Cultura. Los sonidos de la vida presionan por Principios Absolutos

Libro

El Sonido De La Vida

De Carlos Valle

Capítulo I

CUANDO LOS PRINCIPIOS PRETENDEN SER ABSOLUTOS

Cine. La cinta Blanca, Martin Haneke

Los dominados aplican a las relaciones de dominación unas categorías construidas desde el punto de vista de los dominadores, haciéndolas aparecer de ese modo como naturales. Pierre Bourdieu

Yo llamo sociedad burguesa a toda sociedad que se esclerotiza en unas formas determinadas, prohibiendo toda evolución, toda marcha, todo progreso y todo descubrimiento. Frantz Fanon  

Ha sido mayormente por influencia de la religión, que se han establecido principios para regular la vida de la sociedad. Estos principios, se suponían tendrían por finalidad establecer lazos que ayudaran a la relación entre los miembros de la comunidad, a la vez que determinaran los límites de su alcance. El tema se  hace complejo cuando, aquellos  que lideran, aducen razones más allá de ellos mismos para ejercer sus funciones. Porque argumentan que son los dioses o es dios el que ha establecido esos principios. En el momento en que la comunidad es llevada a aceptarlos como de naturaleza sobrenatural, inmediatamente se constituyen en absolutos.

La influencia judeo-cristiana

En Occidente la teología judeo cristiana ha marcado fuertemente la concepción de la vida y la organización de la comunidad. El fuerte trasfondo de la religión se expresa hoy mayormente por medio de rituales, símbolos y gestos. Es llamativo que muchas de esas expresiones de un enorme poder afectivo no han dado paso a reflexiones que busquen desentrañar los contenidos y su pertinencia actual.

La cosmovisión heredada es una llama impenetrable para siquiera preguntarse si eso es todo o hay algo más. La fuerza de los principios absolutos sigue teniendo un lugar de cierta significación en la vida de la comunidad. En muchas partes ha ido adquiriendo nuevos rostros y la preponderancia de la cosmovisión económica, como se ha señalado, parece asumir ese fuerte arraigo tradicional.

Un filme donde todo se pervierte

Hay historias que ayudan a comprender esta manifestación de los principios absolutos. Muchas veces el cine ha hecho valiosos aportes que descubren realidades generalmente ocultas a la reflexión. Tal es el caso de  “La cinta blanca” (2009),el filme del director austríaco, Michael Haneke (1942 –) con una larga trayectoria, destacado por tratar problemas sociales y despertar no pocas controversias. Se sitúa en un pueblo rural del norte de Alemania, poco antes de la Primera Guerra mundial. Es el escenario elegido para situar, en las palabras de su director, “una película sobre cómo todo ideal se pervierte” y “como los principios que aparentan ser absolutos, se convierten en verdaderos monstruos.”

El filme comienza con la sospechosa caída del caballo del médico del pueblo, seguida por la dudosa muerte accidental de una campesina. Posteriormente, dos niños son secuestrados y maltratados.  Estos y otros hechos van sumiendo a la comunidad en un mar de miedo y silencios cómplices. Sin embargo, a partir de lo sucedido y junto con ello se van revelando los principios que rigen a la comunidad. Es el maestro quien va hilvanando el recuerdo de “los extraños acontecimientos” que ocurrieron en el pueblo mientras confiesa: “No estoy seguro que lo que voy a contarles es totalmente cierto.” La suave calidez del maestro y su cándida  relación con la joven Eva ponen una nota de contraste a la sordidez del relato.

La experiencia ha sido tan traumática y hermética que produce incertidumbre. Hacer memoria es siempre un esfuerzo por hacer una lectura de lo que en verdad ha pasado y reconocer las emociones que determinaron su comprensión. El propósito del narrador no es juzgar el pasado sino comprender “algunos de los sucesos que ocurrieron después en nuestro país.” 

Jerarquías de la sociedad

El filme ilustra todas las características de la vida rural de aquel tiempo con su clásica jerarquía feudal: el representante del Estado, en la figura de un barón que es dueño de la tierra; el pastor de la Iglesia Luterana; la escuela y los trabajadores. Los trágicos sucesos que se reiteran en el filme van marcando el entramado de la vida del pueblo.

El barón y el médico representan la autoridad formal del pueblo, pero ambos pasan por traumáticos momentos en sus vidas. El barón vive sin sobresaltos, sus graneros desbordan de abundancia, pero su tranquilidad se ve sacudida cuando su hijo es secuestrado y abandonado en el bosque maniatado y azotado, acentuado todo por el posterior abandono de su mujer. El médico, que hace años ha perdido a su esposa, vuelve a su casa después de una larga convalecencia y restablece una sórdida relación con la partera que ha cuidado a sus hijos mientras se sabe abusa de su hija adolescente.

Los campesinos viven prisioneros de sus propias necesidades básicas. Cuando la esposa de uno de ellos muere por haber tenido que ir a trabajar en un lugar inseguro, uno de los hijos quiere vengarse pero su padre se lo impide, no pueden quedar sin el trabajo que les provee el barón. El hijo desobedece y es encarcelado. Más tarde el granero se consume en llamas, al otro día el campesino aparece ahorcado.

Una inflexible autoridad religiosa

El pastor luterano es la personificación de la autoridad religiosa que cumple siempre con la ley y no transige con su quebrantamiento. Nunca llama a sus hijos por su nombre y, llamativamente, cuando debe castigarles de palabra y de hecho, con estudiado sadismo, no apela a los valores religiosos afectados sino a las heridas que los actos de sus hijos, Martin y Klara le infringen a él y a su esposa. La cinta blanca, signo de inocencia y pureza, deberá ser llevada por Martín y Klara porque el castigo los purificará hasta que logren restituir la confianza. En un clima donde todo sentimiento está reprimido la tortura de la  disciplina se torna inhumana. El miedo a una muerte temprana y dolorosa es el argumento esgrimido para que Martín no siga explorando “las áreas donde Dios ha erigido barreras sagradas”.

Haneke ha afirmado que mientras trabajaba en el proyecto del filme –que tuvo en gestación por casi diez años- lo imaginaba en el norte de Alemania porque considera que allí se experimenta una forma peculiar del protestantismo. Se preguntaba por qué tantos nazis, para explicar sus acciones, respondían, sin ningún tipo de culpa o conciencia, porque ese había sido su deber como fieles siervos del Reich.

Su respuesta es que “esta manera de pensar las propias responsabilidades para con un superior estaban muy relacionadas al protestantismo de Lutero.” (Sight & Sound, 12.09) Y añade: ”En cuanto a la culpabilidad, crecí en un ambiente judeocristiano donde siempre estaba presente. No es necesario ser malo para convertirse en culpable, simplemente forma parte de la vida cotidiana.” Cuando el “niño raro” del médico es dejado casi ciego y maniatado, una nota le acompaña, que recuerda las duras palabras del libro del Éxodo donde Dios es mencionado como ”fuerte, celoso” que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta tercera y cuarta generación de los que le aborrecen (Ex. 20:5).

La muerte y la oportunidad para Dios

Martin, que ha sido castigado por haber llegado tarde a la cena, se encuentra caminando por la delgada barandilla de un puente cuando es visto por el maestro. Preocupado por la actitud del niño quiere saber por qué lo ha hecho. Martín responde: “Le di una oportunidad a Dios para que me matara. No lo hizo, así que está contento conmigo.” Quebrar la barrera de la disciplina es exponerse al abismo. En otro momento, Rudolf, el pequeño hijo del médico, pregunta a su hermana Anna qué es la muerte. La respuesta que recibe es tajante: es el fin. Tarde o temprano todos van a morir, Rudolf también, pero será dentro de muchos años, Quizás Haneke intenta preanunciar el fin de un mundo que al hacerse absoluto se ha vuelto autodestructivo.

El acento central del protestantismo sobre el lugar de la gracia de Dios como único camino restaurador de la vida aparece, paradójicamente, ensombrecido y amenazado por una marcada acentuación sobre la autoridad y la disciplina. La tentación a este viraje del centro religioso no conoce excepciones. Cuando una institución religiosa llega a ser mayoritaria, se vuelve inherente a la articulación social y asume que su autoridad y sus valores representan la esencia natural de la vida. La autentificación de tales presupuestos es asumida como parte de su propia autentificación. Los principios se pervierten cuando su ejercicio se somete al poder de quienes los establecen. De esa manera el valor primordial ya no son los principios sino el poder de quienes los establecen.

Represión y fanatismo

Mucho se ha comentado sobre la significación de los hechos narrados como un preanuncio del nazismo y sus consecuencias, y Haneke no lo ha negado. Pero, como en todos los casos, cuando una historia se comparte quienes la reciben sacan sus propias conclusiones y las reubican en su propio contexto. Luciano Monteagudo (Página/12, 22.04.10) comenta con mucha agudeza que la película “se revela inapelablemente contemporánea… porque los ecos lejanos de esa comunidad enviciada por valores absolutos de pureza  pueden seguir resonando aún hoy como los antecedentes de actuales casos de represión y fanatismo religioso.”

Filmada en ascético blanco y negro, que acrecientan las reminiscencias del pasado, el filme hila las diversas historias en breves secuencias que deben armarse a medida que se van presentando. Los tiempos están marcados por las fiestas religiosas como la Semana Santa, el Pentecostés, o el Día de la Reforma, pero no parecen incidir en la vida del pueblo. Una fugaz bendición en la fiesta de la cosecha recuerda que Dios “da comida a su tiempo” (Salmo 145:15) o el rezo del Padrenuestro en la clase de confirmación, son las únicas dos referencias religiosas. El edificio de la iglesia solo aparece como centro de reunión comunitaria.

Los niños son las figuras permanentes de la escena y su reiterada presencia en medio de los trágicos hechos alimenta la sospecha de su probable injerencia. Sin embargo, al mismo tiempo, los vemos como víctimas y como alternativas aperturas al círculo cerrado de la atmósfera social.

Hay dos momentos en los que la historia parece señalar que habría otro camino. El pequeño hijo del pastor ha encontrado un pájaro herido y le ruega a su padre que le deje cuidarlo. El padre –que vela con esmero a su pájaro enjaulado- insiste en que ese pájaro herido es un pájaro libre que nunca ha estado en una jaula, que cuidarlo es una gran responsabilidad de su parte porque se va a encariñar con él y, una vez curado, lo va a tener que dejar ir. Luego, Klara mata al pájaro del pastor y lo clava en una tijera en forma de cruz y lo deja en el escritorio del padre. Este ha sido un golpe duro para el pastor. Muy pronto, el pequeño niño se presenta una vez más en el escritorio de su padre trayéndole un pájaro porque sabe cuánto él ha sentido la muerte del suyo. Cuando el niño se va el pastor parece conmovido pero a la vez contenido, y eso es todo. El sentimiento y la ternura se enfrentan a una barrera difícilmente franqueable. La relación entre la esclavitud de la jaula y la libertad sin fronteras queda solo enunciada.

¿Hay una mano derecha de Dios?

Cuando hay quien decide los ideales y se cree con derecho a castigar a quienes no los cumplan, asume que se ha constituido en “la mano derecha de Dios”,  tal como Haneke pensó alguna vez llamar a su película. Mucho se podría reflexionar y opinar sobre este filme, quizás sea mejor concluir aquí con las palabras de su director: “El arte debe hacer preguntas y no avanzar respuestas que siempre me parecen sospechosas, incluso peligrosas.”

En forma simple y descarnada el filme ha descripto los horrores a los que puede conducir una concepción de la vida que solo puede depender de principios absolutos. Quienes se atreven a su quiebre lo hacen arriesgándose a la marginalidad y el desprecio. La comunidad se vuelve gris y áspera sin rastros que permitan un destello de sentimiento. Lo que cuenta Haneke no es una exclusividad de la propia historia a la que hace referencia. Las imposiciones de un mundo que incita a vivir en la esclavitud del individualismo, como forma de poder triunfar, dan lugar a las mayores atrocidades y a convertirse en autodestructivas. La liberación de la vida, con todos sus peligros, tropiezos y flaquezas, es el inevitable camino hacia nuevas esperanzas. + (PE)

SN 373/19

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