El silencio del 24 de marzo

Por Anibal Sicardi

Bahía Blanca

A partir del 76 el 24 de marzo siempre presentó movimientos con palabras y acciones.

Desde el principio realizados en la clandestinidad, rodeado de peligros, a las multitudinarias marchas de Plaza de Mayo, las de cada ciudad al surgimiento de localidades de pocos habitantes que recordaban sus desaparecidos y militantes.

Hoy, 2020, nos acompaña el oportuno silencio. No total pero si imperante. Los blancos pañuelos en las ventanas serán los simbolos reinantes.

Nos atrevemos hablar de “oportuno silencio” porque quienes vivimos con intensidad esos 24 necesitamos un reposo. Momentos de intimidad con los recuerdos, vivencias y dolores. Reflexión de nuestro lenguaje. Visilizar las nuevas generaciones para aprender el cómo transmitir lo que ocurrió.

Victoria Montonegro, quien està publicando su autobiografía Hasta ser Victoria (Marea Editorial), habla de la necesidad de pensar la figura del “Bisnieto” de Abuelas de Plaza de Mayo, “la nueva generación que impulsa la reconstrucción de la Identidad y la Memoria”, en una creativa entrevista en APU /Agencia de Noticias Paco Urondo) bajo la autoría de Mariano Dorr.

Los “bisnietos” de las Abuelas, son “los “nietos” de las y los desaparecidos, que hoy pueden llegar a ser muy significativos a la hora de reconstruir la Memoria. “Esos chicos y chicas de dieciocho, veinte años, y tienen madres o padres nacidos entre 1975 y 1980 que dudan de su identidad, pero no se han animado hasta hoy a dar el paso hacia la recuperación de su identidad”

Junto a ellos se encuentran los padres y madres que silencian o están contra de ese recuerdo fundamental de la historia argentina. Una minoría pertenecen a esas personas que hoy quiebran la cuarentena y son, creo, imposible de que revean sus vidas. Otros, otras, la mayoría, porque han sido “apropiados” por los poderosos que vienen mintiendo desde la historia primigenia del país.

Montonegro, Victoria, menciona su caso particular. Apropiada, recibió lo que le decían en esa familia. Lògico, lo creyó.Cuando le informaron que su padre había aparecido en Uruguay entre los arrojados al mar no lo podía creer. Viajó para verlo. Solo se convenció cuando le mostraron el ADN. Luego paso un proceso más o menos largo hasta asimilar la verdad.

El silencio habla. Los y las militantes tenemos la responsabilidad de escucharlo, También incorporar en una mirada (¿nueva?) a todas y todos los apropiados por la falsedad. Tarea difícil pero necesaria. Somos responsables de crear una historia distinta. Tenemos un Gobierno que tomo al Minotauro por las astas. Apuesta romper el juego de las repeticiones. Pone límites a lo viejo Apostemos a lo nuevo. Tenemos nuestro ADN. No aflojemos + (PE)

Foto Agencia EFE

SN 101/20

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