La religión se hunde en Estados Unidos

El porcentaje de adultos que pertenecen a una iglesia, sinagoga o mezquita se ha desplomado veinte puntos en las dos últimas décadas, hasta tocar un mínimo histórico del 50% de la población el año pasado.

No hay ninguna religión que se salve del declive reflejado en las estadísticas publicadas por el sondeo de opinión Gallup.

Hace veinte años, el 76% de los católicos estadounidenses pertenecían a una parroquia; ahora, en medio de la crisis de abusos sexuales, solo lo hacen el 63%. Durante el mismo período, el porcentaje de protestantes que pertenecen a una iglesia ha caído del 73% al 67%. Caídas ambas que han contribuido a que Gallup haya registrado su nivel más bajo de afiliación cristiana desde 1937, el año en el que comenzó a realizar sus encuestas.

¿Cuáles son los factores que han llevado a que cada vez menos cristianos, católicos o protestantes, pertenezcan a una iglesia?

Más allá del crecimiento del porcentaje de los norteamericanos que no se identifican con ninguna religión -en el año 2018, el 18% de la población- la explicación está en dos cifras especialmente llamativas.

Una, que desde 2000 la afiliación cristiana entre las personas que se identifican como demócratas ha caído del 71% al 48%, comparado con la disminución más modesta entre los republicanos del 77% al 69%.

Otra que en las dos últimas décadas, el número de hispanos que están afiliados con una parroquia ha disminuido del 68% al 45%, mucho más que entre los blancos no hispanos y los afroamericanos.

Estos factores que llevan a los expertos a achacar la caída en general a una creciente politización de la religión.

Alergia a la religión de los republicanos

El hundimiento de la afiliación cristiana en EEUU es una señal de “la reacción alérgica que tienen muchos norteamericanos a la mezcla de la religión y la política conservadora”, dijo a la AP el profesor de ciencia política en la Universidad de Notre Dame, David Campbell. “Cada vez más, los norteamericanos asocian a la religión con el partido republicano – y si no son republicanos, dan la espalda a la religión“.

Un diagnóstico que comparte el profesor de sociología, religión y teología en la Universidad Duke, Mark Chaves, quien recordó que tan recientemente como los años 70 no se podía predecir el partido al que cada uno pertenecía por la frecuencia con la que asistía a oficios religiosos. “Ahora es uno de los mejores indicadores”, afirmó Chaves, añadiendo que “la correlación entre la religiosidad y el ser republicano ha crecido a lo largo de los años”.

Para la profesora de la sociología de la religión en la Universidad de Boston, Nancy Ammerman, la politización de la fe no es el único factor que explica la caída estrepitosa de la afiliación religiosa.

También hay factores culturales y generacionales. “Culturalmente, estamos viendo una erosión significativa en la confianza que tiene la gente en instituciones en general y iglesias en particular”, comentó Ammerman, añadiendo que un “relevo generacional” explica las estadísticas que apuntan a que mientras el 64% de los estadounidenses mayores de 65 años pertenecen actualmente a una iglesia, solo lo hacen el 41% de los con edades comprendidas entre los 18 y los 29 años. + (PE)

SN 267/19

2 comentarios sobre “La religión se hunde en Estados Unidos

  1. En nuestro Mundo, hay muchos hombres triunfadores; personas a quienes las masas muestran una veneración, y una adulación, que debería estar reservada solamente para los dioses. Esto se debe a que, tales personas, poseen una fuerza, una salud, una belleza, un carisma, una sagacidad, y una inteligencia que les garantizan el triunfo. Pero, si no son discretos y prudentes, la exagerada sumisión y adulación que a menudo reciben de las masas, podría inflar desmedidamente el ego de estos individuos, llevándoles a creer que son auto suficientes; y que por tanto no tienen necesidad alguna de Dios, pues tienen absoluto control y dominio de sus vidas.
    En lo secreto de sus corazones, estos hombres son seducidos a decirse a si mismos: “Hasta el día de hoy, no he necesitado dios alguno [fuera de mi mismo], a fin de lograr lo que he deseado; fama, dinero, sexo, poder… ¡todo lo he alcanzado por mi mismo, y sin necesidad de nadie! ¿Que necesidad tengo ahora de creer en un dios fuera de mi mismo, o de reconocer que exista algo [o alguien] con derecho a dictarme la forma en que debo vivir? ¡Sobre mi cabeza, solamente el sombrero! Yo no necesito creer en la existencia de Dios; ¡eso no es para mi, sino para los inútiles, los fracasados, los débiles, y los ignorantes!”. Desafortunadamente, cuando el hombre llega a este grado de extravío, creyendo ser lo suficientemente grande, sabio, y poderoso como para constituirse en su propio dios, se enajena de su humanidad, envía al exilio su conciencia, y comienza a revelar lo moralmente desnudo que se encuentra. Y esto explica el que, los lideres de los gobiernos ateos [China, las Unión Soviética, Cambodia, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, etc], a menudo exterminen a sus propios ciudadanos, exilien a sus disidentes, o promuevan la abierta inmoralidad, así como el relativismo moral.
    De nuevo, cuando el hombre se hace lo suficientemente vano y orgulloso como para hacerse el único y exclusivo dios de su vida, ninguna prueba [por objetiva que sea] logrará convencerle de lo contrario; es decir, convencerle de que existe algún otro dios; un Dios mas noble, mas justo, mas sabio, y mas poderoso que él; un Dios al cual debe sujeción. ¿Y porque no puede admitir la existencia de tal Dios? Pues porque su ego encuentra humillante el admitirlo, ya que implica reconocer su equivocación, su insuficiencia, y su inferioridad. Y su ego es demasiado grande como para permitir tal humillación. La realidad es que, la Escritura Hebrea, confirma todo esto por medio de la historia del Éxodo. Allí se intima que, el rey Faraón, no solamente era un hombre muy rico y sagaz, sino extremadamente poderoso. De hecho Faraón era tan poderoso, que los egipcios le veneraban como a una deidad. Un día, Moisés vino ante Faraón, para hablarle acerca de de un poder mayor que el mismo Faraón. Este poder, era el Dios de aquellos pobres, débiles, y destituidos esclavos Hebreos.
    Moisés sugirió a Faraón que renunciara a su papel de hombre-dios, para someterse en cambio a la autoridad del Dios de los Hebreos. ¿Como? Pues dejando libres a los oprimidos Israelitas. Pero Faraón encontró esta sugerencia insultante, pues jamás había necesitado de algún dios [fuera de sí mismo] para obtener todo el poder que ostentaba. Faraón se decía a si mismo: “Si el Dios de los Hebreos era tan poderoso, ¿por que entonces era Faraón [y no Dios], quien gobernaba sobre los Hebreos? ¿Por que no eran los Israelitas esclavos de Dios, sino de Faraón? ¿Por que era Faraón [y no Dios] quien decidía cual Israelita habría de continuar con vida, y cual habría de ser ejecutado?”.
    Así, Faraón concluyó que era lo suficientemente sabio y poderoso, como para continuar siendo su propio dios; y, como único e indisputable dios de los egipcios, no habría en su reino lugar para otro dios, como podría serlo el Dios de los Hebreos.
    Y esto explica el hecho de que, a pesar de haber visto tantas señales y maravillas [la vara convertida en serpiente, el río convertido en sangre, las ranas, las úlceras, las langostas, el granizo mezclado con fuego, la muerte de los primogénitos, etc], Faraón rehusó reconocer la realidad y el Señorío del Dios de los hebreos. De Hecho, aún cuando presenció el increíble milagro que fue la apertura del mar Rubio, Faraón persistió en su rebeldía, persiguiendo hasta la muerte a aquellos a quienes Dios le había ordenaba liberar.
    En conclusión, cuando el hombre se cree lo suficientemente sabio y poderoso como para constituirse en su propio dios, ninguna cantidad de pruebas podrán convencerle de su error; ni de la existencia del poder Supremo que es el Dios de los Hebreos; un Dios que demanda que el Hombre sea humilde, y que cumpla Su voluntad; que no es otro sino que trate a su prójimo con justicia, y con misericordia.

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