NUEVO SIGLO

Por Ignacio Ramonet

Francia

¿Cuáles son las principales características del planeta en los albores de un nuevo siglo? Estados Unidos está dominando el mundo como ningún otro país jamás lo ha hecho. Ejerce una supremacía abrumadora en las cinco áreas de poder: política, económica, militar, tecnológica y cultural. Acaban de mostrar su hegemonía en el Medio Oriente de tres formas: bombardeando sin una razón seria, Irak y sus pueblos; ignorando (incluso desdeñosamente) la legalidad internacional encarnada por las Naciones Unidas; como meras fuerzas auxiliares a las orgullosas fuerzas británicas

Pero en esta nueva era, tal muestra de poder es engañosa. Estados Unidos no puede ocupar Irak militarmente, aunque técnicamente no le presentaría ninguna dificultad. Porque la supremacía militar ya no se traduce en conquistas territoriales que se han vuelto políticamente inmanejables, financieramente demasiado costosas y mediáticamente desastrosas. Son los medios los que se están confirmando como un jugador estratégico líder. ¿No admitió acaso la Secretaria de Estado Madeleine Albright que “CNN es el decimosexto miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”?

Otra observación: el papel de superpotencia, en la era del neoliberalismo, no les garantiza un nivel satisfactorio de desarrollo humano a todos los ciudadanos. Hay 32 millones de personas en los Estados Unidos cuya esperanza de vida es inferior a sesenta años, 40 millones sin cobertura médica, 45 millones viviendo por debajo del umbral de pobreza y 52 millones de analfabetos …  Dentro de la opulenta Unión Europea, en el momento del nacimiento del euro, hay 50 millones de pobres y 18 millones de desempleados.

A nivel mundial, la pobreza es la regla y la riqueza es la excepción. Las desigualdades se han convertido en una de las características estructurales de nuestro tiempo. Y están empeorando, alejando cada vez más a los ricos de los pobres. Las doscientas veinticinco fortunas más grandes del mundo atesoran más de $ 1000, mil millones de dólares el equivalente al ingreso anual del 47% de los más pobres del mundo (2.500 millones de personas). Los individuos ahora son más ricos que los estados: la riqueza de las quince personas más ricas excede el PIB total de todo el África subsahariana …

Desde principios de siglo, el número de estados ha crecido constantemente, de alrededor de 40 a casi doscientos. Pero el mundo continúa dominado por los mismos siete u ocho estados que lo gobernaron a fines del siglo XIX. Entre las docenas de países nacidos del desmantelamiento de los imperios coloniales, apenas tres (Corea del Sur, Singapur y Taiwán) han alcanzado niveles satisfactorios de desarrollo. El resto permanece sumido en un subdesarrollo crónico.

Y les será aún más difícil salir de él, dado que los precios de las materias primas, de las que dependen esencialmente sus economías, van cayendo inevitablemente. Muchos productos básicos (metales, fibras, alimentos) son ahora menos utilizados o han sido reemplazados por productos sintéticos. Por lo ejemplo, en Japón, cada unidad de producción industrial redujo el consumo de materias primas, en un 40%, con relación a 1973

La nueva riqueza de las naciones se basa en la materia gris, el conocimiento, la investigación, la capacidad de innovar y ya no en la producción de materias primas. En tal sentido se puede decir inclusive que los tres factores tradicionales del poder: tamaño del territorio, importancia demográfica, riqueza de materias primas, ya no son activos sino que, por el contrario, se han convertido en serias desventajas en la era postindustrial. Los estados muy grandes, muy poblados y muy ricos en materias primas (India, China, Brasil, Nigeria, Indonesia, Pakistán, México, Rusia) aparecen paradójicamente entre los más pobres del planeta. La excepción de los Estados Unidos confirma esta norma.

El área del caos generalizado continúa ampliándose, abarcando más y más países con violencia endémica (desde 1989, final de la guerra fría, ha habido alrededor de sesenta conflictos armados que han causado cientos de miles de muertes y más de diecisiete millones de refugiados) o países con una economía permanentemente estancada. Hasta el punto de haber visto (en las Comores y en Puerto Rico, por ejemplo), que los ciudadanos renuncian a la lucha por la independencia y exigen el retorno del poder colonial o su absorción por parte de la metrópoli … El mundo como entidad política ha dejado de existir.

Todo esto atestigua la crisis del estado nación y la política en un momento en que la segunda revolución capitalista, la globalización de la economía y los cambios tecnológicos están revolucionándolo todo y multiplicando a raíz de las fusiones la cantidad de empresas gigantes cuyo peso a veces supera el de los Estados. La facturación de General Motors supera el PIB de Dinamarca; el de Exxon-Mobil supera el PIB de Austria. Cada una de las 100 principales compañías mundiales vende más que las exportaciones de los 120 países más pobres. Estas empresas controlan el 70% del comercio mundial.

Los líderes de estas compañías, así como los de los principales grupos financieros y mediáticos ejercen la realidad del poder y, a través de sus poderosos grupos de presión, imprimen todo su peso a las decisiones políticas. Confiscando la democracia en su propio beneficio.

Más necesarios que nunca, los contrapoderes tradicionales (partidos, sindicatos, prensa libre) son poco eficaces. Y los ciudadanos se preguntan qué iniciativas atrevidas restaurarían, para el nuevo siglo, el contrato social en contra del contrato privado. + (PE/El Grano de Arena)

SN 015/20

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