Se les fue de las manos

 

Cataluña IIPor Pep  Castelló

Barcelona

El pasado uno de octubre un numeroso contingente de Policía Nacional y Guardia Civil, treinta mil unidades, molió a palos a numerosos ciudadanos para impedirles depositar una papeleta de voto en una urna. Ochocientos noventa y tres heridos, cuatro de gravedad, necesitaron asistencia médica. Las imágenes de tal atrocidad han dado la vuelta al mundo.

El gobierno español se justifica diciendo que el referéndum era ilegal y que debía evitar a toda costa que se celebrase. Si era ilegal, si no tenía valor alguno, ¿para qué evitarlo? Bastaba con invalidar el resultado. Pero no. Prevalecieron las formas de la dictadura que padecimos durante cuatro décadas y que se ha perpetuado otras cuatro disfrazada de democracia. Una vez más crecen las razones para que el pueblo catalán no quiera ser español.

El proceso independentista catalán está en un callejón sin salida. El gobierno autonómico que lo lidera no tiene más fuerza que la del pueblo, en tanto que el gobierno español tiene toda la fuerza del Estado. La situación se asemeja a la vivida en abril de 1931 cuando Francesc Macià dijo que iba a proclamar la República Catalana porque tenía al pueblo de su parte, a lo que los representantes del gobierno español respondieron diciendo que ellos tenían el ejército.

En escritos anteriores hemos expuesto cómo el partido de derechas catalán Convergéncia i Unió (CiU) quiso valerse del espíritu independentista del pueblo catalán para afianzar su permanencia al frente del Govern de la Generalitat de Catalunya (Gobierno de la Generalitat de Catalunya, es decir, el gobierno autonómico catalán). Hoy añadimos que tanto impulso le dio al independentismo que este sobrepasó a sus promotores. Se les fue de las manos y ahora es el pueblo quien tira de ellos.

También hemos explicado que el afán de independencia del pueblo catalán no es un movimiento romántico, como en muchas ocasiones se ha querido presentar. Ni es tampoco la adhesión al ideario de ningún partido político. El afán de independencia del pueblo catalán es un sentimiento hondo, fraguado en la conciencia colectiva a lo largo del tiempo, en respuesta a las muchas vejaciones e injusticias recibidas por parte de los distintos gobiernos de España.

En el momento presente, el pueblo catalán está en franca rebeldía reclamando la declaración unilateral de independencia (DUI) que su gobierno le prometió si así lo decidía el pueblo en referéndum. Pese a que el gobierno español desplegó todo el poder del Estado para evitar que la consulta se llevase a cabo, esta se realizó. Ahora el gobierno catalán debe cumplir su promesa y declarar unilateralmente la independencia de Catalunya.

Sabemos que el gobierno español lo impedirá del modo que ya lo está haciendo, poniendo en juego las fuerzas del Estado que considere necesarias. Sabemos que, pese a todo lo que han estado difundiendo los medios controlados por el gobierno catalán, no hay ningún estamento internacional que dé soporte a nuestro alzamiento. Los primeros en saberlo fueron los miembros del equipo de Artur Mas, pero durante todo este tiempo de puesta en marcha del proceso independentista han hecho ver que creían lo contrario.

Ahora la verdad se muestra insoslayable. El gobierno español no atiende razones y exige la rendición incondicional del movimiento independentista catalán. El partido que para beneficio propio lo lanzó anda buscando a quienes con cierta autoridad moral aconsejen prudencia y convenzan al pueblo de que lo mejor es desistir, que ahora no es el momento, que ya vendrán tiempos mejores.

No va a ser tarea fácil. No es fácil controlar los sentimientos de un pueblo cuando se disparan. El pueblo catalán ha demostrado en muchos y muy diversos momentos de su historia su rebeldía y bravura. Siempre hizo falta mucha fuerza, mucha brutalidad represora para poder contenerlo. Una fuerza que siempre ha provenido de las máximas instancias de lo que hoy es el Estado español.

No sabemos cómo va a terminar esta revuelta social, pacífica pero firme. Quizá la detenga en los próximos días el gobierno español aplicando sus leyes sobre los gobernantes catalanes o incluso sobre la administración autonómica entera. O quizá sea la propia derecha catalana que lidera el proceso quien, apelando a la sensatez, se eche atrás en el momento de someter a votación la DUI en el parlamento catalán. Si así fuese, a las muchas vejaciones que el pueblo catalán ha sufrido en los últimos cuarenta años provenientes del estado español habría que añadir a partir de ahora la traición de sus gobernantes de derechas.

Pero sea como sea, en la mente de todo el pueblo catalán que rechaza la opresión del estado español, el 1 de octubre de 2017 será una nueva fecha que acompañará al mítico 11 de setiembre de 1714. En ella, los más elementales derechos de todo ser humano han sido pisoteados por un Estado que se considera a sí mismo democrático. Al igual que en los viejos tiempos de la dictadura, se ha ejercido violencia física contra gente esarmada, se ha negado el derecho a la libre expresión, se ha golpeado indiscriminadamente a personas de todas las edades.

Jornadas como la que nos ocupa acrecentarán las las ansias de libertad de este pueblo que tantas muestras da ya de tenerlas. + (PE)

SN 350/17

 

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