Defendamos la democracia

Militar

Por Carlos Valle

Buenos Aires

Las decisiones que está tomando el gobierno abriendo el camino  para que el ejército ejerza una función que le niega la ley, es una demostración del abierto desprecio al derecho y a la vida comunitaria. Los crueles ejemplos recientes en México y Brasil muestran las señales de la deshumanización a la que se puede llegar cuando el fusil tiene la palabra y no el diálogo.

Después de los difíciles años de la dictadura, no nos han alcanzado más de cuarenta años para profundizar el dialogo, para conocernos cómo realmente somos, para tratar de entendernos e indagar el porqué de nuestros desencuentros. La arrogancia del triunfo o la amargura de la derrota pueden ser impedimentos que nublen nuestra comprensión de los caminos de reconciliación, porque cada uno intentará deshumanizar al otro. Porque no puede haber verdadera comunidad si no se derrumban las barreras que denigran la condición humana, que convierten a los seres humanos en cifras y estadísticas, donde, porque así lo reclama el mercado, se supedita el bienestar de todos a los beneficios de unos pocos. Los fundamentalismos sirvieron para censurar ideas, levantar hogueras, perseguir pueblos, dominar conciencias y erigir barreras de división entre los seres humanos. Para justificar sus acciones, generalmente, se amparan en los supuestos reclamos del dios mercado. Insisten en que hay que cuidarse de él, porque si se quiebra la relación, despertará su ira y será necesario ofrecerle sacrificios de expiación.

Ahora, los poderes de todos los tiempos, cuando sacralizan sus demandas, reclaman plena sumisión a sus deseos y órdenes. Por eso, cuando un sistema económico, un movimiento político, o un gobierno se considera a sí mismo como algo sagrado, se convierte en un dios. Al igual que los antiguos, cuando sus órdenes no se cumplen montan en cólera y reclaman sacrificios. Así, a la opresión y la subyugación de los más débiles, la consideran un debido castigo. Los dioses modernos, en nombre de la economía y la prosperidad, demandan devoción incondicional, de manera que todo lo que se les oponga se convierte en un enemigo al que hay que eliminar.

En esta situación, posiblemente hoy sean los movimientos femeninos los principales motores de la cruzada por la dignidad humana. No es de asombrarse que en varias partes, como hoy en nuestro país, son las mujeres quienes están en la vanguardia por la vida y la justicia. Aquí no se puede dejar de rendir un homenaje a las madres y abuelas de Plaza de Mayo. Ellas son quienes rompieron el silencio impuesto por los dictadores. Crearon un nuevo lenguaje con sus pañuelos blancos que dio voz a su denuncia y reclamo por la verdad. Aún hoy, ellas continúan siendo la conciencia y la memoria activa que reclama justicia y vida.

Esta creciente conciencia por los derechos humanos y la justicia, ha potenciado el nuevo papel protagónico que han ido asumiendo los movimientos sociales. Sabemos que su origen y orientación es muy variado. En América Latina provienen de grupos ecologistas, estudiantes, organizaciones de derechos humanos, obreros, feministas. Están los que trabajan por el movimiento Zapatista en México, se adhieren al movimiento de los Sin Tierra en Brasil, comparten las luchas de los trabajadores rurales en India.  Saben qué cosas no quieren y, posiblemente, les cuesta perfilar el mundo que desean. Descreen de este mundo de pensamiento único, y por eso están en contra de un capitalismo que se ha asumido como sinónimo de democracia. Desconfían de lo político porque se  sienten sin representación y sin participación. A veces sus reclamos se tornan desordenados e impertinentes, pero eso no hace su protesta ni su búsqueda menos válida. Porque experimentan la amenaza de un mundo manejado por corporaciones transnacionales, liberalizando progresivamente el comercio mundial para defender sus intereses y no los de la gente. Han protestado y siguen protestando contra el dios del mercado en toda oportunidad en que los grandes poderes se convocan, ya sea en Seattle, Washington, o Buenos Aires, a pesar de la represión y censura que deben enfrentar en cada ocasión. Lamentablemente los medios se concentran en los desmanes que algunos producen y no en las demandas que están en el corazón de las manifestaciones.

La presencia activa de estos variados y heterogéneos actores sociales se enfrenta con la creciente reacción de quienes no quieren los cambios y ven en estos movimientos una amenaza al status quo.  Como lo dijo alguna vez Vaclav Havel, presidente de la República Checa: “El ser humano es un ser social, anhela convivir y cooperar de diversos modos, influir en lo que sucede a su alrededor, ser apreciado por su contribución al entorno. La sociedad civil es una de las formas claves en que podemos ejercer en plenitud nuestra naturaleza humana. Sus enemigos lo saben y este conocimiento alienta su oposición.” Pero, es a partir de estos movimientos que se está creando una nueva conciencia para enfrentar los desafíos de este siglo 21. Susan George ha demostrado, por ejemplo, que en el caso de la deuda, la asumida con especuladores extranjeros y el FMI,  aún por razones egoístas, quienes se resisten a los cambios deberían estar alertas a lo que llamó “el bumerán de la deuda” Porque sus efectos están repercutiendo sobre todos. Por eso los conflictos y las guerras, siempre presentes y amenazadoras, son las constantes que acompañan al tema de la deuda y, sin duda, el factor que más contribuye a la inestabilidad mundial.

Frente a la amenaza a la comunidad toda, con este avasallamiento de los derechos democráticos,  no cabe más que el rechazo y la promoción de un cambio donde la vida de los seres humanos sea el eje a partir del cual se construya la comunidad. Como lo definió el sociólogo brasileño Emir Sader hay que estar en “oposición a la mercantilización del mundo. Porque el mundo no está en venta y lo esencial no tiene precio.”

Es la hora de que la democracia se ponga de pie. (PE/ALC)

Publicado en Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación (ALC)

 Imagen de Bernardino Avila en Página 12.

SN 252/18

 

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