Salvador Allende 11 de septiembre de 1973

Allende

Por Anibal Sicardi

Bahía Blanca

“Retornarán los libros, las canciones/Que quemaron las manos asesinas Renacerá mi pueblo de su ruina/Y pagarán su culpa los traidores” por años fue cantado al recordar el golpe de estado de 1973 que destituyó al presidente Salvador Allende

Hoy, 11 de setiembre de 2017, no se encuentran notas escritas sobre ese hecho, tampoco en televisión o radio, y surgen el interrogante donde se cantan la mencionada estrofa que era el revivir la esperanza.

Los huracanes como el Irma azotan los medios, Argentina se encuentra con las consecuencias de la sofisticada dictadura del Pro, en Uruguay la interrogativa de la renuncia del vicepresidente Raúl Sendic, por allá Donald Trump y la fachada con Corea del Norte que le sirve para vender armas último modelo a Japón. Presunto presente que se usa para esconder el pasado.

De repente, en la esquina de la vida,  uno se encuentra con la cita del gran Gabriel García Márquez quien calificó de drama lo ocurrido en el país transandino y afirmaba que “ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo y que se quedó en nuestras vidas para siempre”.

Real. Quedó para siempre. El pasado existe. Está allí. Solo hace falta saber direccionar la vista. Guiar el órgano visual hacia el mítico personaje cuyo nombre fue Salvador y se apellidaba Allende.

Aquél que el 4 de septiembre de 1970 ganó las democráticas elecciones que lo posibilitó asumir la presidencia de Chile el 3 de noviembre y se hizo cargo de poner en práctica los lineamientos de la Unidad Popular, partido político al cual representaba.

No tenía mayoría en el Congreso. La Suprema Corte se oponía a sus propuestas reformadoras.  A pesar de ello nacionalizó los servicios públicos y los bancos, aplicó medidas a las compañías estadounidenses que manejaban el hierro, el carbón y el cobre. Levantó los salarios de los trabajadores. Descendió el desempleo a menos del 5 por ciento. Redistribuyó la tierra. Aumentó la producción de alimentos y el consumo. Mejoró los sistemas de seguridad social, educación y salud.

A poco andar comenzó la estrategia desestabilizadora. Decidida por el gobierno de EEUU. con el presidente, Richard Nixon y el jefe del Consejo Nacional de Seguridad, Henry Kissinger, la CIA se puso a la cabeza de su implementación.

Todo conectado con las empresas establecidas en Chile que tenían sus centrales en EE.UU. y los siempre dispuestos grupos locales chilenos.

En 1972, el periodista estadounidense Jack Andersen publicó información comprobada sobre los complots para derrocar a Allende. Anderson, premio Pulitzer en 1972, fue quien denunció el papel de la Administración del presidente Richard Nixon a favor de Pakistán en la guerra contra su vecina India en 1971 y otras participaciones similares como los sobornos de grandes empresas a partidos políticos, complots para asesinar a Fidel Castro y los acuerdos con la Mafia.

Dos aviones caza Hawker sobrevolaron la Casa de la Moneda y arrojaron sus bombas. Era el 11 de septiembre de 1973. Ante las exigencias de su renuncia, Allende dio una contundente respuesta “Estoy dispuesto a resistir por todos los medios, incluso al precio de mi propia vida…”

Honró su palabra. Resistió.  Murió peleando. Rondaba las dos de tarde. Unos cuarenta compañeros resistieron un tiempo más. A las cuatro de la tarde se extinguió la resistencia. Fueron siete horas fatídicas.

Treinta días después crecían los asesinatos del Estado. Se calcula en 30.000 personas asesinadas. Un millón de exilados de los cuales se certifican 300.000 por motivos políticos directos. Los torturados no fueron menos de 112.000. Tres millones de detenciones arbitrarias. Un millón doscientos mil allanamientos. La población sometida con pérdidas de los derechos adquiridos con el gobierno de Salvador Allende.

“Sólo acribillándome a balazos podrán impedir la voluntad que es hacer cumplir el programa del pueblo … Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente”

La figura del presidente chileno se amplifica. Sus palabras impulsan parafrasear otro chileno, Pablo Neruda. Poeta de poetas. La semilla germina. Se cortan las flores. La primavera vuelve. Latinoamérica la vivió. Hugo Chávez. Néstor Kirchner. Lula. Evo. También el Pepe Mujica. Detrás el Che. Fidel.

El destemplado neoliberalismo intenta convencer que mantendrá el invierno. Repite lo peor del pasado. Nunca echaron raíces. Son lo que crecen en el costado del camino de la vida. Producen mentiras. Colonizan. Destruyen. No hacen historia.

Los libros no se fueron. Están. Se editan. Se leen. Las canciones se reproducen. Se rescatan. Se crean nuevas versiones. Hay manos asesinas que se esposan porque sus poseedores son condenados. El pueblo renacerá. Los traidores no lo podrán detener. La semilla germina. Da frutos de a ciento, de a sesenta y treinta por uno. El que tiene vista que vea. + (PE)

SN 315/17

 

 

 

 

 

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