Creciente Preocupación Por La Fiebre Amarilla En América Latina

Fiebre amarilla 2

Por Sergio Ferrari,

desde la ONU, Ginebra, Suiza

El aumento de los casos de fiebre amarilla causa alarma y preocupación en América Latina. Sin embargo, por el momento, no alcanza la dimensión de una epidemia. Según las autoridades de la Organización Panamericana de Salud (OPS) -de la Organización Mundial de la Salud-, la vacunación es la principal arma preventiva.

Según una actualización periódica informativa de la OPS/OMS, entre enero de 2016 y diciembre de 2017, siete países y territorios de la región de las Américas han notificado casos confirmados de fiebre amarilla: El Estado Plurinacional de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana Francesa, Perú y Surinam.

Durante este periodo, se notificó el mayor número de casos humanos y epizootias, es decir casos animales, registrados en ese continente durante décadas.

El incremento observado está relacionado tanto al ecosistema favorable que propició la diseminación del virus, así como a la existencia de población no inmunizada.

Brasil es uno de los epicentros de este nuevo brote de fiebre amarilla. La dimensión geográfica y la concentración poblacional de este país-continente, aumenta la preocupación por este nuevo brote.

Solo el Estado de San Pablo, concentra 45 millones de habitantes, apenas un poco menos que toda América Central junta. La superficie de dicho Estado es prácticamente la mitad de todo el continente centroamericano.

De manera preventiva, a fin de disminuir el impacto de la fiebre amarilla, el Ministerio de Salud brasilero anunció a inicios del mes de enero, el plan para llevar a cabo una campaña masiva de vacunación contra fiebre amarilla que incluirá tanto la dosis regular (0.5 ml) como la fraccionada (0.1 ml).

La campaña se lleva a cabo entre febrero y marzo en los Estados de São Paulo, Río de Janeiro y Bahía, y tiene como objetivo vacunar a 19,7 millones de personas (15 millones con la dosis fraccionada y 4,7 millones con la dosis regular) que viven en 76 municipios de estos tres Estados.

A pesar de este anuncio, la realidad cotidiana parece ser diferente en algunas regiones del país, como ciertos barrios populares de la ciudad de San Pablo, donde las cifras de muertos por fiebre amarilla se han disparado de 16 muertos en todo 2017 a 52 solo en enero de 2018.

Las dosis de vacunas distribuidas en los dispensarios públicos son racionadas y no alcanzan para dar respuesta a la demanda creciente de la población. La vacunación en las zonas de fuerte incidencia tiene por objetivo no solo proteger a la población local sino también evitar la propagación de la enfermedad hacia zonas de escasa o ninguna incidencia de la enfermedad. + (PE)

SN 051/18

 

 

 

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