Quo vadis, Catalunya?

 

Cataluña IIPor Pep Castelló

Barcelona

El pueblo catalán lleva años defendiéndose de los abusos del Estado español. Esa defensa ha tenido momentos muy dolorosos. Los gobernantes españoles no han regateado crueldad en sus represiones. El pasado uno de octubre el mundo entero pudo percatarse de ello cuando vio cómo la policía española apaleaba a gente indefensa para impedir que depositasen un voto en una urna.

El combate de Cataluña contra España es un símil del bíblico David contra Goliat pero sin honda ni piedras. Catalunya está completamente desarmada frente a un Estado dispuesto a someterla y humillarla. No parece que nada ni nadie vaya a ayudar al aguerrido pueblo catalán. Y no obstante sus líderes siguen empecinados en su plan hacia la independencia. Nos asaltan dudas. ¿Cuáles son los objetivos y cuál es el fin de esta gran revolución de colores que desde hace cinco años está llevando a cabo el pueblo catalán?

No es fácil responder a la pregunta que acabamos de formular. Como suele ocurrir en el ámbito político, nadie dice la verdad y quien no miente oculta información. Las certezas de triunfo en la lucha por la independencia patria que el gobierno catalán estuvo pregonando a través de sus medios informativos suenan cada vez más a cantos de sirenas. Empieza a haber desconcierto entre la gente. ¿Cuál es la estrategia de los líderes independentistas, si es que tienen alguna?

El pueblo que reivindica la independencia patria se mantiene firme, pero ante las amenazas del gobierno español, que cada vez recuerdan más la época de la dictadura, mucha buena gente que hasta ahora admiraba y apoyaba a quienes se enfrentan a la brutalidad del gobierno estatal cambia de bando y acusa a los independentistas de poner en peligro la autonomía de Cataluña.

La “justicia” española ha empezado ya a actuar con mano dura. Ha encarcelado a los máximos responsables de Omnium Cultural (OC) y Assemblea Nacional Catalana (ANC), las dos organizaciones civiles promotoras de las grandes manifestaciones pacíficas que se han llevado a cabo desde 2012 acá. Ha encausado a diversos funcionarios y dirigentes catalanes y está activando la intervención del gobierno español en las instituciones catalanas. ¿Se estará abriendo la caja de Pandora para el pueblo catalán?

Para entender bien todo lo que está sucediendo hay que dejar de mirar la Luna y empezar a mirar el dedo que la señala. Según indica ese dedo, el fin de todo este movimiento es la independencia de Catalunya, algo que entusiasma a gran parte de la población catalana. Pero a la vista de los hechos, la pregunta que nos hacemos es: ¿qué dejamos de ver en nuestro entorno mientras miramos la lejana Luna?

El gobierno catalán que desde 2012 viene promoviendo el movimiento independentista es el mismo que restringió presupuestos a la sanidad pública catalana y privatizó parte de sus servicios. Y el partido político al cual pertenecía ese gobierno era el mismo que durante 23 años gobernó en Cataluña bajo la presidencia de Jordi Pujol, a quien se le descubrió un importante sistema de coimas. El actual presidente Puigdemont pertenece al mismo partido, al cual el ex presidente Artur Mas maquilló con un cambio de nombre.

Si bien se mira, los actuales dirigentes de Cataluña son neoliberales a ultranza. Las políticas que vienen aplicando desde que empezaron a gobernar en diciembre de 2010 han sido nefastas para el pueblo catalán. Diversas organizaciones civiles y profesionales se movilizaron en contra y obligaron a enmendar algunas decisiones gubernamentales. Siendo pues miembros de ese partido quienes animan al pueblo a pensar solo en la independencia, ¿no cabe sospechar que puedan tener algún interés en mantener fija la atención en ese lejano y difícil objetivo? ¿Y no cabe pensar que ese propósito coincide con el del gobierno del Estado por razones similares?

De la fidelidad del pueblo catalán a su ideario patriótico cada vez cabe menos duda. Pero sí que cabe tenerla de quienes lo gobiernan y dirigen. ¿Cuál es su verdadera intención? ¿Por qué afirmaron tener soportes internacionales que ahora se ve claramente que nunca existieron? ¿Por qué adoptan esa actitud arrogante frente al gobierno del Estado sabiendo que nos puede quitar de un momento a otro gran parte de lo que ahora gozamos como pueblo? ¿Por qué animan al pueblo catalán a poner el cuerpo para detener los embates de esa represión española que irracionalmente quiere aplastar a este pueblo que mantiene una ancestral lucha contra tiranos y opresores?

No se debe confundir nunca un pueblo con sus gobernantes. No siempre es cierto que cada pueblo tenga el gobierno que merece y mucho menos ahora que los medios de información están en manos de los poderosos y cuentan con grandes equipos de especialistas en desinformación. El pueblo catalán no es mejor ni peor que cualquier otro pueblo, razón por la cual es igualmente vulnerable. A su vez, la clase dirigente catalana es tan cuestionable como lo es la española. No hay razón, pues, para no sospechar que tras esta enconada guerra de banderas no se escondan espurios intereses por ambas partes. Démosle tiempo al tiempo.

Todas las revoluciones de colores que conocemos han terminado mal para los pueblos que las han llevado a cabo. ¿Será también la nuestra una de ellas? ¿Será el pueblo catalán víctima de la ambición de unos desalmados gobernantes? + (PE)

SN 366/17

 

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