LEVANTAMOS NUESTRAS VOCES JUNTO A LAS MUJERES DEL MUNDO

Desde la Pastoral Social Evangélica

Como mujeres con una identidad profundamente evangélica, mujeres que participamos activamente en las comunidades que integran la Pastoral Social Evangélica, quienes le imprimimos a la misión de la Iglesia una dinámica que tiene rostro de mujer, levantamos nuestra voz de cara al 8 de Marzo, Día internacional de las Mujeres Trabajadoras.


Como trabajadoras estamos convencidas que la vida abundante que Jesús nos propone, es una vida libre de toda violencia y de estructuras que amenazan nuestras vidas y libertades. 

Con oración en los labios, levantamos nuestras voces junto a las mujeres del mundo, que hoy se levantan contra el sistema patriarcal, capitalista y toda política neoliberal que convierte a cada una de nosotras en el blanco donde hay que disparar.


Levantamos nuestras voces para gritar sin miedo que nuestros cuerpos no soportan más la violencia machista, ni estatal, ni judicial. Que para que el Ni Una Menos sea posible, necesitamos una intervención útil del Estado, dando respuestas concretas ante cada situación de violencia, declarando la emergencia en violencia de género, creando junto a las mujeres las leyes necesarias e implementando las ya existentes, para garantizar derechos, protección y seguridad a todas, sobre todo a las niñas y adolescentes que deben tener una infancia y adolescencia libre de toda discriminación y violencia y no ser obligadas a ser madres.


Llenas de un espíritu profético, levantamos nuestras voces contra la feminización de la pobreza, el empleo precarizado, porque creemos que los trabajos de cuidado que realizamos en nuestros espacios socio-comunitarios y hogares, no solo es amor, sino que es también trabajo no pago, que debe ser reconocido y bien remunerado por el Estado.


Creemos que las comunidades evangélicas y los diferentes credos, debemos sentirnos interpelados/as ante los abusos que sufrimos las mujeres, los femicidios de cada día y hora, asumiendo un mayor compromiso en la promoción y defensa de los derechos de las mujeres que no gozan de los derechos fundamentales para vivir con dignidad ni tienen privilegios. Mujeres migrantes, originarias, campesinas y trabajadoras de la economía popular… las olvidadas de nuestra historia.


Animamos a nuestras comunidades, donde cultivamos nuestra fe, donde compartimos el amor que Dios derramó sobre nuestras vidas, las que sostenemos con nuestra oración, trabajo y servicio, a repensar la vida y misión de la iglesia, a leer e interpretar el mensaje de Jesús y toda la escritura con la mirada de las mujeres latinoamericanas, para construir comunidades de amor que siembren el germen que crea nuevas relaciones humanas y sociales, donde la vida de las personas entre sí, de ellas con la creación y con Dios, tiene como base el amor.

“Mujeres nuevas, amando sin fronteras,/por encima de razas y lugar.

Mujeres nuevas, al lado de las pobres/compartiendo con ellas techo y pan”. + (PE)

Nota La declaración está acompañada de numerosas firmas personales e institucionales.

SN 081/20

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