Una cerveza con el Negro Fontova

Por Víctor Hugo Morales

Buenos Aires

Entro al CAFF. Está el Negro Fontova. Caramba, ya empezó. Pregunto si van muchas canciones. “La segunda”, me dicen. Mesa cualquiera, cerveza y participo del primer aplauso.

En el entusiasmo, un habitué, un cofrade, exalta: “A este Negro hay que hacerle un monumento”. Entonces porque sí, para no olvidar, escribo en una servilleta: “Hay tipos que son pueblo”… artistas del pueblo.

Al cabo, me fui sin saludarlo después del bis final. Ahora duele el abrazo que me perdí por eso del apuro, del asunto de no acostarse tan tarde. Un ratito más que me hubiese quedado, y tenía el abrazo aún tibio del Negro que este lunes nos duele. 

Pensé en el último escenario que lo vi, porque me parece ver al mismo fanático del clásico “no te mueras nunca”. Y miro para el costado, para hacerme participar de la ofrenda, del amor por el artista ¿Cómo pensar que sí, que el Negro se moriría pronto, unos meses después apenas?

Ahora es un hombre congelado en el recuerdo que acaricio, en la frase peleadora que siempre inauguraba los encuentros… su fastidio por los bravucones del poder; su gracia para decirlo, en cualquier escenario donde había laburantes protestando, o donde hubiera pelea por los Derechos Humanos, o por el arte, nomás.

No lo veo morir de otra forma que no sea con una sonrisa. Una forma socarrona de estar en el canto, en la vida, en la política, en lo humano. 

Temprano se fue. Ahora se es joven a esa edad. El futuro ya no Negro, pero el pasado, lo bailado, lo dado, el amor por la vida y por los otros, todos sabemos que fue bueno, divertido, desafiante. Y lo que sufriste, se ve que lo guardabas bien, porque no lo vimos.

Vuelvo al CAFF, estás ahí. Me tomo la cerveza. No sé bien si ahora me lo invento. El vaso en alto, vos envolviendo la guitarra, y las cabezas de tu público llenando la sala. Una burbuja.

No te tenías que morir nunca, de veras. Pero no hay caso. Es así.

Me debés unas cervezas, algunas canciones más. La ventaja de ser un hombre de radio es que puedo volver a vos cuando se me antoje, para que lo sepas. Y andate tranquilo. A los bravucones, al final les ganamos una con vos en el primer lugar de las listas de todas las luchas. (PE/Página 12)

Imagen: Bernardino Avila

SN 174/20      

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