El Fundamentalismo anda por ahí

Por Carlos A. Valle

Buenos Aires

El fundamentalismo está presente en muchas religiones y hasta en grupos seculares. Se basa en la convicción de que hay afirmaciones dogmáticas indiscutibles, que deben ser aceptadas como verdades eternas inconmovibles.

Históricamente el fundamentalismo se inicia a comienzos del 1900 en los EEUU como una reacción a lo que entendían que la sociedad se estaba guiando por leyes que no emanaban de lo que entendían eran los postulados religiosos. Se oponían a las ideas progresistas, fruto del desarrollo del pensamiento que cuestionaba, desde el punto de vista científico, muchas de las afirmaciones dogmáticas que se ofrecían como la palabra divina.

Una de las críticas se había generado por el cuestionamiento que algunos religiosos habían manifestado sobre si fue cierto el nacimiento de Jesús de una virgen. El pensamiento que se impuso radicaba centralmente en la creencia de la iluminación del Espíritu Santo y la infalibilidad de toda la Escritura como un resultado directo de su inspiración. Sobre esta base se cuestionaba cualquier decisión social que no concordara con esta posición dogmática.

Cuando los predicadores vienen marchando

A partir de la década del 1970, y con fuerte acento en la década del 1980, varias regiones del Tercer Mundo presenciaron la invasión de equipos que, apoyados fuertemente por recursos proveniente, en buena parte, de campañas contra el pretendido comunismo, se establecieron en esos países.

Su arma principal fue la televisión y la radio. La proliferación de los medios masivos, especialmente la vertiginosa penetración de la televisión, permitió una presencia muy grande de estos grupos “evangelísiticos”. Se recordará que la presencia de nombres tales como Rex Humbard, Jimmy Swaggart, el Club 70 y otros se hicieron familiares en algunos de nuestros países. Los recursos económicos con que ingresaban abría la puerta a los medios comerciales, aun cuando éstos se habían manifestado contrarios a cualquier tipo de programa religioso.

Esta presencia toma por sorpresa a las iglesias. Empieza a merodear el peligro de las “sectas” y, en algunos círculos, se aviva el calificativo de extranjeros y herejes. Pero, una mirada más reposada prefirió hablar de “movimientos religiosos contemporáneos”, aceptando un panorama religioso más amplio desde una perspectiva contextual y de carácter plural. No puede obviarse hacer referencia a la introducción del cristianismo en la región con muchos momentos de avasallamiento de las creencias ancestrales y la imposición de modos y tradiciones ajenas.

En su momento la presencia de iglesias protestantes fue entendida como “religión importada”. La larga presencia de varias de ellas y la presencia de nuevas generaciones fue delineando otra imagen.

La presencia de los “televangelistas” ha continuado actualmente movilizado por la presencia de grupos provenientes del Brasil. Ya hace un tiempo esta marea fundamentalista ha hecho pie en varias denominaciones. En algunos casos han provocado divisiones. Tema que merece aparte otra consideración.

Los temas dominantes

Peter Horsfield ha identificado seis temas recurrentes que emanan de sus mensajes. Primero, hay un mensaje autoritario que se expresa en claras instrucciones morales, dando solución inequívoca a los problemas religiosos- Segundo, el acento está puesto en el individuo. Esperan transformaciones en el individuo a fin de que llegue a ser “una nueva criatura”. El resultado esperado es que, angustiado por los problemas de la sociedad, hallará allí una salida.

Tercero. se afirman “los valores sociales que sostienen en general los norteamericanos: reconocimiento del esfuerzo. Iguales posibilidades de éxito para todos, el valor inherente (y la ratificación divina) de la libre empresa”. Cuarto, los mensajes están reforzados por el respaldo que le dan conocidas y aceptadas figuras. Las creencias se refuerzan cuando gente de prestigio las sostiene.

Quinto, hay una concepción maniquea de la historia. Estamos en medio de la lucha entre Dios y el demonio. Hay que decidirse por uno o por otro. Ambos compiten por los seres humanos; hay que saber de qué lado estar. Sexto, hay una “escatología concreta”. Aquellos que no ven una salida para este mundo la encuentran atrayente dado que, desde el punto de vista humano no avisaran esperanza, y se les anuncia un fin inminente del mundo.

Dos realidades a tener en cuenta

En este contexto será importante, por un lado, manifestar un marcado respeto por la religiosidad popular muchas veces ataca y no siempre comprendida. Es cierto que este tipo de creencia religiosa apela a las necesidades básicas no apreciadas por mucha actitud religiosa, y es más fácil criticar a este tipo de mensaje autoritario dejando de lado la opinión y la situación de muchos que se sienten apelados y atraídos por un mensaje que tiene todos los visos de seguridad.

Por otro lado, será valioso analizar en el cristianismo mismo, los elementos de sustentación que se concentran en “Las Sagradas Escrituras”. No obstante los cuestionamientos que se le han hecho, hay iglesias que consideran que el Espíritu Santo garantiza, como lo expresa en su introducción una edición católica de la Biblia en italiano, que: “los resultados de una verdadera inerrancia, que no se sostienen tanto en la materialidad de los hechos, como en el mensaje espiritual que tales hechos poseen” ( La Bibbia de Gerusaleme).

Es con esa argumentación que buena parte del cristianismo tiende a concentrarse en el texto escrito para identificarlo directamente con Dios. Los que sostienen esta interpretación y aquellos que la aceptan hacen que la relación con Dios se entienda como un producto que no da lugar a una posterior discusión.

Es llamativo, como lo analiza Bruno Ballardini, en su libro Jesús lava más blanco, que, aunque hay iglesias que rechazan la interpretación literal de las Escrituras “han logrado instalar definitivamente en el público una modalidad de lectura textual del mundo. El problema es que esa modalidad se extendió a todo nuestro modo de vivir.” De manera que, otorgándoles el sello de lo divino, certificado por la continua aceptación a lo largo de la historia, los textos se convierten en verdaderos y exentos de toda discusión.

Un marcado trazo de la presencia de cierto fundamentalismo puede detectarse en varias iglesias. Porque, como concluye Ballardini: ”Hemos aprendido a percibir la realidad a través de la escritura, y a creer que por medio de ésta podíamos modificar aquélla. De tal manera, nunca hemos entrado en relación con la realidad, sino con la escritura. La realidad está, y sigue estando, en otra parte.” + (PE)

Este artículo fue publicado en “Cuestiòn de fe” de la Iglesia Valdense de Colonia que dirige Oscar Geymonat, en su edición de julio de 2019

SN 353/19

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