Entrevista a Milagros Sala (Extractos)

La importante entrevista de Romina Calderaro a Milagros Sala fue editada por Pàgina 12 el 16 de enero de 2020. Publicamos un extracto de esa notable labor periodística..

Desde San Salvador de Jujuy

Hace seis años, cuando no se imaginaba ni en la peor de sus  pesadillas que iba a cumplir cuatro años presa, Milagro Sala vivió un episodio que le dio la pauta de lo que que era capaz de hacer su entonces adversario político y hoy gobernador cuando tuviera el poder en la provincia: la líder de la Tupac Amaru asegura que Gerardo Morales mandó a prender fuego el nicho de su padre al otro día de su fallecimiento y que se lo confesaron unos chicos que le pidieron perdón unos días después. Estaban drogados y les habían pagado. El Papa la llamó entonces para contenerla y recomendarle no responder provocaciones.

Para entrar a su domicilio, el equipo de este diario tuvo que mostrarle su documento a una de las personas que custodian desde una camioneta la puerta de su vivienda.

–Hace poco leí la crónica de un hombre que estuvo diez años preso en dictadura. Dice que aunque los demás le digan que lo entienden, no lo puede entender nadie que no haya pasado por lo mismo. ¿Coincide?

–Sí. A veces dentro de la cárcel uno toma medidas para que la familia no se preocupe por uno. Estar en la cárcel es horribleImaginate a una persona que trabajó toda una vida en lo comunitario y que el carcelero te aísle, no te deje ver el sol o que el director te diga que si se sobra un pedazo de pan es preferible preferible tirarlo que dárselo a alguien que lo necesita. Me aislaban a menudo y cuando yo preguntaba por qué me decían que era porque yo defendía a mis compañeros y en la cárcel los códigos son distintos. Me acuerdo que le dije “yo soy dirigente en la calle, acá, allá y donde sea. Nunca voy a dejar de ser dirigente”. Lo peor de estos cuatro años es que me trataron como un objeto. Y saber que pasan cosas afuera que no podés solucionar desde adentro. Los que te quieren no quieren que te enteres, pero te enterás igual. 

–¿Alguna vez pensó que por hacer la obra que hiciste ibas a cumplir hoy cuatro años presa?

–Nunca. Porque te imaginas que construíamos en base a las necesidades de los compañeros: yo ni siquiera vivía en el barrio de la Tupac de Alto Comedero. Yo trabajé y trabajo para los demás porque lo saqué de Evita. Cuando de adolescente me fui de mi casa para vivir en la calle porque quería valérmelas sola me hice peronista. Por las cosas que viví y que vi. Mi objetivo nunca fue competir con el Estado. Pero hicimos de todo en función de las necesidades: casas, piletas, escuelas, fábricas de ladrillos. Dábamos los medicamentos gratuitos. Y si veíamos que un compañero tenía una enfermedad terminal lo acompañabamos hasta el final. La idea es y fue ser solidario con el otro. 

La casa de Milagro Sala, para quien la conoce de su época de ciudadana libre, sigue siendo comunitaria, pero mucho menos que antes: la acompañan algunos de sus hijos, de sus compañeros, su marido y una gran cantidad de perros adultos y cachorros. Antes, casi se jactaba de no tener intimidad. Ahora, el ingreso está muy controlado.

Si hubiera sabido lo que le iba a pasar. ¿Lo volverías a hacer?

 Lo volvería a hacer porque estoy convencida de que hay que cubrir la necesidad del otro. La gente está esperando que los dirigentes le resuelvan los problemas. Lamentablemente, hay muchos dirigentes que no le resuelven el problema al otro, pero sí el propioLo que más extraño ahora que estoy encerrada en mi casa y lo que más extrañaba en la cárcel es la militancia. Como dice Cristina, no me arrepiento de haber trabajado tanto. De lo que sí por ahí me arrepiento, aunque arrepentimiento es una palabra fuerte, es de haberle dedicado tanto tiempo a la organización y poco a la familia. Porque mis hijos también se dedicaron a militar y quizá nos juntábamos un domingo cada 20 días y una familia “normal” lo hace un poquito más.

–¿Qué o quiénes la sostuvieron fuera de la cárcel y en su detención domiciliaria?

Me mantuvieron viva, a pesar de mis dos intentos de suicidio –muestra las marcas en las muñecas– los compañeros que estaban resistiendo y, sobre todo, mi familia. Y el esfuerzo de muchos compañeros que no se entregaron al gobierno de turno y prefierieron militar y buscar una changuita. Eso fue sacrificado. Muchas noches me pongo a pensar en los que no me traicionaron.

–¿Algunos sí lo hicieron?

–Sí. Pero algunas traiciones son entendibles y otras no. A algunos les apretaron demasiado a la familia. Pero otros negociaron la libertad y se beneficiaron y jodieron a  5000 compañeros de la organización Tupac Amaru  que tenían un trabajo seguro por el que cobraban todos los meses. Pensá que éramos la tercera fuerza de la provincia que ofrecía trabajo genuino y estos compañeros pensaron en ellos mismos. Está bien, cada uno elige dónde quiere estar. No los culpo ni les tengo rencor. + (PE/Página 12)

Imagen Adrián Pérez

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