Llenar los corazones y vaciar las cabezas

Por Pep Castelló

Barcelona

Llenar los corazones y vaciar las cabezas, para así poder satisfacer impunemente las ambiciones de los ricos y las suyas propias, viene siendo el gran empeño de la mayor parte de los gobiernos de las naciones del mundo entero desde hace siglos.

Allá por los años 50 y 60 del pasado siglo XX, en plena dictadura, una emisora llamada Radio Miramar de Badalona batía records de audiencia con un programa titulado “Discos Solicitados”. Por una módica cantidad, cualquiera podía solicitar la emisión de una pieza musical dedicada a su madre, su abuela, su amiga, su novia, o persona querida con motivo de alguna fecha señalada.

La programación estaba centrada preferentemente en la población de origen andaluz, mayoritaria ya en aquel tiempo en Cataluña entre la clase obrera. El gran flujo migratorio que se produjo después de la guerra, cuando el poder en Andalucía volvió a manos de los que durante siglos tuvieron al pueblo sumido en la miseria, hizo que grandes masas se desplazasen hacia zonas ya industrializadas. 

Aquellas emisiones impregnadas de ideología franquista y nacionalismo español, como todas las de aquella época de férreo control dictatorial, calaron hondo en el corazón de las clases populares de la población catalana. La abundancia de canción andaluza, falazmente adjetivada como española, exacerbó un nacionalismo españolista que prevalece aún en el presente.

Otro tanto ocurría más tarde, allá por los años 60, cuando el flujo de emigrantes hacia Suiza y Alemania empezó a ser considerable. Radio Nacional de España emitía desde sus estudios de Barcelona un programa titulado “De España para los españoles”, de claro tinte popular, emocional y patriotero, dirigido a quienes habían emigrado de sus tierras natales en busca de mejores condiciones de trabajo.

Se trataba de convertir en español todo lo andaluz, puesto que andaluces eran la mayor parte de las personas que emigraban. De llenarles el corazón de patriotera nostalgia para que en él no estallase la ira contra la cuadrilla de sátrapas que tenía a España entera sumida en una desigualdad social que merecía el mayor de los castigos.

El amor a la patria siempre ha servido a los dirigentes políticos para sacrificar a los pobres, para lanzarlos a matar y morir en guerras de defensa de los intereses de los ricos. Pocas veces se ha luchado en el mundo por los derechos humanos cuando no han sido guerras defensivas.

La trascendencia política de ese españolismo, falazmente imbuido en gran parte de las capas obreras, llega hasta nuestros días. En él se apoya ahora la derecha española para oponerse al independentismo catalán. Un afán de independencia que mueve ahora la política en Cataluña y afecta al resto del estado español. Un conflicto que es, en buena medida, una reacción al nacionalismo español fuertemente prodigado durante largos años.

Centrar la política en lo emocional es una gran irresponsabilidad. Poner el corazón por encima de la cabeza equivale a abrir la caja de Pandora, pues el ser humano es una espesa mezcla de buenos sentimientos y de las peores pasiones. El amor y el odio están dispuestos siempre a manejar la conducta del individuo cuando la razón no actúa.

Todas las guerras siguieron siempre el trayecto marcado por la sinrazón. Ninguna de ellas fue fruto de la sensatez. La ambición desmedida de políticos, el odio sembrado en los pueblos, un patrioterismo hecho a medida de los intereses de los poderosos han causado a lo largo de los siglos las mayores desgracias que registra la historia.

La radio y la televisión son armas tan letales como las bombas, pues de ellas se valen los políticos desalmados para desinformar y sembrar odio en las poblaciones, para desunir a las gentes, para hacer que quienes gozan de mejor posición social vean como enemigos a los de condición más humilde. Quienes colaboran en esas perversas tareas merecen el más severo de los juicios.

No es extraño que acá en España quienes no dudaron en oponer las armas al legítimo resultado de las urnas optasen por fomentar un patrioterismo que es pura cizaña social y política. Y tampoco lo es que una burguesía catalana, fiel colaboradora del franquismo en su momento, esté haciendo ahora otro tanto. Porque, ¿qué amor pueden tener al pueblo quienes han vivido siempre de explotarlo?

La España católica y conservadora se valió del franquismo para eliminar de raíz todo atisbo de solidaridad comunitaria en el pueblo. El capitalismo del resto de Europa colaboró por activa y por pasiva en ello. Hoy está instalado acá, como en la mayor parte del mundo, el individualismo más inhumano. Gracias a ello, la política está en manos de desalmados.

Pero no es solo acá donde esa desgracia social ocurre. El mundo entero está en manos de líderes desaprensivos. Trump, Bolsonaro, Macri y tantos otros como ellos no son fenómenos aislados, surgidos de la nada, como no lo fueron en su día Franco, Stalin, Hitler y tantos otros más. Son la punta visible de un iceberg de hondo calado que navega desde hace siglos en el piélago de la humanidad.

La permanente traición a los tres grandes propósitos revolucionarios de LIBERTAD, IGUALDAD y FRATERNIDAD nos ha traído la actual desgracia. Solo mediante gobiernos que pongan la dignidad humana en el centro de todas las decisiones políticas podremos zafar de esa deriva. ¿Lograremos tenerlos algún día?  + (PE)

SN 443/19

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