Nutrir el corazón para fraguar la lucha

Por Pep Castello

Barcelona

Según nos recuerdan los enlaces de pie de página, el pasado día 5 de febrero se cumplieron 100 años de la Huelga de La Canadiense, uno de los mayores triunfos de la clase obrera en Cataluña y en España, ya que con ella se logró por primera vez en Europa la implantación de la jornada laboral de 8 horas.

La Canadiense era el nombre que se daba popularmente a la empresa Riegos y Fuerzas del Ebro, principal productora y distribuidora de electricidad en Cataluña, la séptima en el ranquin mundial. De ella dependían la mayor parte de las fábricas y talleres, puesto que ya la electricidad había substituido al vapor como fuerza motriz industrial.

El conflicto dio comienzo cuando el 2 de febrero de 1919 fueron despedidos ocho empleados en contrato temporal de la sección de facturación porque se negaron a aceptar una rebaja de sueldo a cambio de incluirlos en la plantilla. Conscientes de que la empresa estaba maniobrando para ir reduciéndoles el sueldo de forma sistemática, los 140 trabajadores de aquella sección se pusieron de parte de los ocho represaliados y fueron también despedidos.

La indignación cundió y la mayor parte de los trabajadores de la empresa se declararon en huelga, exigiendo la readmisión de los despedidos, aumento salarial, despido de los esquiroles y que no hubiese represalias.

La falta de suministro de electricidad paralizó más del 70% de las fábricas y talleres de toda Cataluña. La organización sindical CNT hizo que se extendiese la huelga. Intervino el ejército. Más de 3.000 obreros fueron detenidos y encarcelados. La patronal contrató pistoleros que asesinaron a varios líderes sindicales. Pero ante el temor de que la UGT se sumase a la huelga y esta se extendiese a otras regiones, el gobierno del estado aceptó negociar.

Finalmente, ante el esfuerzo y arrojo del pueblo en lucha, el gobierno cedió. Accedió a todas las exigencias obreras y decretó la jornada de 8 horas, la primera que hubo en Europa.

El éxito de aquella huelga demostró la necesidad de la unión obrera ante los abusos de la patronal. Sin una organización sindical coordinando las acciones reivindicativas no hubiese sido posible esa victoria. Pero sin una conciencia de clase firme nunca hubiese sido posible esa necesaria unión sindical.

Han pasado cien años desde aquella gran victoria obrera. De entonces acá los opresores de la humanidad han aprendido más que los oprimidos. Vieron que tenían que colonizar el pensamiento de las gentes, ganarles el corazón, deslumbrarles con el glamour de las clases pudientes. Hacerles aborrecer a los más pobres mediante una necia adhesión a la meritocracia, a una ciega competencia que lanza a todos contra todos. Saben todo eso y se han aplicado sin pausa y sin tregua a inocular todo ese veneno en el seno de la sociedad.

Al triunfo de la tóxica ideología capitalista que hoy nos llena el corazón y el pensamiento contribuyó el materialismo proclamado por la mayor parte de la izquierda. Cuando el ser humano centra todas sus aspiraciones en lo material acaba entregando su libertad a cambio de baratijas similares, aunque menores, a las que gozan las clases privilegiadas.

Ya es hora, pues, de apelar a las razones del corazón, esas que nos hacen preferir morir de pie a vivir de rodillas.

No es que lo material no cuente en la vida de los seres humanos, pues somos cuerpos vivientes necesitados de recursos materiales para vivir. Pero en la medida que nos confundimos y tomamos por necesario lo superfluo, renunciando a ejercer el control de los recursos necesarios, nos ponemos en manos de quienes los controlan.

Las clases pudientes controlan la totalidad de la superficie del planeta Tierra.

Controlan la mayor parte de la producción de los alimentos que consumimos. Controlan la educación que recibimos desde el jardín de infancia a la universidad.

Controlan la evolución del sentido común mediante los medios informativos, la publicidad y la desinformación. Controlan los medios de producción. Controlan el comercio.

Controlan el dinero con el cual adquirimos lo que nos es necesario y a cambio del cual entregamos la mayor parte de nuestro tiempo y nuestra vida.

Lo controlan todo y no nos rebelamos. ¿Qué clase de animales domésticos somos?

Hay que empezar cuanto antes a hablarle de la dignidad humana a esta sociedad consumista, a esa juventud mercenaria del capitalismo.

Hay que decirles que no es digno aceptar la esclavitud a cambio de un buen sueldo.

Que la dignidad es el mayor tesoro que tenemos los seres humanos. Y que esa dignidad exige luchar contra quienes quieren arrebatárnosla, como lucharon hace un siglo aquellos obreros de La Canadiense.

Hay mil frentes abiertos en esa lucha por la dignidad. Es urgente que cada cual se aliste al que mejor le cuadre, pero que nadie deje de luchar, porque quien lucha puede perder, pero quien no lucha perdió ya. + (PE)

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s