Adios al poeta militante

Cassetta

Por Jorge Anibal Cela

Buenos Aires.

El último domingo de setiembre a la tardecita partió en su última gira Eugenio Rubén Darío Casetta ligero de equipaje al decir de Antonio Machado.

Había nacido en medio de la Década Infame en una casaquinta de Fisherton, el coqueto barrio de Rosario contiguo al aeropuerto, a donde su trabajo había llevado a al padre, un reputado chef de la época que por ese entonces estaba a cargo de la cocina del Jockey Club rosarino.

Ese oficio gitano paterno lo llevó luego a destinos como Jujuy, Mar del Plata o la Capital Federal, donde un 17 de octubre de 1945 vio pasar, embelesado, las masas exultantes camino de Plaza de Mayo y desde entonces el peronismo le llegó hasta la médula para no abandonarlo nunca más.

Su maltrecho corazón dijo basta. Había soportado en setiembre de 1976 el secuestro de su pareja, Blanca Cristina Buenaventura (Legajo CONADEP N° 700, Decl. 4984), del policlínico del sindicato de papeleros en la calle Osvaldo Cruz, en Barracas, donde trabajaba, y que continúa desaparecida hasta hoy, lo que afectó su ánimo a tal punto que no podía manejar la situación, a lo que se sumó el desarraigo de su hija Eugenia por desavenencias familiares.

Cuando trabajosamente había comenzado a remontar la cuesta, los saqueos de 1989 barrieron con la casa de comidas, rotisería y fiambrería que tenía en Termas de Río Hondo, de lo que no pudo recuperarse y entró en una cuesta abajo que frenó al ingresar al Hogar Pedro Andrés Benvenuto de Las Malvinas hace casi dos décadas atrás.

Seguía con el corazón maltrecho mientras la cabeza le daba vueltas. Por eso sufrió un infarto y al recuperarse su psiquiatra le sugirió dedicarse a alguna actividad que le mantuviera ocupada la mente. Ingresó al recién creado Taller literario “Elementales leches” que dirigía en el Museo Histórico Municipal el poeta y escritor Eduardo Espósito, punta de lanza de una recuperación física y mental que lo convirtió a él también en poeta y escritor, de prosa aguda y poesía crítica con la cual militó hasta su muerte y que le trajo honores y reconocimientos, muchos de los cuales lo acompañamos a recibir.

El Taller fue también el lugar del reencuentro con su hija Eugenia, que con la ayuda de Abuelas de Plaza de Mayo había emprendido su búsqueda y no cejó hasta encontrarlo una tarde de sol, lo que le permitió, en las postrimerías de su vida, disfrutar de sus nietas y volver a tener una familia.

En los últimos años, con el pretexto de llevarle los periódicos locales, lo visitaba todas las semanas. La conciencia crítica que le había aportado en la infancia su padre tano que vino a trabajar a la Argentina con su visión socialista real seguía intacta, por lo que el tema de conversación casi obligado era su visión del acontecer político, tanto local como nacional, algo que también ocurría cuando nos encontrábamos en las inmediaciones de la estación del ferrocarril.

Por eso lo afectó mucho la visita del presidente Mauricio Macri al Hogar el 30 de enero de 2016. Lo sentaron a la mesa con él y luego se difundió su foto en los medios (no hace mucho un portal de Internet ilustró una nota sobre los jubilados con la misma) como si fuera un momento cordial, siendo que él le había expresado la oposición a su gobierno. Durante los días subsiguientes debió ser medicado para poder dormir por el estado de nervios que tal situación le provocó.

El principio del fin fue su descompensación a principios de agosto de este año y su posterior internación. Luego de idas y vueltas le colocaron el mes pasado un marcapasos y cuando parecía que todo estaba bien, el miércoles 26 se volvió a descompensar, a la tarde iba para la radio y me avisaron. Al día siguiente cuando lo fui a ver estaba medicado y no me pude despedir como quería, porque tuve la sensación en ese momento que de no íbamos a volver a conversar como lo habíamos hecho durante su anterior internación.

Atrás quedaron su paso por la Feria del Libro de Buenos Aires, los viajes al ECUNHI, las charlas en el Museo. Ya no nos encontraremos en la estación cualquier tarde de estas.

Apurado, se fue de este mundo un día antes de su cumpleaños real N.º 82. Lo vamos a extrañar. + (PE)

SN 361/18

 

 

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