“Las pentecostales también abortamos”

Entrevista a la pastora Gabriela Guerreros, a un año del debate por la legalización del aborto

Por Roxana Sanda

Buenos Aires

Con el lanzamiento desde diferentes usinas católicas y evangélicas argentinas del Día internacional de acción por las dos vidas y la movilización de este 8 de agosto, al cumplirse un año del voto antiderechos en el Senado nacional, los representantes del surrealismo celeste intentan generar una avanzada global con web y tutoriales incluidos, para acumular poder regional y seguir condenando a la clandestinidad el derecho a decidir. Guerreros asegura que el proyecto político dominante alienta el avance de sectores religiosos reaccionarios en nombre de la vida, para sostener sistemas económicos de muerte. 

 “Los abortos clandestinos siguen siendo la principal causa de muerte de las personas gestantes en la Argentina. Esta realidad nos toca de cerca, ya que la mayoría de las comunidades pentecostales históricamente han hecho base en los sectores más pobres y olvidados de nuestra sociedad. Creemos que la despenalización y legalización del aborto tiene que ver con la ampliación de derechos y aportaría al respeto y libertad de los cuerpos gestantes.”

Con palabras precisas, casi chispazos de ese fuego que la enciende desde los noventa, cuando empezó a acompañar a mujeres, niñas y jóvenes de los bordes del conurbano, la pastora Gabriela Guerreros, de la comunidad Dimensión de Fe, abrió su discurso durante el debate por el aborto legal en el Congreso, hace precisamente un año.

“Entonces entendíamos que debía ser un mensaje claro, donde quedara expuesto que no todo cristiano es conservador ni toda iglesia es antiderechos. Ahora más que nunca debemos reforzar esos conceptos”, advierte esta disidente feminista comunitaria, marxista, antiliberal, anticolonial y de una espiritualidad tan valiente como para repetir que “las pentecostales también abortamos”, en la semana de una nueva movilización que intenta apropiarse del 8A bajo la consigna, “Con aborto no te voto”, teñida de gesta heroica, cuando de lo que se trata es de una puja de poder político de la iglesia católica asociada a sectores evangélicos y de la sociedad civil anti ESI, que ganan las calles según les marque la agenda.

Y cuando la realidad es que la mayoría de los 38 senadores que rechazaron el derecho a decidir de mujeres y cuerpos gestantes preferirían que se los tragara la tierra antes que convertirse en las figuritas visibles del día que se clausuró una decisión popular soberana para que el aborto siga siendo un negocio de la clandestinidad.

En el camino se busca imponer una sola iglesia posible, con casi un centenar de precandidatos evangélicos de diferentes espacios políticos.

-Pero es una falsa moral. Como comunidad pentecostal sacamos el aborto del closet, lo hicimos público y por eso dijimos esa frase tan controvertida de que las pentecostales también abortamos. Tanto a mí como a otras compañeras que expusieron en Diputados y a nuestras familias nos costó muchas amenazas y agresiones físicas y verbales.

Hay un fascismo que trata de entrar como sea en esta manera del orden único. Utiliza mecanismos que sirven para imponer poder y van a usar toda la maquinaria contra el feminismo y los derechos civiles.

Al mismo tiempo, las adolescentes que van a escuelas religiosas les piden a sus madres que las acompañen a marchar por la legalización del aborto. En pleno debate en Diputados, en un colegio emblemático como el La Salle lxs alumnxs hicieron una sentada con cintas verdes, porque no les dejaban llevar los pañuelos. Son signos de esperanza que interpelan, hablan de un presente y un futuro real de inclusión.

¿Cuál es tu caracterización del pentecostalismo?

Es un movimiento popular, como el peronismo diría, donde encontramos todo un arco ideológico. Existen muchas iglesias pentecostales con sus diferentes doctrinas, teologías, formas de ver y creer.

Sucede que cuando asumió Cambiemos se puso en el centro de la escena a Aciera, una alianza de iglesias evangélicas que instaló como “la voz de Dios” todo lo que para nosotrxs es antiderechos y para ellos defensa de la vida.

El Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra del Brasil nace con comunidades de base católicas y también con pequeñas comunidades pentecostales, por dar un ejemplo. El Movimiento Pentecostal Bolivariano, en Venezuela, defendió la revolución bolivariana y aún sigue de pie. En Cuba hubo iglesias pentecostales y bautistas que defendieron la Revolución.

Por eso lo caracterizamos como un movimiento popular desde los sectores más pobres, donde siempre se han dado las primeras respuestas en contextos de crisis.

¿Cómo se definió en tu comunidad el documento que leíste en Diputados?

-Hacemos política desde nuestra concepción teológica, por lo tanto, en el mensaje tenía que entrar esa contradicción de que la fe no es exclusiva de algunos, y dejar sentado que hay otra iglesia posible que abraza las luchas populares.

Cuando hablamos de pentecostal no nos referimos a una sola iglesia, como lo es la católica, una institución con sus diferentes bases. En 2011 presentamos nuestro primer documento público por el derecho al aborto. Nos dimos la posibilidad de empezar a leerlo en trama teológica. Pero el debate estaba entre nosotrxs de antes, porque nuestros primeros abortos fueron en la comunidad y tuvimos que acompañar a mujeres que no podían llevar adelante esos embarazos.

Lo hicimos en clandestinidad de la familia, de sus hijos, de sus parejas violentas. Se trata de acompañar sus procesos, no de juzgar. Para muchas compañeras decidir la interrupción voluntaria del embarazo (IVE), aun en modo clandestino, fue un cambio radical en sus vidas. Pudieron romper con el vínculo violento, empezar a pensarse y a valerse por sí mismas. Hoy las veo y pienso que fue la decisión correcta.

Pero la estrategia de los sectores antiderechos se ancla en cuestiones de fe.

-Siempre quedó claro que el rechazo a la legalización y despenalización del aborto no era un asunto religioso sino de dogma. Un tema del patriarcado eclesiástico: que la ley se aprobara significaba pérdida del poder. Pero estos sectores no se dan cuenta de que en algún sentido el poder ya lo perdieron. En muchas iglesias ya hay cuestionamientos, un nuevo escenario más allá de los frentes reaccionarios y conservadores, y de la iglesia católica hegemónica.

Es cierto que en los últimos años esos sectores conservadores, algunos con gran poder mediático y económico, crearon hasta sus institutos de formación en bioética, con líderes varones en su mayoría. Están intentando destruir comprobaciones científicas para crear relatos subjetivos, usan la vida como excusa para sostener sistemas económicos de muerte.

¿Entonces?

-Lo iremos deconstruyendo de a poco. Entendemos que es un enemigo de clase y que atenta sobre la construcción de soberanía de los pueblos. Por eso cuando hablamos del derecho a decidir, decimos que, si tenemos conciencia y además profesamos una fe, debemos cuestionarnos algunas cosas.

Mi lugar como religiosa no es ordenarles la vida a los demás, es darles las herramientas para que puedan tener la mejor decisión posible. Cuando no cuestionamos ni hacemos críticas con propuestas superadoras, nos encontramos con el tipo de sociedad en la que estamos viviendo.

Y con una avanzada feroz del neoliberalismo en la región.

-Que también leemos como esa avanzada del fascismo que mencioné antes. Hay sectores que siempre estuvieron, pero emergen porque existen proyectos políticos que lo permiten.

¿Son sectores con poder económico?

-Algunos sí. A otros, el mismo proyecto político les dio ese poder económico.

En la Argentina, gran parte de organizaciones religiosas pentecostales son la pata territorial del macrismo.  Cuando fue la elección de 2015 en provincia de Buenos Aires, su eslogan era “no votemos al narcotráfico”, en referencia a la fórmula del kirchnerismo.

Ahora apelan al mismo discurso.

-Ahora es “no volvamos al pasado”. Apenas asumió este gobierno, firmó convenios de cooperación en temas de seguridad, narcotráfico y de trata con esas organizaciones. Los respalda un proyecto político que les permite irrumpir en los conservadurismos y en ese patriarcado eclesiástico de siempre.

Y amplificado en toda Latinoamérica con el relato de la ideología de género.

-Pero no es nuevo. El término lo instaló hace décadas la jerarquía católica, frente a la avanzada de los derechos de las mujeres. Insisto que se relaciona con los proyectos políticos y no es casual que cobre fuerza en momentos en que la región está gobernada por matrices neoliberales.

Como ocurrió en Brasil con Bolsonaro, que en gran medida ganó por el voto joven católico, más allá de que todo el lobby lo hicieron las iglesias evangélicas. Es un escenario similar al del debate por el aborto en la Argentina, donde los evangélicos intentan ser la masa crítica, y la jerarquía eclesiástica es la que hace el lobby. En cambio, cuando fue el debate por el matrimonio igualitario, nos encontramos con una iglesia católica que decidió salir a la calle con todo su conservadurismo.

¿Esa articulación terminó de cristalizarse con los senadores que rechazaron la ley?

-Sí, y también dejó al desnudo cómo nos desafían esas estructuras dogmáticas en su persistencia sobre el control de los cuerpos, al seguir proclamando que tienen derecho a decidir sobre nosotrxs. Pretenden imponernos un modo de desear, de pensar y vivir, sobre todo en este contexto de pobreza estructural y básicamente de feminización de la pobreza. Pero de esto no se habla, ni de la cantidad de personas que mueren por abortos clandestinos, porque las jerarquías no quieren perder ese control.

En esa lectura conservadora las mujeres tienen la obligación de ser madres, de ser las consortes y acompañar para seguir reproduciendo el mecanismo de dominación. En algunas comunidades religiosas, sobre todo de las provincias o cruzando la General Paz, éste sigue siendo el destino de las mujeres.

Es una trama central del capitalismo.

-Por eso es desafiante el rol de los sectores hegemónicos en seguir disputando el control sobre nuestros cuerpos. Si en algún momento esas mujeres decidieran pensar de otra manera, las demonizarían.

Son muy tristes las descontextualizaciones o las formas de ver la teología donde a nosotras nos ponen en un lugar netamente servil al varón de la casa y al de la iglesia. Muy pocas iglesias evangélicas aceptan la ordenación de mujeres, que además puedan ejercer la decisión plena de la vocación sin que sean supervisadas.

Pero el debate por la construcción de una iglesia inclusiva va a darse desde adentro, aunque lleve tiempo. Cuando decimos que el feminismo llegó para quedarse, también llegó a las comunidades religiosas y más temprano que tarde vamos a poder pronunciar libremente esa palabra.

¿Y cómo queda Jesús en todo esto? (risas)

-Entendemos que vivimos en un sistema capitalista patriarcal producto de siglos de colonialismo, y en una democracia burguesa, pero la invitación es a tener siempre esa práctica comunitaria, que es la que tuvo Jesús con sus seguidorxs: encontrarse, celebrar la vida, estar en los lugares donde hay que estar y repartir según las necesidades.

 Para muchos, el reino de Dios es la otra vida, para nosotrxs es acá, y el apocalipsis es lo que estamos viviendo, este amor al dinero, a la meritocracia, al individualismo compulsivo. Si te tomás el 180 a González Catán, donde está nuestro comedor comunitario, cada cinco cuadras hay tres gendarmes.

En este cotidiano del horror, nuestra misión entonces es hacer una lectura popular de la biblia y colectivizar la esperanza en acción y propuesta, para emanciparnos y vivir una vida libre de opresión. Nuestra tarea militante es llevar las disputas a los territorios, porque ahí se va a ganar.

Carlos Osma dice que Jesús es lo más lgtbi de la Biblia.

-Y es el autor del libro Sólo un Jesús marica podrá salvarnos! (risas). Celebramos bendiciones a las parejas lgbti que lo pidan, como parte de esa iglesia inclusiva que abrazamos junto a compañerxs de diferentes organizaciones.

Nuestra primera herramienta de formación fue la Teología de la Liberación, pero ahora es necesaria la construcción de una teología latinoamericana y feminista, porque la TL no albergó al feminismo ni a la ecología.

El evangelio no te pide color de piel ni orientación sexual, y a los sectores conservadores les decimos que Jesús fue feminista porque su invitación primaria fue a las mujeres, que organizaban cada sitio adonde iba. Y fueron las primeras invisibilizadas del relato.

Mientras tanto, Macri le agita a su electorado el fantasma del miedo.

-Será el miedo a otro proceso político que escuchó la lucha de muchas organizaciones y que dijo ahora es el tiempo. Hay oídos que entienden, como decía Angelelli, el clamor del pueblo. Pero el discurso de Macri es el del orden único, es un plan que va más allá incluso de los sectores reaccionarios, conservadores y de la iglesia católica. Es el nuevo orden social.

Fidel Castro advertía en 2008 que la crisis era civilizatoria, y eso quedó claro en estos escenarios políticos, con grupos recalcitrantes instalados en la OEA, que van por la libertad religiosa y de derechos sexuales y reproductivos.

Si sigue este gobierno, el fascismo patriarcal va a agudizarse. Gatillo fácil, presas por besar o por amamantar en la vía pública, disciplinamientos correctivos contra la identidad de género, pueden convertirse en las imágenes inauditas de ese fascismo.

Pero se están armando coaliciones de iglesias que dicen basta y un feminismo transversal, comunitario y de clase que vino para romper todo. Sin feminismo no hay vida posible en plenitud. Para lxs jóvenes y adolescentes es presente, es ahora. + (PE/Página 12)

Imagen Jose Nico Página 12

Nota relacionada ¿A quien vota la iglesia evangélica? Despacho  SN 396/19 del 9 de agosto del 2019

SN 397/19

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