Tenga piedad señor Presidente

La Piedad

Por  Miguel Núñez Cortés

Buenos Aires

Me adelanto a decir que no se trata aquí de la escultura “Piedad” del escultor Miguel Ángel Buonarroti, que se encuentra en Roma, Italia. Representativa del Renacimiento italiano muestra la imagen de María con su Hijo muertoen sus brazos.

Pero a través de este artículo me permito pedirle su atención sobre otra “piedad” (del latín pietas, -atis.). Para ponerlo en autos, cito algunas definiciones incorporadas a la cultura universal:

Piedad, como amor y respeto, consagrados a nuestros padres y abuelos y a todas aquellascosas veneradas por el    género humano.

Piedad, como sentimiento de pena, por los que sufren, que impulsa a ayudarles.

Piedad, como virtud, que invita al ser humano a inclinarse hacia actos de compasión y amor al prójimo.

Piedad, como conmiseración, misericordia y lástima.

El grande de Miguel Ángel Buonarroti, quiso que todo aquél que se detuviera ante su “Piedad”, pudiera entrever en ese rostro atormentado de Madre, el dolor por la Pasión y Muerte de su amado Hijo.

Porque la “piedad”, señor Presidente, es algo más que un sustantivo femenino.

Le corresponde a la máxima autoridad de la Nación, libremente elegida, implementar acciones de piedad para todos los que sufren desde el momento en que, precisamente, llegara usted a la Casa Rosada en diciembre de 2015.

Parece un contrasentido ¡pedirle que usted se remede a sí mismo!   Imposible, FMI mediante.

Los conductores de la década ganada, supieron que la “piedad” es algo más que una admirada talla de mármol existente en Roma.  Movidos por un profundo sentimiento de amor se inclinaron ante los más pobres y necesitados, cubriéndolos con una poderosa red de respeto y valorización de la persona humana, aunque le suene esto algo tautológico.

Usted, señor Presidente, al igual que las antiguas “Damas de Beneficencia”, entiende a la piedad como un acto de conmiseración hacia sus hermanos que sufren en el mismo suelo patrio.

Esto me lleva a pensar que la situación es muy grave.  Está en sus convicciones más profundas el desechar a los viejos, a los pobres, a los discapacitados y a los necesitados. Me lleva esto a recordar crueles episodios sucedidos en el siglo pasado.

Es muy bueno releer la Constitución Nacional, ese contrato que sus ancestros, refiriéndome a los de la parte aristocrática y campera, le impusieran a esta sociedad y que fueron consolidando a través de un sistema educativo, hoy vigente, modelador de conciencias cívicas que respondieran al pensamiento fundante de la línea Mayo-Caseros.

No le pido que con “el mejor equipo de los últimos cincuenta años elabore un Plan Quinquenal”. No. Solo le ruego piedad como sinónimo de amor y respeto, especialmente para nuestros padres y abuelos y por todas aquellas cosas veneradas por el género humano, aquí y en cualquier lugar de la Tierra..
¿está en usted poder hacerlo? + (PE/La Barraca)

SN 418/18

 

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