“Oíd, corruptos, el grito ansiado, Afanad, afanad, afanad” Andrew Graham Yooll

Por Miguel Núñez Cortés

Buenos Aires

Desde La Barraca

Hubo unos ingleses en Buenos Aires que hicieron los que nadie hizo en los medios de comunicación de la Argentina.

La muerte reciente del argentino Andrew Graham Yooll, que fuera director del Buenos Aires Herald, el que en 1976 tuvo que exiliarse, trajo a mi memoria lo que hizo ese periódico en defensa de los que habían quedado desamparados y a expensas del arbitrio asesino del proceso militar del 24 de marzo de 1976.

 El Buenos Aires Herald fue fundado en esta ciudad en 1876. Fue el primero de los periódicos editado en idioma inglés que se publicó en los países de habla hispana. Mantuvo una línea plural y un decidido compromiso con los derechos humanos y los avances sociales.

Estaba yo en aquellos años infernales con mi ánimo en carne viva, como receptor de la furia desatada por la dictadura. Era uno de los casi 400 compañeros echados de Gas del Estado por el Estado militar; un frío de muerte me esperaba agazapado, como a todos, en cada esquina de Buenos Aires.

 Y ello solo por contradecir las políticas de entrega y desnacionalización de la Empresa pública más reconocida por los argentinos hasta esos momentos. Luego de haber sufrido en carne propia los rigores de los tiranuelos por mis ideas «social-cristianas», logré recomponer en parte mi vida laboral, aunque pesaba la exclusión de ingresar al Estado por una “ley” de la Junta Militar.

 Ya habrá tiempo de contar, algún día, como a los “cesanteados por razones de servicio en 1976” les pasó lo mismo que a los derrotados en septiembre de 1955. Olvido total. Vueltas de espaldas. Sonrisas socarronas desde cómodos sillones legislativos. Ocupadores de poltronas y curules (que deviene del latín currus) posiciones que luego de las elecciones, de cualquier elección, se convierten en inexpugnables.

 Y entonces, allá por 1978, cuando Graham Yoll estaba en el exilio, el Buenos Aires Herald fue capaz de seguir desnudando en plena dictadura al terrorismo de Estado.

 De edición diaria en idioma inglés, tenía traducido al castellano su «editorial». Recuerdo que uno de sus columnistas era nuestro querido Mempo Giardinelli.

 Trabajaba yo, en ese período de “Noche y Niebla”, en la zona donde se cruzan las avenidas  Alem y Córdoba, en la CABA.

 No sin cerote, debía pasar inexorablemente por la vereda de la cochera presidencial, donde tenían sus guaridas los temidos Falcon verde; cumplía con mi consuetudinario camino hacia la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA), ubicada en la calle 25 de Mayo, casi esquina Corrientes.

 La querida YMCA, siglas devenidas de la Young Men’s Christian Association (Asociación Cristiana de Jóvenes), organización de la sociedad civil creada en Inglaterra a mediados del Siglo XIX que hoy reúne a más de 65 millones de miembros, en 120 países.

 Fue y es una entidad laica, ecuménica, interreligiosa, abierta, plural y plenamente autónoma. No depende política ni económicamente del Estado ni de organizaciones, empresas o particulares.

 Subía por la escalera hasta la Biblioteca de la YMCA y elegía -entre todos los diarios puestos a disposición- el Buenos Aires Herald. Como todos los demás ejemplares nacionales, tenía en su “lomo” dos tablillas atornilladas con sendas mariposas metálicas, que servía para su archivo transitorio (a mí siempre me pareció que era para que ningún distraído se llevara –confundido- alguno de los diarios)

 Mientras lo ojeaba despaciosamente, mi ansiedad crecía. Hacía que lo leía de “pe a pa”.  Tenía que llegar hasta el artículo editorial traducido al castellano sin despertar sospecha, ante el temor de ser observado por algún “servicio” ubicado en la sala. Puede parecerle al lector algo paranoico este razonamiento, pero las zonas urbanas eran “peinadas” permanentemente por los cazadores del proceso.

 Me era gratificante y sanador el poder leer lo que nadie contaba. Como social-cristiano, convicción y fe que he mantenido hasta el presente, sentía el tibio calor de la lectura de esa partecita del Herald en castellano, reconfortado por el cobijo que me brindaba la YMCA.

 El Herald me contaba las atrocidades con claridad y sin tapujos. En la YMCA encontraba la certeza institucional de que otros cristianos (y no solo católicos) eran capaces de jugarse en esos días trágicos. Los volantes o trípticos dispuestos en el mostrador de la entrada invitaban cada día a mostrar la solidaridad con los hermanos sufrientes.

 No hace mucho tiempo hubo un prelado de la Iglesia me manifestó que “no sabía ni se imaginaba” como reclamar justicia por aquellos mancillados de 1976, ultrajados y con la edad suficiente para seguir muriendo. No sabía que yo sabía de sus paseos con altas autoridades civiles argentinas por las calles de la ciudad de Roma. Contrariando los Evangelios puedo decir que a ese prelado “Por sus obras no lo conocerán”. Doy fe de ello.

 Y en este día -en que me entero de la muerte de Graham Yooll- recuerdo a Robert Cox, James Neilson, Uki Goñi y demás directores del “Buenos Aires Herald”; para cerrar quiero incorporar una estrofa que Nicolás Guillén le dedicara a Federico García Lorca, un humillado extremo de las letras, de la poesía. En ella se resume el dolor por el nunca más visto, por el ocultado, por el desaparecido.

«Salió el domingo, de noche,
salió el domingo, y no vuelve.
Llevaba en la mano un lirio,
llevaba en los ojos fiebre;
el lirio se tornó sangre,
la sangre tornose muerte».

Gracias YMCA, gracias Herald, gracias Graham Yooll,… en épocas de sangre y fuego. + (PE/La Barraca)

Notas: Memoria del miedo, de Andrew Graham – Yooll  Ed. «Libro del Asteroide», 2006, Barcelona. España. Crónica por Rubén Chabado. Fue solo un puñado.

Sobran los dedos de una mano para enumerar los diarios y revistas que en los años de la última dictadura militar lograron vencer el temor a las represalias y denunciar, sin artificios, el brutal estado de situación.  

“¿Como pudo la sociedad argentina vivir en compañía del miedo como si fuera algo normal?

Durante la terrorífica década de los setenta, Andrew Graham-Yooll trabajó como redactor en el Buenos Aires Herald. A su alrededor, amigos y conocidos iban #desapareciendo#, secuestrados o asesinados por guerrilleros o bandas paramilitares. Aunque el menor traspié podía resultar en su propia muerte, Graham-Yooll continuó recabando información sobre esa carnicería y las actividades de terroristas, rebeldes y estatales; asistió a ruedas de prensa clandestinas; ayudó a padres, esposas y hermanos a seguir el rastro de sus familiares desaparecidos.

En Memoria del miedo el autor aporta una nueva perspectiva para entender los hechos acaecidos a través de las vivencias de un periodista comprometido. El libro de Graham Yooll reúne doce crónicas en las que el autor logra describir con verdadera maestría la atmósfera opresiva y claramente infernal de aquellos tiempos previos a 1976. Tras el golpe vino su exilio.

SN 371/19

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