rebatidos, si se pone en cuestionamiento la autoridad que reclama. Pablo asume esta experiencia como parte determinante de su autoridad, lo que le lleva a reclamar ser aceptado como uno de los apóstoles. En la I Carta de Corintios se alinea con todos los apóstoles que atestiguan haber visto a Jesús resucitado, reconociendo que a él se le apareció “como un abortivo”. Por eso considera, que “es el más pequeño de los apóstoles” porque persiguió “a la iglesia de Dios”.

Se puede indicar, al menos así aparece en Hechos, que en ningún momento los apóstoles, con quienes se reunió en varias oportunidades, manifestaran que la experiencia que Pablo testimonia le confiera el derecho a ser llamado apóstol. Todo da a entender, que esta postura de Pablo tenía que ver mayormente con su fuerte y definida personalidad. Ya lo había demostrado en su persecución a la iglesia, y en el posterior cambio de objetivo, cuando se embarcó en una denodada y muy llamativa experiencia misionera. Otras menciones relacionadas con este tema serán mencionadas más adelante.

Separación y nuevos planes

Después de la asamblea de Jerusalén, Pablo y Bernabé vuelven a Antioquía, que había recibido con beneplácito la carta de los apóstoles fruto de la reunión. Permanecen allí un tiempo, pero Pablo quiere volver a visitar “a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor”. Es en este momento, que se produce la separación entre ellos como ya se indicó. Bernabé desea que los acompañe Juan, llamado Marcos, pero Pablo no quería que fuera con ellos porque los había dejado desde Panfilia (13:13), y no fue a trabajar con ellos. La posición de Pablo se vuelve irreductible por lo que Bernabé opta por irse con Marcos a Chipre, mientras Pablo se va con Silas por Siria y Cilicia. Se puede deducir que se trató de una fuerte discrepancia lo que produjo tan fuerte alejamiento entre estos dos misioneros. Se podrá preguntar si la crítica que Pablo le hace a Bernabé en la carta a los Gálatas es un reflejo de este distanciamiento.

A partir de ahora, el ministerio y los sucesivos viajes de Pablo dominan el progreso de Hechos, que concentra en él los planes misioneros en este nuevo período. + (PE)

 * Capítulo VII de El libro de los Hechos, una mirada desde la comunicación, de Carlos Valle, que se edita juntamente con ALC (Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación)

Ilustración. “Ternura” de Oswaldo Guayasamín, pintor, dibujante, escultor, grafista y muralista ecuatoriano.  Pertenece a la tercera gran serie , conocida como La Edad de la Ternura, que Guayasamín dedica a su madre y las madres del mundo donde se aprecian colores vivos que reflejan el amor y la ternura entre madres e hijos y la inocencia de los niños.

Carlos Valle. Teólogo, con estudios en Alemania y Suiza. Pastor (j) de la Iglesia Metodista Argentina. Director del Departamento de Comunicaciones del Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET), Buenos Aires, 1975-1986. Presidente de Interfilm, 1981-1985. Secretario General de la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC), Londres, 1986-2001. Autor de los libros Fe en tiempos difíciles (982) Comunicación es evento (1988); Comunicación: modelo para armar (1990); Comunicación y Misión; En el laberinto de la globalización (2002) y Emancipación de la Religión (2017)

SN 293/17

 

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