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LA PASION DE CRISTO MEL GIBSON

EL SONIDO DE LA VIDA

CARLOS VALLE

Capítulo 8

UNA PERSISTENTE PRESENCIA (II)

La agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Federico García Lorca

Jesús según Mel Gibson (2)

El segundo de los filmes al que se quiere hacer mención es La pasión de Cristo (2004) , obra de Mel Gibson( 1956—) Llega, gracias a una bien planeada estrategia de promoción, precedido de una controversia teológica sobre posibles acentos de antisemitismo, parcializada interpretación de los evangelios, inclusión de relatos extra bíblicos y mucho más. En la historia de la Iglesia Cristiana, algunas de estas controversias han alimentado las divisiones, el odio, la persecución y sembrado la muerte. Por eso es importante comenzar mirar a este filme a partir de la mirada de los espectadores. Si bien es importante, conocer de cada obra la intención de su autor, no es menos importante conocer qué es lo que en realidad ha leído el espectador. Porque una vez que un filme se proyecta su recepción siempre estará mediada por el espectador, no importan las buenas intenciones del realizador o su interés manipulador.

Reacción emocional

MEL GIBSON

La mayoría de los comentarios más elogiosos y más críticos de “La Pasión de Cristo” provienen de círculos eclesiales que han hecho –y no podía ser de otra manera- su propia lectura a partir de sus convicciones y sentimientos religiosos. Gibson hizo todo lo posible para que, especialmente los grupos cristianos y judíos más conservadores, tuvieran acceso previo al filme y lo apoyaran.

Llama la atención que el tema de discusión se haya centrado mayormente en lo que se considera un marcado antisemitismo. Las referencias a las ideas ultra conservadoras de Gibson, y las intencionadas referencias al antisemitismo pregonado por su padre, parecen dar un marco para confirmar cualquier sospecha discriminatoria. La versión final del filme es, en cierta medida, el fruto de las variadas reacciones de los grupos que tuvieron oportunidad de verlo antes de su estreno. Eso le permitió a Gibson ir conociendo la reacción del público (especialmente religioso) y hacer los ajustes necesarios suavizando algunas escenas o cortando texto a fin de que la versión final fuese atractiva pero no excluyente.

La audiencia manda

Gibson no estaba haciendo nada nuevo. Las exhibiciones pre-estreno son el filtro establecido en Hollywood a fin de evitar que la audiencia no se retraiga y que merme la recaudación. Si la reacción es negativa se procederá a cortar o cambiar.

En “La Pasión de Cristo”, como resultado de este test, por ejemplo, se ha quitado una frase con la que el pueblo se hace responsable de la condena de Jesús cuando le dice a Pilato: “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos”. Dicha frase erizó la sensibilidad de algunos grupos judíos porque trae el eco de viejas posturas antisemitas que sostuvieron los cristianos, que acarrearon tanto dolor e injusticia, y que se quisiera ver para siempre erradicadas.

Lo llamativo aquí es que la frase proviene del Evangelio de Mateo (27:24-25). Se podrá argüir sobre la conveniencia o no de llamar la atención a ciertos textos, pero en una película donde la mayor violencia es ejercida por los romanos, aunque los religiosos judíos azuzan el fuego convirtiéndose en los “autores intelectuales” de la condena de Jesús, sólo puede entenderse que se la ha leído desde la perspectiva histórica y no de la trama del filme. Porque leer en este filme una intención antisemita es darle demasiada importancia a los puntos de vista propios de sus críticos. Lo que pasó en el Siglo Primero, pasó. El rechazo a cualquier forma de antisemitismo, como cualquier discriminación, no se logra con el cambio de la historia, sino con la superación de las injusticias.

Si se tratase de un hombre común ¿sería otra la historia?

Si no se tratase de un filme sobre la Pasión de Jesús –en la que el sufrimiento tiene una fuerte connotación teológica- sino de la historia de un hombre desconocido que ha sido condenado injustamente y se nos permite asistir a su juicio, castigo y crucifixión, tendríamos que decir que se trata de un filme sangriento, marcadamente sádico y tendiendo a lo morboso.

SAM PECKINPAH

En ese sentido Hollywood ha dado muestras de cómo, filme tras filme, se puede tensar más la cuerda y aumentar el caudal de violencia. En su momento, el legendario director de cine estadounidense, Sam Peckinpah (1925-1984), en filmes como “La Pandilla Salvaje”(1969) o “Los Perros de Paja” (1971), acentuaba la violencia hasta hacerla inaceptable porque creía que era una forma de producir su rechazo. Más recientemente, Quentin Tarantino (1963–), con su “Reservoir Dogs” (1992) y últimamente con “Kill Bill” (2003), hizo de la sangre una fiesta del desborde de lo grotesco y de la caricatura.

SAM PECKINPAH

La violencia y el sufrimiento

Gibson parece no estar interesado en llamar la atención sobre la locura de la violencia ni para rechazarla o desvirtuarla. Parece más bien interesado en acentuarla, para señalar que el sufrimiento, al que es sometido Jesús, es en sí mismo expresión de su misión. Es como si dijera: cuanto más sufre mejor cumple su tarea. La interminable andanada de golpes que los soldados romanos le asestan a Jesús comienza desde el momento mismo en que lo toman prisionero hasta el instante de ser crucificado. En medio de ello, la larga e interminable escena del azotamiento, donde el cuerpo de Jesús se va como desgajando mientras su sangre brota sin cesar salpicando a los soldados romanos, cuyos rostros se encienden con el brillo del goce sádico.

Como aquí no se trata de una historia sobre la que no se sabe cómo va a continuar. La reiterada violencia de la flagelación, preanuncia una mayor muestra de crueldad en el acto mismo de la crucifixión. La cual se encuentra enmarcada con una banda musical de tono sombrío y envolvente, mientras se resaltan los sonidos de los látigos y el estrépito de las reiteradas caídas de Jesús. Esta crueldad creciente se ve matizada mayormente con recuerdos de las charlas de Jesús con sus discípulos donde se destacan sus exhortaciones al amor y los anuncios de su segura pasión.

Especulando visualmente el dolor

Se podrá decir que Gibson no falta a la verdad al explicitar que los sufrimientos de Jesús en su pasión fueron dolorosos y crueles. Pero, una cosa es explicitarlos y otra usarlos para manipular con una prédica medieval al espectador. Este marcado uso de la sangre, con el sufrimiento, la tradición católica lo ha plasmado en muchas de sus imágenes. Expresa una concepción teológica en la que el sufrimiento -cuanto mayor sea mejor- es motivo de purificación y redención. Al contrario de los Evangelios, cuya sobriedad sobre la pasión de Jesús son muy destacados, aquí el embeleso del sufrimiento por el sufrimiento mismo hace que las imágenes se reiteren y se ahonden en un juego que puede tornase perverso.

Al mismo tiempo, la presencia de María, la madre de Jesús, se destaca como una presencia cálida y una compañía esencial en la vida de Cristo. Más que las palabras comparten miradas que lo dicen todo y unos poco contactos físicos como rozar su mano o besar sus pies. María es una madre cuyo dolor delata su fragilidad, pero fortalece su dignidad porque procura denodadamente estar muy cerca de su hijo. Este tratamiento de la relación madre-hijo preserva una tradición muy cara al pensamiento católico que ha ido elaborando una teología muy particular sobre María y su lugar en el contexto de la salvación.

El diablo andaba por ahí

Otra presencia, no muy mencionada en las críticas del filme, es la de Satanás. Aparece en varias oportunidades, como una pálida figura femenina que mira fuera de la trama de la historia. Husmea en el huerto de Getsemaní mientras Jesús ora para enfrentar su pasión. Como previendo que se avecina un fracaso, augura que ningún ser humano tendrá la fuerza para soportar tal momento. Merodeará luego junto a la multitud teniendo en sus brazos lo que semeja una pequeña criatura pero que resulta ser un enano cuyo demacrado rostro destila en su mirada amarga ironía.

Finalmente, una vez que Jesús ha exhalado su espíritu, aparece emitiendo un desgarrador grito agónico mientras la cámara se va alejando hasta que su figura se esfuma. ¿La culminación del sufrimiento de Jesús es el final de Satanás? Pura conjetura. Un texto probablemente del guionista o el director, deja en claro que esta película no está basada en los Evangelios sino en esta exploración ficcional del eterno conflicto espiritual.

Religión: Cómo ganar audiencia

En la historia del cine muchos intentos se han hecho por plasmar en imagen y sonido el hecho de Cristo. Algunos resultados fueron grotescos, otros simplemente reflejaron una cultura y teología particular. Así se podría hablar desde la propuesta de Cecil B. De Mille con “Rey de Reyes” (1927) hasta como se ha señalado, Pier Paolo Pasolini con su “El Evangelio según San Mateo”. Tal vez lo nuevo en este caso es su marcado acento en la violencia y la sangre, que no se había conocido hasta ahora en este tipo de películas. Llamativamente no es este el motivo de las polémicas que ha suscitado, sino aspectos básicamente ausentes en el filme.

En su momento Martín Scorcese, como se vio, con “La última tentación de Cristo” (1988) había levantado mucha más polvareda siendo acusado de hereje, lo que trató de ser usado como apreciable motivo de promoción. Pero, parece ser que la taquilla no le favoreció demasiado. Para Mel Gibson la reacción polémica ha sido menor. Lo que parece haber atraído grandes audiencias – lo que se traduce en una abundante recaudación- es la descarnada presencia del sufrimiento, la violencia y la sangre. Para algunos, la religión sigue siendo un buen negocio.

El tema del sufrimiento a partir de la persona de Jesús ha tenido un fuerte impacto en su comprensión para la vida en general. El viejo dicho “si sufrimos aquí reinaremos allá”, es como el consuelo que se aduce para soportar las penurias del presente a la espera de una vida venturosa en un difuso más allá. Sería difícil sostener que el centro de lo que significa Jesús, al menos en los textos evangélicos que lo mencionan, este centrado en el sacrificio. La crucifixión y muerte de Jesús refleja el rechazo de un mundo que no puede aceptar su propio egoísmo desnudado por una predica de nueva vida.

Atribuirle a Dios esa intención es una buena manera de quitar responsabilidad a quienes han usado y usan el sacrificio de los pueblos para su dominación, y seguir dando sueños que habrá un futuro mejor ese que nunca llega. +  (PE)

Ecupres publica semanalmente un capítulo del nuevo libro de Carlos A. Valle “El Sonido
de la vida” Si desea recibirlo solicítelo a 
anibal.sicardi@gmail.com.

También puede solicitar copias de los seis capítulos publicados Cuando los principios pretenden ser absolutos; En torno de la realidad y el misterio; Recuerdos y Mandatos; La pasión por la vida; Las fronteras de la vida, Lo incontestable como imperativo, Una persistente presencia

SN 456/19

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