Payasos en el poder: por qué los votantes eligen a comediantes

Por David Armas Paz.

Analista internacional (SPUTNIK / Moscú)

En su filme ‘Ensayo de orquesta’, el ilustre director y guionista italiano Federico Fellini muestra cómo, al perder el respeto hacia sus líderes, la sociedad (en este caso, un grupo de artistas) cae en una anarquía total lo que al final le abre paso a una dictadura. Cómo es que surge y se desarrolla este fenómeno nos lo muestra la actualidad.

El caso más emblemático es Ucrania y su campaña presidencial: 39 candidatos, todos contra todos, un comediante como favorito, una desconfianza total hacia el proceso electoral entre la población, casi 10 millones de personas privados de su derecho al voto y los llamados de los nacionalistas de deshacerse del actual presidente Poroshenko, a quien ellos mismos pusieron al mando en 2014.

“¿Quiénes somos para ellos [para la élite política]? ¡Correcto! Payasos. Yo soy un payaso, usted es un payaso, 40 millones de payasos”, así lo dicen en uno de sus vídeos de promoción del comediante Volodímir Zelenski.

Un comediante sin ningún pasado político, sin un equipo, que nunca trabajó para el Gobierno y cuyo único mérito en la vida ha sido hacer reír a sus compatriotas, burlándose a diestra y siniestra de las élites que por años se pelean por el poder

Ahora, él mismo pretende gobernar el país. Lo que comenzó como una broma para los políticos ucranianos dejó de hacer gracia cuando las encuestas pusieron a Zelenski como favorito de la carrera, por encima de los políticos ‘profesionales’.

Después del ‘La revolución de la dignidad’ de febrero del 2014, el país, entonces entusiasmado ante la ilusión de una nueva era de prosperidad, no ha hecho más que caer en todos los aspectos, hasta convertirse en un país en ruinas: el salario promedio más bajo de Europa; una epidemia tras otra, de enfermedades que ya habían sido erradicadas y regresaron ante la escasez de vacunas; unos niveles de violencia nacionalista, de emigración, de contrabando y de corrupción sin precedentes.

Todo eso sesgó la fiabilidad de la población en sus políticos y su capacidad de llevarlos a un futuro mejor. Puede que Zelenski no sea un político en todo el sentido de la palabra, pero al menos sabe hace reír.

El comediante ucraniano, Volodímir Zelenski, celebra su victoria en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, superando al presidente Petró Poroshenko

Este fenómeno, por supuesto, es mucho más amplio y no se limita solo a Ucrania. En Latinoamérica, esa tendencia la encarna el comediante y actual presidente de Guatemala, Jimmy Morales, quien obtuvo una aplastante victoria en las elecciones del 2015. El lema de su campaña, “Ni corrupto, ni ladrón”, lo diferenciaba de toda la cúpula política del país, lo que le hizo obtener el 67% de los votos. El chiste se acabó en el 2017, cuando su hijo y hermano fueron arrestados por… corrupción y blanqueo de capitales.

Si hay algo por lo que Morales quedará en la historia, es por seguir fielmente los pasos de la Casa Blanca y ser el segundo presidente, después de Trump, en anunciar el traslado de su Embajada a Jerusalén. De cerca le sigue Armenia. Después del cambio de poder que tuvo lugar en mayo del 2018, en el que las viejas élites se vieron obligadas a apartarse, el comediante Hayk Marutián se hizo alcalde de la capital, Ereván, con cero experiencia en la política y gestión de ciudades.

Años antes, su colega islandés Jon Gnarr ya había tomado el mismo camino, haciéndose jefe de la ciudad de Reikiavik. La crisis financiera del 2008 colapsó el sistema bancario de Islandia de tal manera, que altos funcionarios fueron a la cárcel y la falta de credibilidad en el sistema político le abrió paso al poder.  El mismo Gnarr así lo explica:

“Entonces hubo mucha confusión, miedo, desesperación, ira. Mucha gente perdió sus casas, autos, empleos. Nos dijeron que comenzamos a implementar el programa del Fondo Monetario Internacional (FMI) y cuando pregunté qué cosa era el FMI, me dijeron que antes que nada ellos dejaban de financiar a los artistas. Entonces pensé que era hora de hacerme político”.

Otro comediante en el poder, el exsenador estadounidense por el estado de Minnesota Alan Franken, llegó más lejos en sus confesiones. Al ser preguntado sobre las habilidades que aprendió siendo político, Franken respondió que “la capacidad de evitar responder a las preguntas que le plantean”. “Por ejemplo, te preguntan que por qué tu popularidad cayó un 10%, entonces tú respondes: ‘Sabe, cuando viajo por Minnesota, a las personas le importa poco los rating, a ellos les preocupa el sistema de salud y la educación’”.

El comediante que en su tiempo puso a todo el ‘establishment’ europeo con los pelos de punta fue el italiano Giuseppe Grillo, uno de los líderes del movimiento 5 Estrellas. Este movimiento incluso se autodefine como una “libre asociación de ciudadanos” y no como un partido político porque está en contra del sistema político tradicional.

En las elecciones generales del 2013, la fuerza encabezada por Grillo resultó ser la más votada, por encima de los tradicionales Partido Demócrata y El Pueblo de la Libertad. La tristemente célebre cadena CNN llegó incluso a llamar a Giuseppe Grillo “el príncipe-payaso de la política italiana”. El país se encontraba entonces al borde del impago, la recesión no tocaba fondo y muchos vieron en las 5 Estrellas si no la salvación, al menos una alternativa.

“Ya no entendemos cuál es la verdad y cuál es la mentira. No entendemos si la medicina nos hace bien, o si podemos confiar en las noticias. Ya no diferenciamos el débito del crédito. Nos dicen que tenemos una enorme deuda, pero si hay deuda, debe haber un acreditador. ¿Quién diablos es nuestro acreditador?”, le preguntaba Grillo a su público antes de pasar a la política.

El comediante y fundador del Movimiento 5 Estrellas, Giuseppe Grillo, celebra la victoria de su partido

Pero el ejemplo más claro de cómo la decepción y la desesperación de los electores convierten algo bastante cómico en una realidad latente es el propio Donald Trump. Si bien no se trata de un comediante en pleno sentido, sí fue un candidato que logró acaparar los votos de protesta, basándose en mucho en su imagen excéntrica y troleando a lo que él mismo llama ‘el pantano de Washington’.

Y ahí es donde está el verdadero problema: si los políticos ‘serios’ no pueden resolver tus problemas y, al contrario, solo los agravan, ¿por qué no intentar darle poder a los ‘cómicos’? Muchos ven esta tendencia como una prueba de que el sistema democrático funciona y le abre el camino a todos por igual. Otros, lo ven como una consecuencia de la falta de profesionalismo y rigor de las élites políticas.

Sea como sea, la política y la gestión de países no es nada gracioso y requiere de un alto grado de responsabilidad. Después de todo, incluso la compañía de circo más divertida, para ser exitosa requiere de una adecuada gestión, una buena política económica, un equipo de profesionales que encaje, un techo sin goteras y un público que confíe en que después del espectáculo su vida será un poco mejor que antes. + (PE/Gracus)

Foto Una vorágine de desorden y anarquía estallan en esta orquesta sin dirección. La imagen pertenece al historico film “Ensayo de orquesta” de Federico Fellini (1978)

Publicado en Gracias/Babeuf, editada por  Norberto Andrés Vilar..

SN 219/19

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