El hipócrita consenso del silencio

Cuestionar

Por Anibal Sicardi

Bahía Blanca

Entre las noticias de estos días resonó con fuerza la declaración del dirigente socialista Antonio Bonfatti,  ex gobernador de Sant Fe, quien afirmó que “De joven creía en ese concepto que dice que el pueblo nunca se equivoca. Pero se equivocó con Hitler y ahora se equivoca con Macri”

Pronunciada el martes 10 en una reunión en el Sindicato de Empleados de Comercio de la ciudad de Rosario dedicada a los derechos de los trabajadores, levantó la ira del gobierno nacional expresada inmediatamente por el jefe de Gabinete, Marcos Peña quien, vía Twitter, exigió la retractación pública de Bonfatti, las disculpas del gobernador santafesino, Miguel Lifschitz y del Frente Progresista de esa provincia.

Resultó acompañada por otros integrantes del gobierno PRO quienes, decían, sentirse ofendidos por la comparación de Hitler con el actual gobierno que sostienen como democrático.

La fanfarria de tales expresiones era esperable desde el PRO, Lo viene demostrando ante cualquier crítica dirigida al Presidente y que ya resultó en asuntos como achacar actos de violencia hacia su investidura en varias oportunidades al punto que un joven de 26 años fue acusado de amenaza telefónica, intervenida su línea telefónica y dio la oportunidad para  que la  ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, sostuviera que “no vamos a permitir que nadie genere miedo o incertidumbre, “Aquellos que cometan amenazas o intimidaciones no quedarán impunes: vamos a trabajar para que rindan cuentas ante la Justicia”.

La reacción del PRO era esperable como que también utilizara la circunstancia de la declaración de Bonfatti aprovechando la etapa de la promoción de las elecciones del domingo 22. Lo que resultó alarmante es que prontamente  Bonfatti expresara sus disculpas alegando que no quiso relacionar al Presidente con Hitler y que también salieran a limpiarse otros dirigentes.

Si la frase de Bofatti es textual como salió en los medios, y que no desmintió, aparece el fenómeno de la interpretación de la misma. Vista así, como se publicó, el punto en discusión no es la relación de Presidente-Hitler sino la opinión que tiene sobre la votación de la ciudadanía. Lo que pone en cuestión es si el pueblo se equivoca o no al votar.

Visto eso la reacción del PRO puede verse como si le tocase un punto nerval básico en su posición aun no expresada y que se diferencia de lo que supuestamente dijo Bonfatti. De allí es que el pide disculpa apareciendo  el inusitado asunto que el deber actual es no formular cítricas y aplicar el consenso del silencio  presionado por el mito de la gobernabilidad.

El  ”no se puede opinar” es un elemento que se va dando paso a paso y que entrampa q la población y la  dirigencia. Así es que se ningunea la comparación del gobierno actual con la dictadura del 76 y no se menciona la relación con lo acontecido en 1955 con la violenta persecución peronista y clasista de la llamada Revolución Libertadora y del actual régimen.

Llega desde el recuerdo de una nota del barcelonés Pep Castelló titulada “El sagrado orden” y escrito el 17 de mayo de 2008. Trae a colación la polémica frase de Salman Rushdie “Si no hay libertad para ofender, no hay libertad de expresión”. Castelló explica queParece exagerado y tal vez lo sea, porque en principio a nadie le parece bien la ofensa como norma relacional” y  agrega “Pero vayamos por pasos: «el respeto debido», «la obediencia debida», ¿qué son sino murallas para hacer intocables a quienes están arriba?”

El barcelonés toma posición “Desde una óptica conservadora, esta frase atribuida a Salman Rushdie es inaceptable” sin  embargo “desde ese punto de vista también lo es todo cuestionamiento del orden establecido. El ´orden´, tal como lo entienden las mentes conservadoras, es sagrado. Y a poco que se mire se verá que esa sacralización incluye los privilegios de quienes lo gozan y lo sostienen, que es tanto como decir sus logros a hierro y a fuego consolidados luego mediante leyes y costumbres”
Por lo tanto, continúa “Si no hay libertad para llamar a las cosas por su nombre, algo que para quienes están instalados en la mentira es siempre una ofensa, no hay libertad de expresión” por lo que “si no hay libertad de expresión no hay posibilidad alguna de cuestionar nada de cuanto quienes ostentan el poder consideran sagrado, y todo permanece inmóvil gracias a ese sacrosanto respeto que desde lo alto ha sido instaurado. Y no por ningún dios precisamente sino por la astucia y falta de escrúpulos de quienes tienen su trono posado sobre lomos ajenos”

Castelló aprecia correctamente que “El orden establecido se asienta sobre la programación de las mentes de todos y cada uno de los individuos de una sociedad” y que “En una sociedad gobierna y manda e impone su orden quien controla las mentes de los individuos”

Esta es la situación actual en Argentina y otros lares. Se presenta el orden establecido como sagrado, intocable, y esa concepción cala en los individuos, pero también en organizaciones como fracciones políticas, sindicales y eclesiásticas.  Eso lleva hacia el camino de la predica actual de aceptar que no debe admitirse la disidencia y que cuando ella se expresa se criminaliza sectores de la sociedad, como los mapuches que son llamados terroristas por el gobierno oficial.

Todo se va aceptando como en gotas, el gradualismo no solo se aplica en economía sino en la colocación de la cultura del silencio y de la sagracidad de sus dirigentes, como provenientes del Rey por lo que las encuestas señalan que la aceptación de los lidere, los CEOs, supera a la aceptación de sus políticas económicas.

En esta línea surge la decisión del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, Xenofobia y Racismo) quien decide actuar de “oficio” Entiende que las declaraciones de Bonfatti asocia al gobierno actual con Hitler declarando por lo que el INADI actúa  “en el marco de su principal objetivo que es luchar contra la discriminación, la xenofobia y el racismo, y promover el diálogo y la no violencia en la sociedad” y opina que  “las campañas electorales deben ser espacios para el debate de ideas en pos de la construcción de una sociedad cada vez más plural, diversa e igualitaria para toda la población”.

Puede tomarse esas afirmaciones del INADI como una plataforma valida pero entonces aparecen los interrogantes de que nada pasó con declaraciones del Presidente de la Nación al hablar de la dictadura militar del 76 como una “guerra sucia” que justificaba el terrorismo de Estado: que no sabía si eran  “9 mil o 30 mil los desaparecidos” O las declaraciones de Waldo Wolff, diputado de Cambiemos, que comparó el gobierno constitucional de Cristina Kirchner y el de Venezuela con Hitler, lo de  Esteban Bullrich sobre Ana Frank con su frase de  “sus sueños quedaron truncos por una dirigencia que no fue capaz de unir” También las declaraciones de funcionarios del gobierno sobre que  la población argentina no podía tener derecho de usar aire acondicionado, vacaciones, buen comer y para no abundar es clara la persecución ideológica a  funcionarios del gobierno anterior, a Milagros Sala, mapuches y no preguntar sobre Donde esta Santiago Maldonado.

El consenso del silencio es la guadaña de la libertad. La hipocresía es el sarcófago que esconde la cobardía. Cuestionar es el derecho a preguntar y el camino para vivir de pie. (PE)

SN 351/17

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