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EL SONIDO DE LA VIDA

CARLOS A. VALLE

Capítulo 4

LA PASIÓN POR LA VIDA

Vive como si fueras a morir mañana, aprende como si fueras a vivir para siempre. Mahatma Gandhi

La vida no es un problema a ser resuelto, sino una realidad a ser experimentada. Sören Kierkegaard.

La presencia de la religión en la vida de la sociedad se ha ido debilitando en muchas partes. La influencia de los preceptos que regulaban la vida social y personal, no solo ha disminuido, sino la participación de los fieles se limita a visitas esporádicas con débiles efectos en la vida personal y de relación. Son bien conocidos los significativos cambios experimentados en el mundo desde hace unos cuantos años.

Al menos dos manifestaciones son claras. Por un lado, hay iglesias que no han aceptado los cambios producidos en el mundo y ponen la carga de toda la situación en las personas, porque están convencidas en la inmutabilidad de sus posiciones, que los seres humanos tienen que volver a retomar si el mundo intentara mejorar su situación. En los lugares donde tienen una influencia marcada en la sociedad, merced a las políticas de relaciones que les fueron permitiendo desarrollar y afianzar su autoridad para modelar la sociedad. Esta situación ha contado con acuerdos de ambas partes porque ambos se reconocieron beneficiarios.

Sentido de pertenencia

Por otro lado, es notable la proliferación de grupos religiosos que atraen a grandes sectores de la sociedad con un proceso, ya no tan reciente, de ofertas de felicidad y prosperidad. La protección que brindan a los marginados de la sociedad y la seguridad de una fe que incluye ser parte en una comunidad de sueños y esperanzas de mejor vida, que si no se puede alcanzar eso lo obtendrá en el más allá. En este sentido se debe rescatar el sentido de pertenencia que se crea a la vez que se mezcla con una estructura piramidal donde los líderes religiosos son los que determinan la conducción de la comunidad, su moral y el manejo de los recursos de todo tipo.

La descripción de estas manifestaciones religiosas se refiere a extremos que bien pueden criticarse, porque se podría hacer mención de otros que la contradicen. No se trata aquí de presentar un cuadro completo sino de marcar dos hechos que son significativos y determinantes de la situación actual. Al hacerlo lo que se pretende es englobar a varios de los elementos que determinan la actitud general de la sociedad y los resultados que produce. Porque, es evidente que la declinación de la religión en sus mandatos y preceptos ha erosionado su credibilidad y adhesión.

Nuevas expectativas de un mundo liberado de lazos cuestionables y la conciencia de su propio destino, han indo marcando ya a varias generaciones. El proceso de independencia de la mujer y su reclamo, no solo por el derecho de su propio cuerpo, sino por el papel que le corresponde en una sociedad que lo ha venido escabullendo y adornando en forma sutil, y a la vez, perversa. A esto se podría indicar todo lo referente al tema de género. Tema que resulta irritante a una sociedad que se quiere refugiar en estructuras que no termina de entender pero que despiertan un primitivismo social que suele aflorar con cierta inquina.

El desafío de La Dolce Vita

En esta muy sintetizada visión de la sociedad moderna, vale la pena pensar en lo que han dibujado algunos artistas sobre estos alborotos que sacuden a la sociedad moderna. Viene enseguida el aporte de un director de cine como el italiano Federico Fellini que, allá por el l960, sacudió al mundo con su muy desafiante La Dolce Vita. Se puede empezar por pregunta: ¿Es La Dolce Vita una vieja reliquia del pasado? ¿O es una imagen de un mundo que hoy persiste?

De entrada, se convierte en un filme polémico y controvertido que produce seducción, pero también repudio. Resultaba demasiado duro aceptar las críticas a una sociedad que lucía decadente y volcada a la frivolidad y el cinismo. Sus imágenes reproducen descarnadamente una sociedad marcada por una perentoria necesidad de vivir apasionadamente un turbulento sin sentido. Cuando fue estrenada, recibió prontamente la condena del Vaticano a través de una serie de artículos en el L’Osservatore Romano. En España la película solo fue conocida 20 años después. Las repercusiones de todo tipo dieron mayor promoción al filme. Mientras tanto, en el Festival de Cannes recibe la Palma de Oro ese mismo año.

Es llamativo que las cosas que parecían espantar alterando la vida de la sociedad hoy sean miradas con cierto espíritu frívolo porque no parecen alterar la vida. Se podría pensar que lo que era llamativamente alarmante es ahora parte de una anécdota intrascendente y, hasta podría decirse, pintoresca. Por lo mismo, volver a repasar la historia de este complejo filme, puede ayudar a comprender de qué manera sus contenidos hablan de un tiempo pasado y olvidado o son gérmenes de un momento presente y, quizás, más desafiante.

Una infinita pasión por la vida

“No hay fin. No hay comienzo. Solo existe la infinita pasión por la vida.”, dijo alguna vez Federico Fellini. La Dolce Vita nos pinta una Roma que, dinamizada por el fuerte crecimiento económico, refleja a una sociedad que ya no repara en la miseria y el dolor de la guerra, sino muestra signos crecientes de un postmodernismo donde vuelven a aflorar las viejas y descarnadas divisiones sociales.

Marcelo Mastroniani Anita Ekbergen

La Dolce Vita se convierte en un fresco que presenta una realidad tal como la ve su pintor. Es el cuadro de los nuevos ricos que pasean por los sofisticados cafés de Via Veneto, las grandes fiestas en los viejos castillos, el bullicio de una nostálgica alegría, las carencias de los barrios marginales, la superficialidad de los medios modernos, la proliferación de los paparazzis, la acentuada imagen de la mujer objeto sexual.

Trazar paralelos con el tiempo presente resulta bastante obvio. La concentración de la riqueza en pocas exacerba los anhelos de domino y, al mismo tiempo, de una total impunidad que dar carta libre para todo lo que quiera hacer. En este estado de la sociedad el sentido de solidaridad se quiebras hasta el punto de producir el desamparo de grandes masas. Se asume que la felicidad del pueblo reside en la satisfacción de unos pocos.

En este contexto los seres humanos no pueden pensar ni imaginar una comprensión de la vida más allá de sus goces que suponen eternos, mientras la mayoría debe bregar sin pausas por sus apremiantes necesidades diarias.

Es valioso recordar lo que Indro Montanelli, el primer comentarista del filme expresaba en un artículo publicado por Il Corriere Della Sera, donde descubría su preocupación por lo que el filme mostraba: “Sí, somos nosotros, Dios nos perdone. Ésas son las cosas que decimos (y que no pensamos) cuando estamos juntos. Ésas son nuestras mentiras. Ésas, nuestras vanidades. Ésas, las mujeres que giran alrededor nuestro, o sobre las que nosotros giramos, que tienen todo dudoso, hasta el sexo. No, el retrato de esta sociedad no mejora cuando pasa del palacio del Príncipe al salón de la poeta o al estudio de la pintura. Cambia de estilo. Pero sigue en la mezquindad, en lo dialectal, en lo falso”.

El filme se abre con una llamativa escena. Están transportando en un helicóptero hacia el Vaticano la imagen de un Cristo con sus brazos abiertos. En otro aparato, el periodista Marcelo y un fotógrafo van registrando el hecho. La presencia de algunas mujeres jóvenes tomando el sol los hace dirigir su mirada hacia ellas con la infructuosa ilusión de mantener algún contacto posterior. Este el primer contacto con la religión que se introduce sin mayores indicaciones sobre su propósito. De todas maneras, es una forma muy clara de decir que, si bien puede que la religión no sea determinante en todo lo que sucede, allí conserva una presencia, sobre lo que se mencionará más adelante.

El filme es un enlace de retazos de la vida ciudadana a través de la figura del Marcelo (interpretada por el actor Marcelo Mastroiani) que día y noche recorre Roma buscando material como columnista de chismes. Marcelo busca vivir sin ataduras ni compromisos ya con su celosa amante, una sofisticada mujer de clase alta o con una artista de cine americano –la que protagoniza Anita Eckerg y su famoso baño en la Fontana de Trevi- No obstante, todo eso, mantiene su inalcanzado propósito de llegar a ser escritor.

La presencia de lo religioso

El Cristo ha ido paseando por históricas ruinas romanas, ha sobrevolado los nuevos y enormes monobloques, los niños jugando entre calles aun sin reconstruir y se ha ido acercando al Vaticano. Este Cristo que sobrevuela la ciudad pudiera verse como el manto de un cristianismo que rodea y cubre la ciudad, pero también como una señal de un Cristo distante de un mundo en el que no tiene lugar.

La presencia de lo religioso se repite. En la escena del falso milagro de la aparición de la Virgen, se juega con la ingenua y, por momentos, brutal reacción de la gente ante el presunto milagro. Pero, mayormente, el escenario está exacerbado por la presencia de un periodismo que nada lo detiene para lograr la toma de un milagro inexistente. Su saciedad por lograr público y público exaltado no tiene límites.

Lo que pinta Fellini ya ha sido superado hoy por un manejo más sofisticado y una tecnología más avanzada, pero conservando el mismo propósito. La espectacularidad que despliegan los medios en el día actual ha ido traspasando todas las fronteras de lo verosímil. Todo puede decirse no importa si es verdad o falsedad. Nadie se siente responsable para desmentirlo. La abrumadora oleada de noticias y hechos diversos que dispara los medios dejan a una gran audiencia sin un momento para saber qué se les ha trasmitido.

El sacerdote que mira la escena se lamenta por lo sucedido, porque para él el milagro no puede acontecer en el bullicio sino en la intimidad. Más tarde, aparecerá otro sacerdote encaminándose a decir su misa con la dueña de un castillo mientras observa atónito a los agotados visitantes que han pasado la noche de fiesta en los innumerables escondrijos de la torre.

Para poder comprender la vorágine de esas vidas y la urgente necesidad de saciedad que las motiva, hay que concentrarse en lo que puede considerarse el centro de esta película: el encuentro de Marcelo con Steiner, un intelectual que vive en su peculiar mundo rodeado de otros intelectuales que muestran su apego a la cultura oriental, desbordan en alabanzas a la libertad sin compromisos y sin hijos, cuyo lema es: “fumar, beber, la cama” mientras se embelesan escuchando la grabación de los sonidos de la naturaleza. Destellos de un mundo dentro del mundo del bullicio del que parecen apartados, pero con el que, al final y al cabo, comulgan.

Marcelo visita ese círculo y muestra su admiración por Steiner a quien pide volver a visitarlo. Steiner muestra su interés por él estimulándolo a que cumpla su sueño de ser escritor.

El miedo al futuro

Steiner parece tener una familia perfecta con dos hermosos hijos, pero hay algo que le angustia: la vida miserable que reclama la sociedad donde “todo está calculado y perfecto”, por lo que no oculta su miedo al futuro y la posibilidad del fin de todo. Por eso Steiner ha tomado una drástica decisión, mata a sus dos hijos y se suicida. Para él la pasión por la vida ha entrado en una senda sin retorno.

¿Está muy alejado Fellini de lo que hoy podría decirse sobre la precaria estabilidad de un mundo nuclearizado y con enormes poderes incontrolables? La chispa de esperanza que había aparecido en la vida de Marcelo se desvanece para siempre. Con la trágica muerte de Steiner han muerto todos sueños y por eso se abandona en el torbellino del ruido y de la nada.

En los últimos instantes del filme lo vemos, después una agitada fiesta, dirigirse en la madrugada, como parte de una comparsa, hacia las orillas del mar. Allí los pescadores están sacando en una red un enorme pez que yace en la orilla, cuyos ojos atónitos parecen reflejar su incertidumbre y la incertidumbre de los que lo rodean.

Paola, el ángel

Desde lejos alguien procura hablar con Marcelo. Es Paola, la jovencita con la que se ha encontrado en un pequeño restaurante de la playa. No es de Roma, viene de un pequeño pueblo que extraña. Marcelo le dice con total candor que es bella y, mientras le pide que se ponga de perfil, comenta. ”Pareces un ángel, el de la Iglesia de Umbria”.

Marcelo no la ha olvidado, pero no alcanza a escuchar su voz e interpretar sus gestos. Pareciera que Paola le está haciendo una invitación, pero Marcelo sin mucha insistencia hace un gesto de “no se escucha” y se va con su grupo. La cámara se posa en la límpida y sonriente mirada de la jovencita que lo ve alejarse, una mirada en búsqueda de calidez humana que se vuelve sobre el espectador.

Es posible hacer una lectura de todo el filme a partir del tema de la incomunicación. De las reiteradas barreras creadas por los personajes para abrirse a los demás. Marcelo con las mujeres, el ocasional encuentro con su padre a quien parece casi no conocer. La búsqueda de máscaras con que actuar en cada ocasión y el vacío de no haber podido conocer de verdad a Steiner y de Steiner de compartir su angustia. Y este final, de intento frustrado, de no poder aceptar el llamado de este ángel que pareciera prefigurar un camino distinto. ¿Una nota de ilusión en medio de tanta desazón social?

Han pasado más de 60 años, las técnicas narrativas y los recursos técnicos han cambiado, pero no se puede dejar de reconocer que La Dolce Vita es una pintura dolorosa, amarga pero real de un mundo que cada vez más ha hecho del hedonismo y del sin sentido de la vida un motor hacia el egoísmo de las personas y de los pueblos.

Lo que describe un film es un relato, si se quiere, ficticio, pero la realidad siempre nutre los argumentos con que se teje la historia. La hondura de la crítica que encierra este filme no puede descalificarse por su carácter artificial.

Bien se podría decir que este espejo refleja en buena forma la imagen de una sociedad cuyos sueños se han debilitado de tal manera que un mañana no es parte de su agenda. Se ha llegado a lo que el crítico Robert Ricardson llamó un “abrumador sentido de disparidad entre lo que la vida ha sido o debería ser, y lo que en realidad es”.

El rostro límpido y cálido de Paola, como la luz de un nuevo día que, aun en medio del ruido que impide escuchar su voz, espera una respuesta. + (PE)

Ecupres publica semanalmente un capítulo del nuevo libro de Carlos A. Valle “El Sonido de la vida” Si desea recibirlo solicítelo a anibal.sicardi@gmail.com.

También puede solicitar copias de los tres capítulos publicados Cuando los principios pretenden ser absolutos; En torno de la realidad y el misterio; Recuerdos y Mandatos

SN 399/19

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