ZAPATISMO, REBELDÍAS Y AUTONOMÍAS

“No necesitamos permiso para ser libres”

 Por Martin Pelegrín y Vanesa Fernández

Wichi-El Pintado, Chaco, Argentina

En Septiembre del 2018 tuvimos la oportunidad de compartir una breve convivencia con una comunidad zapatista en Chiapas.                

Hasta entonces la autogestión parecía solo una utopía, un concepto teórico asociado a la verdadera participación. A veces es necesario vivenciarlo, escucharlo de los propios seres participes para concebir que ese otro mundo es posible y está siendo posible en tantos territorios.       

En este caso, desde el levantamiento zapatista en el 1 de enero de 1994, gestado muchos años antes, con las premisas fundamentales de DEMOCRACIA, LIBERTAD, IGUALDAD, JUSTICIA, EDUCACION, SALUD, TECHO y TRABAJO, se organizaron comunidades fundamentalmente en la Selva Lacandona.

Todas ellas son autónomas del llamado “el mal gobierno” porque como dicen en sus discursos y expresan en sus prácticas: “Aquí el pueblo manda y el gobierno obedece”.           

Con ese letrero delante nos adentramos a la convivencia comunitaria.  Allí se encontraban familias zapatistas y partidistas (llamados a los que fueron “comprados” por el mal gobierno). Es un lugar distante de la ciudad, donde a la noche podía disfrutarse de un cielo muy estrellado con grandes luciérnagas brillando.

A los y las zapatistas se les veía desde temprano movilizarse con sus bolsas y machetes hacia la milpa y los cafetales o lavando ropa en el arroyo cercano. Mujeres, hombres, adolescentes iban en conjunto. Los más pequeños llegaban a la escuela frente al arroyo, diversos maestros jóvenes los acompañaban. 

En general, todas y todos trabajaban por la mañana, por las tardes disfrutaban de un baño en el arroyo y en las noches algunos hacían música y otros se juntaban a conversar.

El “conejo”, camión que se usó en el levantamiento zapatista, que permanecía estacionado en el acceso principal, era el punto de encuentro de profundas conversas.       

¿Se pueden generar otras formas más solidarias y justas de convivencia, de nuestro ser y estar en el mundo a pesar de todas las adversidades que se encuentran en la sociedad y con todos estos “mal gobiernos” que tengamos? 

La participación comunitaria y la organización colectiva con una perspectiva clara y coherente de justicia social y equidad, es aquí la respuesta de que es posible.  Todo lo producido en la milpa, los cafetales, las huertas comunitarias, son colectivos. Lo colectivo se expresa en todas partes.

Aquellos que participan transitoriamente en aspectos de gestión y organización comunitaria, nunca abandonan el trabajo comunitario, eso les permite no enceguecerse y no perder el contacto con sus pares. El ideal, dicen y manifiestan, es que quienes están a cargo manden obedeciendo al pueblo y quienes no lo cumplan, no forman parte del zapatismo.

Las decisiones se toman por mecanismos asamblearios.  El trabajo comunitario en la milpa también lo utiliza para la venta y así tienen los ingresos necesarios para todo el pueblo, también están los cafetales comunitarios y después cada familia tiene café, milpa, y/o ganado para uso personal o para vender.

Los promotores de salud y los maestros ejercen su rol en principio por deseo de hacer este trabajo comunitario y por elección en asamblea. Se capacitan a través de otras personas y los días que se desempeñan en este rol reciben parte del trabajo comunitario en forma de pago. El resto de los días que no se desempeñan en este rol van a la milpa.    

Tan esencial a la vida es la equidad que se expresa, que en una de las conversaciones con un adolecente en la comunidad, este nos expresó muy sorprendido: “¿en la ciudad hay muchas personas que tienen que comprar para comer no?”  Y se asombra al escuchar que hay personas que no tienen donde vivir.

Se percibe el contacto con la tierra como conexión con el todo, como unidad. Se percibe un mundo en el que caben muchos mundos, en los que no se pierde la singularidad de cada uno sino que como embate ante la lucha anticapitalista se abole el individualismo. + (PE)

SN 187/19

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