Hambre y desocupación son tácticas, la estrategia es someternos

Por Antonio Miguel Yapur*

Santa Fe

Producir cantidades inmensas de ciudadanos desocupados que mendiguen por su subsistencia, naturalizar el hambre de familias argentinas y de miles de niños que en sus primeros cinco años de vida serán mal y escasamente alimentados, es parte del proyecto que se está ejecutando.

“Porque el pobre no será olvidado para siempre 
ni se malogra eternamente la esperanza del humilde.” 
Libro de los Salmos 9:19

Me hice esta pregunta con esta introspección previa. Si tenemos un gobierno neoliberal que en tres años ha reducido el poder adquisitivo del pueblo, ha producido una masa inmensa de despidos y desocupados, ha aumentado el costo de la vida a cifras tales que hay familias que ya no comen todos los días y muchas otras comen solo una vez:

¿Cómo a ése gobierno no le llegan las inversiones de capitales productivos que tanto proclaman como camino al paraíso?

El intento de respuesta fue más o menos así; al capitalismo neoliberal solo le interesa producir bienes materiales o de consumo en países donde el pueblo sometido de esa manera, haga que el humano explotado no esté dispuesto a defender ninguno de sus derechos y que a su vez permanezca deprimido y resignado.

Entonces ahí encontré parte de la respuesta que además realimentó mi esperanza: aún en mi país no todo el pueblo está deprimido ni resignado, hay una franja importante que luchamos y resistimos.

No obstante es ineludible reconocer que un sector de la población explotada se considera empresaria con todas las implicancias que ello significa. Al decir de Byun-Chul Han, filósofo coreano “una porción de la sociedad trabajadora se explota a si misma en su propia empresa”.

Una de las causas es que el capitalismo tiene la capacidad de reconstruirse de sus crisis y de proyectarse a futuros cada vez más selectos. En la actualidad mutó del capitalismo industrial al capitalismo financiero o sencillamente neoliberalismo y ello hace que entre otros aspectos modifique sus relaciones de producción, por ejemplo dándole predominancia a la elaboración de bienes inmateriales.

Se forman empresas multinacionales que se apropian de ganancias sin que figuren trabajadores que se las produzcan. Una muestra es la empresa de taxis que no posee ningún taxi o las empresas de mandados en bicicleta que no tienen ningún trabajador en relación de dependencia, las relaciones son solo con aplicaciones de Internet.

Dan y quitan trabajo por medio de las aplicaciones multimediales, te activan o dan de baja arbitrariamente a través de ellas. No indemnizan pues no tienen contratos de trabajo, no aportan a jubilaciones y saltean la protección social.

Sólo emplean oprimidos silenciosos, aceptadores y agradecidos de sus condiciones. Quienes trabajan para ellos se deben considerar empresarios, es decir trabajadores autoexplotados.

Este statu quo lo inauguró en Argentina una famosa cadena norteamericana de hipermercados que adoctrinaban a sus futuros empleados como asociados y no como trabajadores en relación de dependencia. Aún hoy ese lavado cerebral lo oímos cada vez que ingresamos a un local de esa cadena al invocar por los altavoces a un trabajador como “el asociado fulano de tal”.

Los “asociados” están advertidos que tienen que “cuidar” el puesto pues saben que si no acatan existe un ejército de desocupados que están al acecho y dispuestos a ser un “asociado“ de esa cadena.

Por otra parte están los “inversionistas” que son aficionados a países donde el salario no sea un costo más de sus productos. Un botón sirve para muestra, en algunos países asiáticos, las empresas de zapatillas deportivas más famosas fabrican sus modelos a un costo promedio de 8,50 dólares el par y lo venden a un precio promedio medio de 143 dólares. Ésta es la explicación pragmática de lo que significa para los capitales productivos “que el salario no tenga incidencia en los costos”.

Pero además compelen para que esos trabajadores estén al pie del “cañón productivo” entre 12 y 14 horas diarias, no tengan días de descanso y muchos de ellos hasta duermen a la vera de sus máquinas, es decir, van desde la máquina a la manta y viceversa para que nadie “usurpe” su puesto laboral.

Estas políticas son inducidas y aplicadas por otro tipo de empresarios que no son justamente los que describí al inicio. Son los que provocan las crisis en una determinada región del mundo o en un país. Son dueños de empresas cada vez más concentradas y son capaces de hacer exterminios ecológicos y humanos donde ellos decidan que es necesario para sus negocios. Así lo hacen en Medio Oriente, en África y ahora en AméricaLatina.

Para ellos los gobiernos juegan un rol subalterno en esos países, son pantallas “democráticas” que ejecutan sus planes. Un gobierno no complaciente es derrocado y si es necesario se bombardea al país.

Estas empresas cuando manifiestan que están en crisis, están diciendo que: te despedimos para que te disciplines a nuestros designios. No están en crisis, atacan al trabajador para destruirlo física, psíquica, individual y colectivamente, los necesitan derrotados, desesperanzados y sin alegrías.

(El asombro, la alegría, la esperanza son emociones que el neoliberalismo las quiere apagar, controlar o dosificar, pues esas llamas son peligrosas para la acumulación de sus riquezas.)

En eso están los gobiernos neo-liberales como en nuestro país y esto que relato puede llegar a asombrarte como lector, no estaría previsto que sea así, pues deberías sentirlo como “normal”, pero si aún te asombra, lo celebro, no lograron bloquear tu capacidad de reflexión y de pensamiento.

Porque además necesitan que vos creas que todo esto que te cuento no lo comprendas como parte de la realidad que estás viviendo. Sí, en cambio les sirve que creas profundamente en que soy un mesiánico fundamentalista agorero de catástrofes inexistentes. Es ése el humano que el neoliberalismo necesita construir.

Y no tiene apuro, proyecta su y tu futuro con 30 o 40 años de anticipación, es decir que en la actualidad es necesario que creas que a vos no te va a tocar. Pues sus proyectos son para tus hijos y tus nietos. Total, para esa época quizás vos estés muerto o seas un desecho para el sistema, pero mientras tanto hoy cumplís sufriendo sus promesas de ingreso al paraíso.

No en vano la actual alianza gobernante de Argentina dice que vienen a “terminar con 70 años de engaño populista”. Te lo traduzco: vienen a liquidar todas tus conquistas, sociales, culturales, políticas y económicas logradas desde el gobierno iniciado en 1945 por Juan Domingo Perón hasta la actualidad y que fueron consecuencia de luchas populares desde fines del siglo XIX y principios del XX.

¿Por qué quieren liquidar las conquistas y los derechos populares?

Entre otros motivos, simplemente porque desean volver al ideario conservador de la generación del ’80 (1880), cuando en nuestro país los sectores que conformaron la oligarquía nativa proyectaron una nación como propiedad privada sólo para ellos. Ahí quieren volver y por eso los gobiernos populares son, fueron y serán un tapón a sus proyectos.

Volver ahí encarna justamente lo que el gobierno actual está ejecutando; producir cantidades inmensas de ciudadanos desocupados que mendiguen por su subsistencia, naturalizar el hambre de familias argentinas y de miles de niños que en sus primeros cinco años de vida serán mal y escasamente alimentados.

Es parte del proyecto neoliberal lograr masas de argentinos sometidos. Familias y niños con hambre son condición necesaria para ir preparando a la futura reserva de desocupados que el neoliberalismo necesitará.

Ése es el proyecto que también y a la par aportan algunos sectores de la oposición política que por priorizar la “estabilidad democrática” aprueban leyes o dan quorum amparándose con el pretexto de que las “instituciones de la democracia” deben preservarse.

Eso de mínima es una ingenuidad, no existe democracia en medio de un gobierno (por más electo que sea) cuando desocupa, hambrea, margina y engaña a un pueblo. Es mentira, eso no es democracia, es autoritarismo.

Creer en la democracia como bien absoluto y sacramentado, es una falsedad digna de los que creían en que la Inquisición fue la forma de impedir que los herejes proclamen al demonio.

El neoliberalismo crea la marginación para luego asesinarla. Al neoliberalismo la democracia no le interesa. El neoliberalismo acciona para que vos no puedas construir junto a muchos un real camino democrático.

Y es ahí donde cada uno de nosotros tiene responsabilidad sobre lo que nos sucede. Protestar no es suficiente. Es necesario además que soñemos en qué país queremos vivir y criar a nuestros hijos y nietos. Es necesario que construyamos ese sueño nosotros y cada día.

Es imprescindible que no dejemos el pasado, el presente y el futuro en manos los aniquiladores. + (PE/Hora Cero)

* Ingeniero – Ex Docente Universitario – Escritor

 Artìculo publicado en Hora Cero editada en Santa Fe horacerosantafe@gmail.com

SN 192/19

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