Los dos Jesús distintos

 Jesus rostroPor Eduardo Rodríguez

Buenos Aires.

Dos dioses, dos Jesuses distintos, cara a cara.

Por ejemplo, para algunos, Jesús salva, sanando de enfermedades u opresiones que ahogan. Así, tenemos un Jesús que anda sanando individuos, personas sueltas. Personas, que casi sin excepciones, son mayorías para psicólogos, psiquiatras. Con muchas dificultades para convivir. En fin: enfermos psíquicos.

Y tenemos la gran mayoría de los hermanos evangélicos, junto con carismáticos, sanadores de nuestra iglesia que, a Jesús, lo ven así. Salvación es algo personal. Como cosa privada. Un dios privado, un dios “propiedad privada”. El famoso “Salva tu alma” de las misiones de muchos pueblos de hace bastantes años. Es salvación personal. De tu a tu. Individualismo puro. Es un Jesús que le viene al pelo al capitalismo, neoliberalismo. El mal no es el dinero y el poder. Es “un diablo, un demonio” que anda jodiendo a las personas.
Y hasta ahora, era “dogma de fe”, que primero hay que convertirse personalmente, a uno mismo, para poder contribuir a cambiar el mundo. Y ¿por qué va a ser así? Porque también podemos afirmar fuertemente que, buscando la conversión del mundo, saliendo con vecinos a parar los tarifazos o gatillos fáciles, en esa conversión social, se está realizando, al hacerlo, la conversión personal.

Un  brasilero, el gran don Helder Càmara, decía que la tarea pastoral era hacer que el pueblo sea pueblo. Y la salvación personal era cuando me convertía en un nosotros, un verdadero vecino. No buscar ¿quién soy yo? sino buscar como acomodo y hago vivir mi yo, como en un rompecabezas. Mi yo en el nosotros. Ser uno para todos. Y así todos serán para uno.

Y millones de brasileros pidiendo la libertad de Lula y queriendo que vuelva a ser presidente. Ahí están realizando su conversión popular, que los convierte personalmente. Y miles y miles de argentinos en plazas y lugares céntricos de muchos pueblos, reclamando por el crimen social de los tarifazos, están también realizando su conversión popular.

Aquellos, los otros, los de la conversión personal lo ven a Jesús en los templos, en sus casas, luchando en sus interiores psíquicos, conciencias. En un “tu a tu” enfermizo, enloquecedor, peligrosamente aislante de los demás. Tu a tu, que van a la nada. Y “pan con pan, comida ‘e tontos”

Los del Jesús, diremos “popular”, lo ven en las calles, en los reclamos. Siguiendo consignas de multitudes, de millones. Ahí se convierten, ahí lo encuentran. Siguiendo pancartas claritas del Jesús: “No se puede servir a Dios y al dinero”. Y Jesús no las copió de Fidel, ni de comunistas, ni de Perón, ni de Lula, o el Evo Morales. Fidel, Marx, Perón, Lula y el Evo, al luchar por hacer al pueblo, por terminar con pobrezas y miserias, están sirviendo al amor.

Al ir haciendo inclusiones, que entren todos a todo, están viviendo el mandamiento “de amar al otro como a uno mismo”. Como canta el Julián Zini: “qué lindo procurar para mi hermano, lo mismo que procuro yo alcanzar”. Eso es hacernos pueblo, convertirnos. Es la gran alegría que se persigue, se busca.

Y para completar los dos Jesuses, ¡cuántas veces hemos escuchado! el pasaje de la moneda. Moneda que tiene en una de sus caras “al César” (el “capo del imperio romano) (Lucas 20,26) y los enemigos de Jesús, ignorando o haciéndose los “ingenuos” le preguntan “¿si hay que pagar el impuesto al Imperio o no?.  En una situación de “poner palos en la rueda”, de preguntar para poder acusar; preguntar con “hijaputez”. Y un Jesús que no es “dolubo”, Y con una gran ironía, los dejó con la boca abierta y las “ganas de joder” adentro de ellos. “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Y aquí y así, nació una tradición en las iglesias, predicaciones, totalmente nefasta y mentirosa. Pone una divisoria total. Al César, al mundo, a los gobiernos, a los caminos o problemas sociales, económicos los vemos ir por un lado. Dinero, riqueza y poder no tienen nada que ver con Dios. Y a Dios los rezos, “el espíritu”.
Nosotros miramos para arriba. La nubes, Dios, ángeles y arcángeles. Ir a reclamar por Lula o contra los tarifazos, es “política”, “cosa fea”. No debemos meternos. Nosotros, rezos, rezos y mirar para el cielo. No bajar la vista para la casa, el barrio; ni preguntarse porque no hay trabajo, precios mortales los alimentos. Luz y garrafas inalcanzables. No. Nosotros Dios, Dios. Rezo, rezo, rezo. No nos metemos en política. Así estamos “adoctrinados” desde hace tiempo.

Y hoy, muchos de los que están cerca de las iglesias, van a los rezos, están en Cáritas, en el catecismo piensan así. No van a ir a marchar contra tarifazos. No descuidan a dios, metiéndose en esas cosas. Y así tenemos en nuestras iglesias muchos “castrados socialmente y políticamente” y creyendo que así, “cumplen con Dios”. ¡Cuánta deformación hemos sembrado! ¡Cuánta evangelización a pata pelada y Jesús auténtico nos hace falta! ¡Cuánto plumero desoxidante hace falta para reconocerlo a Jesús!

La interna de los creyentes en Jesús, está al rojo vivo. Un Jesús demasiado maquillado por un lado (imagen del Sagrado Corazón) y un Jesús adolescente de la mano de José, con un serrucho en la mano (imagen de una iglesia del Neuquén capital, Padre Gregui). Un Jesús edulcorado por un lado y un Jesús pueblo desde chico. + (PE)

Eduardo Rodríguez, de los Curas de Opción por los Pobres.

SN 123/18

 

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