RIESGO

“¿Bailamos?” es una agradable película cuyo personaje principal es John Clark. Casado.  Ama a su esposa. Buen padre de una mujer y un varón, ya jóvenes. Abogado, siente su profesión. Adicto al trabajo. Llega un momento que percibe su vida como una constante rutina. No hay emoción. Algo le falta.

Es atraído por un aviso para aprender a bailar. Se anota Se entusiasma. Va todos los miércoles después del trabajo. No se atreve a compartirlo con su esposa. Cree que la puede lastimar. Obvio, ella comienza a preocuparse por ese cambio de su tan previsible esposo. Contrata un investigador privado quien le trae lo único que descubre, John va a aprender a bailar y tiene nuevos amigos.  Todo se enreda. La esposa ofendida porque no sabía nada. El aprende que subestimó a su compañera. Necesitaban conocer sus escondites interiores. Luego, ambos bailan ferozmente.

John arriesgó. Cambió el juego de vivir con lo que le enseñaron desde niño. Alcanzó lo que el sistema le propuso que debía hacer. Sin embargo, quedó a la deriva y no se animaba a preguntarse sobre sobre su interior. Tampoco quería seguir aumentando las excusas para mantener la rutina dónde desaparecían los sentimientos. Se veía como un enterrador propio, sepultero personal en el cementerio de su existencia.

El coronavirus, ese visitante no invitado, está desarmando lo que creíamos imposible de desarmar.  Ahora nos aísla. Aparecen muchas opciones para evitar el aburrimiento. Computadora, televisión, también libros. Lanzan propuestas, capas que se turnan para evitar encontrarnos con nosotros mismos. Son las respuestas del sistema cuando, en realidad, estamos en la etapa de las preguntas.

Jesús se encuentra con un joven nacido ciego. Los discípulos le preguntan si fue así porque él hizo algo malo o porque sus padres hicieron algo mal. De cajón la creencia habitual. Jesús no se engancha. Sabe de la potencialidad interna de esa persona. Utiliza las herramientas de aquel tiempo y le da la vista.  El ciego surge como un personaje que se las trae. Desconcierta. La gente se pregunta si es el mismo que pedía limosna. Produce una revolución. Ante el hábito repetitivo  Jesús crea una nueva situación.  Arriesga.

El corona se quedará por un buen tiempo. Cala hondo. Habrá cambios de conductas. Personales e institucionales. Locales e internacionales. Cuestiona nuestro orden. Si aceptamos el riesgo de reconocer nuestras cegueras descubriremos que ese orden es un caos. Y, claro, tenemos razón, ver es un peligro.

El mundo en el cual vivimos es extraño a lo humano. Por un tiempo podemos negociar, pero el reclamo es ir mucho más allá de las negociaciones. Salir del juego de la esclavitud. ¿Bailamos?.  + (PE)

SN 099/20

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