El Evangelio, ¿una oferta irresponsable? |

 Por Ignacio Simal

España

Bien sabemos que calificar a alguien de “populista” noes ni un piropo, ni una loa, sino todo lo contrario. Hace un momento leía unartículo en BBC[1] sobreel tan manido “populismo”. En él se decía, siguiendo la opinión de losexpertos, que el calificativo  ”describea los políticos que prometen demasiado”, que hacen “ofertas irresponsables”, pues “a menudo prometen cosas que pueden no ser factibles”.

Pues bien, su lectura me hizo pensar en el Evangelio,en lo que se expresa constantemente en los textos fundantes (las Escrituras) de nuestra fe. Y me preguntaba si la oferta que hace el Evangelio, del que nosotros somos proclamadores, no será acaso un “oferta irresponsable”, ya que viendo la situación de los millones que se confiesan cristianos en nuestra aldea global, observo que la situación en la que viven es “mundo”, sobre ellos-y ellas- se cierne dramáticamente la sombra del “Imperio”. ¿Qué novedad palpable encarnan? He ahí la cuestión que debemos resolver de una forma honesta, si queremos ser serios.

Desgraciadamente tengo la impresión de que somosciegos a nuestra propia realidad. Leo las palabras de María, madre de Jesús, en el “Magnificat” (Lc. 1:46-55), esas que dicen de la acción de Dios quitando de sus tronos a los poderosos, y exaltando a los humildes; saciando a los hambrientos, y enviando vacíos a los que lo tienen todo, y quedó cabizbajo y pensativo. ¿Dónde, en qué lugar acontece el reino de la igualdad y la equidad? Ahí se encuentra el meollo de la cuestión. Pero claro, hemos expulsado laacción liberadora de Dios fuera de la historia, y ello abre una herida sangrante en el alma de los que esperan, a la manera del viejo Simeón, la consolación del pueblo de Dios (Lc. 2:25).

Ofrecer cosas que solo serán factibles más allá de la muerte, es hacer ofertas radicalmente irresponsables, porque lo que estamos diciendo es que el Evangelio no es factible aquí y ahora. A los hechos quevivimos me remito. Y ahí entonamos la canción que dice, “mirad bien si hay un dolor como el dolor que me aflige” (Lm. 1:12). ¿Dónde la fe que aún siendo pequeña es capaz de mover montañas? ¿Dónde la fe capaz de transformar la realidad que nos envuelve? ¿Dónde..?

¿Seré un ingenuo pensando que es posible la transformación de la cotidianidad del pueblo de Dios? Pues bien, seguiré siendoun ingenuo hasta la hora de atravesar ese umbral que todos, un día u otro, atravesaremos. Cómo me gustaría que la parca no llamara a mi puerta antes deque mis ojos pudieran ver el mundo nuevo de Dios hecho carne en su pueblo dentro de la historia. Ello sería un anuncio-promesa de la renovación-conversión detodo el orbe en el reino universal de Dios, en la venida de Jesús.

Mientras eso no ocurre, seguiré esperando, y pidiendoconstantemente a Dios que aumente mi fe, que aumente nuestra fe, para ver ypalpar aquí y ahora que para el Dios que confesamos no hay nada imposible.Porque -permitidme que lo diga-  si lo imposible no es factible, entonces “comamosy bebamos que mañana moriremos”. En mi corazón anida la certeza de que laoferta que hace Dios en el Evangelio no es irresponsable, ¡los irresponsablessomos nosotros!  Ahora bien, concluyo diciendo que, en la gracia de Dios y  en el poder del Espíritu eterno, espero de todos nosotros cosas mejores. +(PE)

+ Ignacio Simal es pastor de la Església Evangèlica de Catalunya

SN 463/18

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