Recordando a Aldo Etchegoyen

Aldo Etchegoyen

Por Julio Monsalvo

Formosa

En este 1ro. de noviembre comparto recuerdos personales.

Vivencias con el querido Aldo Etchegoyen, Obispo Emérito de la Iglesia Evangélica Metodista. Hace dos años culminaba su ciclo planetario, Re-Cordar es volver a pasar por el Corazón.

Aldo fue uno de esos seres de luz, comprometidos con las nobles y justas causas y que en todo momento transmiten calidez en el trato personal.

Conocí a Aldo a inicios de la década del 70, cuando era Superintendente de la Región Patagónica de su Iglesia. Al poco tiempo fue trasladado a la Región Metropolitana.

Fuimos compañeros trabajando juntos en la Junta General de la Iglesia de 1973 a 1977. Allí sé de su dedicación en apoyar a los refugiados que venían de Chile tras el cruento golpe militar contra Salvador Allende. También recuerdo de 1975, de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos. Aldo es uno de sus fundadores.

Siempre tengo presente su visita a la Misión Ecuménica en la cual yo trabajaba, en Juan José Castelli, al Oeste del Chaco, donde fui a buscar un “exilio interno”. En esa ocasión bautiza a mi hijo Marcos. En 1980 me hallo en la Ciudad de Buenos Aires, con parte de mi familia, realizando la Diplomatura en Salud Pública. Suena el teléfono. A mi “Hola…”, responde una jovial y amistosa voz; “Julio, aquí estamos….”

Era Aldo que enterado de mi “aventura académica” en la gran ciudad, me daba la bienvenida y nos invitaba a almorzar a su hogar. Nunca olvido el saludable impacto que su llamada produjo en mi persona. Lo vuelvo a ver en 1993, en La Habana, donde fui a participar del Seminario de Atención Primaria de Salud.

Enterado que en esos días sesionaba el Consejo de Iglesias Evangélicas Metodistas de América Latina, me acerco al lugar de la reunión. Al saber de mi presencia, Aldo inmediatamente sale a saludarme. Compartimos por varios minutos las circunstancias que se vivían en Cuba, en pleno Período Especial.

Luego, por años, continuamente recibo noticias de Aldo y de su incesante actividad defendiendo los Derechos Humanos. Me hace llegar varios escritos que divulgo en la página altaalegremia y que hoy releo conmovido por sus sentipensares que trascienden el tiempo.

Aldo viaja sin descanso. Siempre atento a la promoción de los Derechos Humanos. En uno de sus viajes a Formosa se hace tiempo para visitarme. Compartimos recuerdos. Conversamos de los Derechos Humanos. De su amistad con Bergoglio, que recién había sido designado Papa. Y una animadísima charla sobre los Derechos de la Madre Tierra y la Salud de los Ecosistemas.

Doy gracias a la Vida por la vida luminosa de Aldo.

¡Hasta la Victoria de la Vida Siempre! + (PE)

SN 382/17

 

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