Por qué no establecimos una iglesia “menonita” en la Argentina  

Tobas

 Cómo Dios nos llevó a cambiar de parecer

Por Albert y Lois Buckwalter

Chaco

Al llegar en 1950 a la región del Chaco del norte argentino, jamás imaginamos el profundo cambio que se gestaría en nosotros durante el primer período de servicio (con los auspicios de la Junta Menonita de Misiones).

Seguimos debidamente los patrones tradicionales ya establecidos por la misión menonita, a fin de fundar una iglesia que fuese claramente reconocida como menonita, utilizando para ello el tradicional plantel de una misión. Este contaba con la capilla, la escuela, la clínica, la carpintería, el almacén, la granja y nuestras viviendas, instalaciones que ya existían nueve años antes de nuestra llegada.

A medida que convivíamos con los aborígenes seminómadas de la tribu toba (que subsistían de los productos no cultivados de su medio subtropical), advertíamos cada vez más que realmente no se daba entre los tobas y nosotros una comunicación franca y abierta. Nos preguntábamos si ello se debía sólo a la barrera que significaba la diferencia de idiomas, o algo más complejo.

Ante tan gran frustración, recurrimos a una pareja de antropólogos-lingüistas, a quienes solicitamos colaboración con el idioma toba, que hasta entonces no se hallaba en forma escrita. Nos introdujeron al análisis científico del lenguaje y, lo que es mucho más significativo, nos abrieron los ojos a lo que estaba sucediendo, una realidad que nosotros, de plano, habíamos rechazado.

Los tobas, por su cuenta, estaban elaborando una respuesta al evangelio cristiano culturalmente aceptable para ellos, hecho que mantenían en secreto para que no nos ofendiéramos y nos fuéramos (reacción demasiado típica del misionero). Ya sabían de rechazos. Recordamos cuán intimidados nos sentíamos al principio cuando alguien nos comentó que los tobas estaban congregando en una de las capillas “menonitas”, para realizar reuniones no autorizadas, y en su propio idioma.

Varias veces a la semana celebraban sus cultos según su estilo, que sus propios líderes dirigían. Cuando llegábamos los domingos, ellos se adaptaban al “estilo menonita” del culto en castellano. Fue trascendental el momento en que les comunicamos a los tobas que ya no seguiríamos estando a cargo de sus congregaciones. Al principio suponían que les habíamos abandonado. Les prometimos entonces que seguiríamos visitando las congregaciones, llevando la palabra de Dios -promesa que muy pronto comprendería también la traducción de la Biblia.

Es así como, a pesar de las duras críticas de los cristianos no-aborígenes, acompañamos a los tobas con nuestro apoyo solidario en respuesta a sus invitaciones. Confiando en que Dios levantaría una iglesia, observábamos cómo los tobas acudían a Jesucristo para que él les sanara de cuerpo y alma. Confiaban menos en los sanadores nativos, en las creencias ancestrales y en los espíritus que ellos creían que en el pasado les habían sanado.

Fundaron la Iglesia Evangélica Unida que se convierte en el principal factor integrador de los aborígenes de la región chaqueña. Eligen a su manera a sus líderes. Son profundamente evangelizadores. Su teología es auténticamente propia. Poseen la capacidad de enfrentar problemas que son muy difíciles de resolver y de abordarlos, a su vez, con la verdadera sabiduría de Dios.

Por ello, los creyentes tobas atraían a muchas personas a sus cultos fraternales, lugar en el que la Biblia cumplía un papel central, y podían escuchar y responder auténticamente a la voz de Dios. ¿Quién se atrevería a interferir y a despojar a un pueblo de los privilegios y responsabilidades que Dios le había concedido?

A lo largo de nuestro peregrinaje de más de cuarenta años junto a ellos, quedó grabada en lo más íntimo de nuestro ser la realidad de un Dios cuyo amor y poder son mucho más grandes de lo que jamás habríamos podido conocer si no hubiese sido por las vivencias que compartimos con los creyentes aborígenes del Chaco argentino.

Llegamos a comprender que cada pueblo tiene su propia historia, su manera de encarar la realidad, y que cualquier concepto nuevo debe ser recibido y reinterpretado a la luz de la propia experiencia. Es imposible que un pueblo responda auténticamente a Dios de ninguna otra manera que no sea la propia.

Cuando nos sentimos tan seguros de que nuestro conocimiento superior nos revela cómo debe expresarse la fe cristiana, nos privamos – atención, a nosotros mismos – de ver la grandeza de Dios en toda su plenitud. + PE)

+ Albert y Lois Buckwalter Durante cuarenta y tres años Alberto Buckwalter y Lois Litwiller realizaron una pastoral entre los grupos aborígenes del norte argentino vinculados a la Iglesia Evangélica Unida, como también la traducción del Nuevo Testamento a los idiomas toba, mocoví y pilagá, y Selecciones del Antiguo Testamento al toba y mocoví

 Nota. El articulo precedente fue enviado por el pastor Jorge E Collet quien nos dice que “Comparto con Uds porque es digno de conocer estas historias con las cuales nos relacionamos todos los días”

SN 362/18

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