Breve apunte sobre “el hombre mediocre”

Archivo/Redacción/gracus babeuff

El hombre mediocre es un ser sin personalidad que se deja amoldar o domesticar por el medio social en el que vive.

Según el escritor francés Gustav Flaubert (1885-1880), es el “hombre que piensa bajamente”. Por su parte, el médico y sociólogo argentino José Ingenieros (1877-1925) lo ubica “entre el genio y el imbécil. Y lo más curioso de todo: que ni el mismo se da cuenta que lo es.

El hombre mediocre no tiene ideas propias, sino que piensa y dice lo que otros dicen. Aunque puede tener “talento” o “buenas cualidades”, sean estas intelectuales o artísticas, ellas no le garantizan su autonomía y creatividad.

El hombre mediocre puede poseer “talentos”, pero esto no quiere decir que los desarrolle y que los llegue a perfeccionar. “Cada individuo- dice José Ingenieros- es el producto de dos factores: la herencia y la educación”. La herencia se refiere al factor genético, la educación a todo lo que este recibe desde la cuna a la sepultura.

La “imitación” desempeña un papel decisivo para el desarrollo de la personalidad social. Pero ella sola no basta, se necesita de la “invención” para producir variaciones en los individuos.

La imitación es de índole conservadora y actúa creando hábitos sociales, mientras que la “invención” es evolutiva y se desarrolla mediante la imaginación.

Nuestro hombre mediocre considerado “normal” en nuestras sociedades, tiene las características de la “paciencia imitativa”; en cambio, el hombre superior, la de la “imaginación creadora”.

Y es que el hombre mediocre es el “hombre masa, el ser que se pierde en la multitud y que no se atreve a ser diferente”. Por algo el moralista Séneca (65 dNE) afirmó “cuando estuve entre los hombres, me volví menos hombre”.

Finalmente, Wikipedia resume: “”El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde.” + (PE/Gracus)

SN 161/19

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