El culto de los gitanos

Por Elena De Sus.

Madrid

Un grupo de gitanillas bailan música flamenca durante un oficio religioso en el templo evangelico de La Corrala, en Madrid.

La Iglesia Evangélica de Filadelfia  –fundada por un grupo de gitanos españoles en 1967–, es una institución pentecostal que hoy aumenta su influencia entre los romaníes españoles y en otros lugares de Europa. Los partidos políticos buscan sus simpatías y algunos de sus miembros tienen conexiones con Israel. En esta nota el interesante ejemplo de La Corrala, en Madrid.

Las puertas de la iglesia, ubicada en un bajo de una calle de casas pequeñas, se abren en torno a las ocho de la tarde. Llegan grupos de hombres y mujeres gitanos de todas las edades, hasta que el local se llena. El culto empieza más o menos a las ocho y media. Los niños corren y juegan y hay una pequeña habitación con una cafetera, botellines de agua y chuches. Todos se conocen y el ambiente es acogedor.

La ceremonia arranca con alabanzas a Dios a ritmo de rumba, a cargo de un grupo musical con guitarra, batería y teclados. A continuación, las luces se apagan despacio y quedan unos minutos para la oración. Estamos en la iglesia evangélica “La Corrala”, cerca de la glorieta de Embajadores, en el sur de Madrid. Toda la ceremonia se retransmite en directo a través de Facebook.

La decoración es escueta. Hay una frase clavada en la pared, justo detrás del atril: “Ven, Cristo te ama”. A lo largo del culto, que dura casi hora y media, varios hombres toman la palabra. Uno de ellos es candidato a pastor.

Toñi, asistente a la ceremonia, explica que los futuros pastores deben pasar por una formación de siete años, ya que “es una gran responsabilidad”. Durante el sermón, muy enérgico, hay quien aplaude o lanza gritos espontáneos (“¡Verdad!”, “¡Amén!”) cuando están de acuerdo con lo que se dice. Se habla de “no amar las cosas que nos hacen daño”.

Al final, el pastor, que ha ejercido como maestro de ceremonias, repasa lo dicho, lanza una pequeña reprimenda respecto a la limpieza del local (el otro día se quejó una trabajadora) y pide dinero para apoyar a una familia que lleva varios días en el hospital acompañando a un hijo enfermo.

La Iglesia Evangélica de Filadelfia fue fundada por un grupo de gitanos españoles en 1967, tras haber entrado en contacto con las ideas del pastor pentecostal Clement Le Cossec mientras trabajaban en la vendimia en Francia.

Su nombre tiene que ver con el significado bíblico del término Filadelfia: “Amor fraterno”. En tanto que pentecostales, sus seguidores creen en los dones divinos, en la capacidad del Espíritu Santo para obrar milagros en las personas, tales como las visiones del futuro, y en el dominio de lenguas desconocidas.

Tras dejar claro que en la comunidad son bienvenidas personas de toda condición y origen social, Carlos, formador de ministerios, explica que, cuando alguien se convierte, suele difundir su fe en el seno de su familia, de ahí el crecimiento tan rápido de esta corriente en la comunidad gitana. “Si nos enteramos de que se va a hacer una promoción de vivienda social en alguna zona, y de que va a haber gitanos, miramos para poner una iglesia ahí”, añade.

Muchos de sus seguidores fueron antes católicos. “Todos estamos bautizados” dice Toñi, quien explica que una de las principales diferencias es que los evangélicos no creen en la Virgen, sino solamente en Dios. “Para los gitanos esta iglesia es desde hace mucho tiempo la única” me contó Cristóbal, un joven gitano ateo: “Cuando se empieza a ir, la mentalidad cambia y toda gira alrededor de la iglesia”.

El culto se celebra cinco o seis días a la semana y Carlos asegura que la iglesia realiza acciones sociales “prácticamente a diario”. “Ayudamos a personas que tengan problemas con las drogas o el alcohol, tratamos de aconsejar y de tener un poco de control, porque esto lleva a otro tipo de vicios y problemas en sus economías y en sus casas.

Que a una persona le des un consejo y la mandes a su casa no sirve de mucho, así que nosotros intentamos pasar un rato con ellos todos los días, llamarles por teléfono, animarlos a que vengan a la iglesia y estar pendientes”, explica. “No es para tirar cohetes, pero siempre hemos visto resultados. Hemos ayudado a personas a salir de la ludopatía, que es un vicio como las drogas. También organizamos bolsas de comida para familias necesitadas, visitamos a los enfermos y tratamos de aconsejar a los matrimonios jóvenes para que se respeten, para que se lleven bien”.

Aunque no existen cifras oficiales de la población gitana en España, las distintas estimaciones la sitúan entre unas 700 mil personas y un millón. Ante la pregunta de si algún partido político ha querido acercarse a ellos, Carlos no duda un segundo: “Todos”.

Explica que la iglesia no se posiciona en el debate político, más allá de las buenas relaciones que puedan tener comunidades concretas con sus ayuntamientos u otras instituciones. Asegura que entre los hermanos hay opiniones diversas, que votarán a distintos partidos y que en el templo solamente se habla del Evangelio.

Varias veces al año, grupos de seguidores de la Iglesia Evangélica de Filadelfia realizan viajes a Israel. “A una persona cristiana le ilusiona ver los lugares que pisó Jesús”, comenta Carlos. El organizador de estos viajes es el pastor Miguel Palacios, gitano del Rastro, profesor especializado en las raíces hebreas de la fe cristiana, que ha estudiado con judíos tanto en Madrid como en Jerusalén y ha recibido diversas becas de instituciones vinculadas a la memoria del Holocausto.

Según Carlos, organiza los viajes con la ayuda de un empresario judío del sector, que simpatiza con ellos y les hace llegar ofertas y promociones. Palacios es el primer gitano en formar parte del Consejo Evangélico de Madrid y el presidente de la Asociación para la Memoria del Genocidio Gitano, que promueve el recuerdo del Porrajmos a manos de los nazis.

Toñi cuenta que la primera iglesia de Madrid se estableció en Caño Roto, un “poblado dirigido” de vivienda social en el barrio de Carabanchel. Actualmente, hay más de mil templos en España, 167 de ellos en la zona que incluye Madrid, el norte de la provincia de Toledo y el sur de Guadalajara.

Están creciendo rápido. “En esta zona solo había 100 en el año 2000” explica Carlos, quien señala que su iglesia ya traspasa fronteras. Han llegado a Rumanía, Francia y algunos países de América. “Ahora somos nosotros, los gitanos, los que estamos evangelizando, tanto a gitanos como a no gitanos” + (PE/Gracus)

SN 271/19

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