VOCES DE LA VIDA. Capítulo III. La Fuerza del Pensamiento Débil

Hoy sé que así tratabas de explicarme que el mundo es demasiado grande para nuestra nostalgia. Mario Payeras

    Nostalgia es un archivo que remueve las asperezas de los buenos       viejos tiempos. Doug Larson

VATTIMO, 80 AÑOS

Por Carlos Valle

Buenos Aires

Yendo de un muy conocido escritor que ha sostenido que la religión es un fraude para con la sociedad, como se describe a sí mismo Fernando Vallejo, es valioso escuchar ahora a quien proveniente de la Universidad de Turín y posteriormente de Heidelger. Su pensamiento ha estado marcado por Heidegger y Nietzche, cuya influencia sigue pesando en su trabajo. Como académico ha compartido su visión de la filosofía en muchas partes del mundo. Pero, no solo la tarea docente le domina. Por un buen tiempo se dedicó a la política en partidos de la izquierda italiana en el Parlamento Europeo.

Su trabajo como filósofo se ha visto reflejado en diversas obras en las que ha volcado su preocupación e interés por una comprensión del mundo despojado de concepciones que ignoraban el desarrollo del mundo filosófico. Igualmente descree de visiones dominadas por una mirada dominada por una teología concebida como dueña de la verdad.

Gianni Vattimo, de vieja raigambre católica, concepción religiosa que pareció abandonar en un momento de su vida, ha vuelto a retomarla centrándose en los fundamentos de la fe cristiana que, ahora, intenta conjugar con su experiencia y madurez filosófica. De esos acercamientos se comparten algunos ejemplos de su pensamiento, porque parecen expresar de una manera particular la experiencia, no siempre claramente expresada, como en este caso, de quienes han claudicado de su fe pero, de la que no logran desprenderse del todo o intentan con cierta nostalgia volver atrás Por cierto, sus puntos de vista son controversiales, porque buscan rescatar su experiencia pasada y recrearla con nuevos matices.

Fue en 1983 que Vattimo lanzó su controvertida idea de que a todos los absolutismos o posturas metafísicas, que suponen la existencia de una verdad única, hay que contraponerles el hecho de que no hay certezas inamovibles porque las verdades son parciales y relativas. Reflexionar sobre esta constatación está en la base de lo que llamó “pensamiento débil”.

En el mundo presente, ha manifestado, nos enfrentamos al hecho de que: “La especialización de los lenguajes científicos, la multiplicidad de culturas (que el mito eurocéntrico del progreso ya no unifica jerárquicamente), la fragmentación de los ámbitos de la existencia y el pluralismo babélico de la sociedad de la modernidad tardía han hecho realmente impensable un orden unitario del mundo; han caído en descrédito todos los metarrelatos, que pretendían reflejar la estructura del ser”

Pero todo esto para Vattimo no es una tragedia sino la oportunidad para entender que el ser es acontecimiento y lo es en su relación con el otro. Una relación en la que la libertad adquiere una enorme dimensión. Así es posible ver que no hay un único curso de la historia, porque mi comprensión de los hechos es una mirada parcial desde una perspectiva particular.  Lo que inevitablemente lleva al reconocimiento de las diversas culturas y las diversas historias desechando “la idea de una única civilización humana de la que Europa sería la guía y el punto culminante.”

Es importante destacar que Vattimo reconoce una gran influencia de la tradición católica romana en su formación a la que se siente deudor. Quizás por ello, buena parte de su renovada mirada sobre la religión denota -no obstante sus reiteradas críticas- una respetuosa mirada para con la iglesia institución. Hasta dónde este vínculo afectivo y crítico ha influenciado en su pensamiento se convierte en un juego dialéctico donde se podrían dar argumentos a favor y en contra.

NIETZCHE

Vattimo insiste en que su pensamiento ha sido fuertemente influenciado por Nietzsche y por quien llama su maestro, Martín Heidegger. Para él ambos le han ayudado a reencontrar el cristianismo en la fórmula que dio título a uno de sus libros, Credere di credere  (Creer que se cree). Esa mezcla de convicción y de incertidumbre. 

La reiterada y tergiversada afirmación de Nietzsche: “Dios ha muerto”, para Vattimo solo significa que no hay fundamento último. Nietzsche no busca decir que Dios no existe y, para Vattimo, tampoco lo puede constatar porque esta manera debería decir que “conoce la verdadera estructura de lo real”. En esta misma línea rescata el pensamiento de Heidegger en su rechazo de la idea de una metafísica objetiva, estable. No es posible pensar el ser en términos de una metafísica objetivista.

HEIDELGER

Una vez que se reconoce que la estructura metafísica de lo real no es posible, hay que aceptar que no se puede hablar de un Dios fundamento último. ¿Significa eso que ya no solo no es posible creer en Dios o simplemente hablar de Dios?  Para Vattimo, una vez que se ha llegado a ese punto “es de nuevo posible creer en Dios”. De ahora en más, esta fe posmoderna tiene “los rasgos de la conjetura, de la apuesta arriesgada… de la aceptación por amistad, amor, devoción, piedad”

Adentrarnos en el horizonte de este rico pensamiento excede los escasos límites de este capítulo, pero es suficiente para preguntarse si desde la filosofía se está en mejores condiciones que desde la teología para indagar y bucear en la reflexión, la crítica y la búsqueda. La teología ha mostrado un marcado carácter apologético, más bien a la defensiva, lo que pareciera limitarla en los alcances de sus preguntas y en el temor a sus vacilaciones y a sus autocríticas.

Igualmente habría que preguntarse si la teología -como lo plantea otro filósofo italiano, Franco Volpi, para la filosofía- no debería llegar a la convicción que todos los verdaderos problemas teológicos “no tienen solución sino historia.”

Vattimo desafía a aceptar que vivimos en un mundo multicultural, multipolar donde el respeto de la libertad del otro juega un papel central. Hay que desechar todos los dogmatismos, porque detrás de ellos se sostiene un orden autoritario. Libre de ataduras metafísicas absolutistas es posible iniciar el camino para mirar con nuevos ojos a la vida. Ya decía Wittgenstein: “La filosofía es una batalla contra el embrujamiento de nuestra inteligencia por medio del lenguaje.”

¿SE LLEGA SER  LO QUE SE ERA?

En ese peculiar mundo italiano donde comunismo y catolicismo pueden convivir en una misma persona, G. Vattimo ha desarrollado su compromiso religioso y político. Por un lado, se considera un hijo de las instituciones religiosas -“un santito. Misa cada mañana”- con activa colaboración en la Acción Católica hasta su expulsión, que él la atribuye a sus relaciones con los sindicalistas y a su participación en las huelgas obreras. “El 13 de marzo de 1968 –inolvidable- me desperté maoísta.”, recordaba en  “No ser Dios”.

En Ecce Comu concentra un manojo de reflexiones sobre el deterioro del ejercicio democrático, la degradación de la política a manos del economismo y, en estos últimos años, un “espíritu de resignación pasiva”. Describe mayormente la situación vivida en su país y su relación en el panorama europeo, sin dejar de lado la creciente dependencia de los Estados Unidos. Sin duda sus reflexiones no son ajenas a situaciones locales.

EL PAPA HABLO POR TELEFONO CON VATTIMO

Vattimo lo ha escrito antes de que se desatara la crisis que, en mayor o menor medida, ha afectado al mundo entero. Aunque él no lo predijo hay muchos elementos políticos, económicos y sociales en este proceso de la globalización que han ido afectando el desarrollo de lo que llama “una sociedad libre”. Hay que ver de un modo realista “el fracaso del capitalismo y de las democracias formales que lo sustentan en el plano institucional” (p.123) porque nos involucra como seres humanos en nuestros afectos y sueños (p.28). Critica fuertemente a la derecha, pero también a la izquierda de la que se siente parte, pero que ha ido desdibujando su carácter radical.

¿Hay que volver a las utopías cuando se constata “el fracaso de las virtudes salvíficas del capitalismo y de la economía de mercado” (p.106)?  Vattimo habla de ideales y de la necesidad de pensarlos como la búsqueda de una sociedad “justa” a la que no hay que considerarla como perfecta sino abierta a la transformación. Él piensa que esos ideales se reflejarían en un comunismo “auténtico”. Un comunismo que no tiene las posibilidades de “instaurarse en un futuro previsible” (p.123), pero por el que cree vale la pena comprometerse “manteniéndolo vivo y visible”. Esta propuesta, dado los trasfondos históricos que tiñen su comprensión, podrá producir más de un rechazo. Sin embargo no podrá dejar de reconocerse que vivimos en un mundo injusto cuyos ideales democráticos no han forjados la solidaridad y el compromiso sino más bien han aumentado las desigualdades.

El mantenimiento de tal situación ha hecho que el control de la sociedad haya ido en aumento. En los últimos años se ha incrementado una alerta sobre peligrosos terroristas y la necesidad de extremar la seguridad, que ha ido provocando una creciente sensación de inseguridad y temor. Lo que ha llevado a que, en nombre de la libertad y de la democracia, para responder a esta necesaria protección, se hayan generado barreras de seguridad que atentan contra la libertad, se ejerza el control de las personas, y se establezcan estrategias para la manipulación de los medios de comunicación (p.101).

Para Vattimo lo que está sucediendo en algunos países de América Latina, como Venezuela y Cuba, lo percibe como “una democracia de alta energía”, que rompen con tradicionales formas de entenderla. Sabe que estos proyectos no son bien recibidos en Europa o Estados Unidos. Pero, al preguntarse sobre el futuro del Occidente “democrático”, percibe que el futuro no parece muy venturoso. Todo parece indicar que los tentáculos del poder requieren una “guerra infinita”, porque, entre otros, los recursos elementales como el agua serán presa apetecible y los derechos de la propiedad intelectual serán usados como un arma que privará de medicinas, información y acceso a quienes no tengan los recursos económicos para su uso.

El elemento religioso, aunque brevemente mencionado, está en el trasfondo de su pensamiento. Este “catocomunismo”, que está deviniendo “cristocomunista” encapsula su visión del cristianismo como “comunidad de los cristianos”, que podría unirse un día con las grandes religiones y dar voz “a las esperanzas del comunismo –sí, justamente- que ya pertenecieron a la fe y práctica de los primeras comunidades cristianas” (p.10)  Para Vattimo, este “comunista hormonal”, como se llama a sí mismo José Saramago, la izquierda necesita “escuchar y descifrar el signo de los tiempos con el vigor de una empresa colectiva” (125).

Se podrá concordar o discrepar con Vattimo, pero habrá que reconocer con Heidegger “No hay hechos, solo interpretaciones; y también esta es una interpretación”.

LA NOSTALGIA DE NO SER DIOS

“La verdadera muerte escandalosa que debemos soportar no es la nuestra, sino la de nuestros seres cercanos.” Su autobiografía ha dado lugar a la confesión.

Al cumplir sus 70 años Gianni Vattimo en dialogo con Piergorgio Paterlini comparte muchos momentos de su vida en los que se entrelazan sus seres queridos, sus pasiones filosóficas, sus compromisos políticos. Paterlini la ha modelado como un íntimo monólogo donde la nostalgia perfuma cada recuerdo.

Vattimo se considera un hijo de las instituciones religiosas -“un santito. Misa cada mañana”- con activa colaboración en la Acción Católica hasta su expulsión, que él la atribuye a sus relaciones con los sindicalistas y a su participación en las huelgas obreras. Su compromiso religioso y político se desarrolla en ese particular mundo italiano donde el comunismo y catolicismo tienen su cabida en la misma persona. “El 13 de marzo de 1968 –inolvidable- me desperté maoísta.”

A este joven espíritu inquieto su profesor le incita a leer a Nietzsche. Heidegger acababa de dedicarle dos grandes volúmenes. Su lectura se convierte en “una iluminación., una auténtica conversión.” Ve en la filosofía del Ser de Heidegger no solo una perspectiva filosófica sino también “existencial y política, de libertad, de liberación.” Se convertirá en el hilo conductor de todo su trabajo filosófico.

En 1979 Vattimo lanza su controvertida idea de que a todos los absolutismos o posturas metafísicas, que suponen la existencia de una verdad única, hay que contraponerles el hecho de que no hay certezas inamovibles porque las verdades son parciales y relativas. Reflexionar sobre esta constatación está en la base de lo que denominó “pensamiento débil”. Un pensamiento que cosecha seguidores y detractores. Las grandezas y las miserias de los académicos se ponen a la vista. Su humilde origen aparece como una carga que no se puede abandonar.

Vattimo a sus 70 años, se siente libre para desnudar su pensamiento y sus sentimientos. Después de largas décadas de investigación y estudio no duda en compartir abiertamente sus propias flaquezas, sus temores, su orgullo y sus vacilaciones. Por eso puede decir: “El resultado es que el Ser para Heidegger, bien… a decir verdad no sé demasiado bien qué es, ni siquiera él lo sabe, lo que sabe con certeza es que no puede ser un objeto.”

Gianpiero y Sergio, los compañeros de su vida por los que sentía un intenso amor, aparecen a cada paso. El dolor de la pérdida de ambos, uno por un cáncer agudo el otro por causa del sida, no lo abandona. El relato de sus últimos momentos es conmovedor. Soledad y muerte son heridas hondas que no cierran y se cruzan a cada momento en el relato. No importan su creciente prestigio académico, sus compromisos políticos, su elección como parlamentario europeo. Esas sombras se repiten como una escondida pregunta que se sabe sin respuesta. Por momentos pareciera querer contestarla con el acento en la importancia  que Heidegger  le dio al Ser como diálogo, tal como insistía Hölderlin. Vattimo prefiere hablar de “conversación.” Un consenso solo es posible en el diálogo, y dialogar es reconocer y respetar al otro en su propia libertad. De manera que para él hay verdad cuando nos ponemos de acuerdo en que la verdad es “un mensaje histórico”.  Por eso, siguiendo a Heidegger, sostiene que el ser acontece en el lenguaje, pero añade, en el lenguaje de la conversación.

Vattimo reconoce una gran influencia de la tradición católica romana en su formación a la que se siente deudor. Quizás por ello, buena parte de su renovada mirada sobre la religión denota -no obstante sus reiteradas críticas- una respetuosa mirada para con la iglesia institución. En la última etapa de su vida – “la más escandalosa”- vuelve a ser cristiano. Para él “Jesús es el gran desacralizador de las religiones naturales.” Por eso demuestra que Dios no quiere sacrificios. Jesús es crucificado “porque desmiente el mecanismo victimario.” Sus sólidos argumentos filosóficos parecen evaporarse al aceptar considerar a Jesús como Dios “sólo podía proceder de una sabiduría no humana.” Hasta dónde este vínculo afectivo ha influenciado en su pensamiento crítico se convierte un juego dialéctico de argumentos a favor y en contra. “Muchos me acusan de haberme diseñado un cristianismo a mi gusto. ¿Y…? ¿Tendría que vivir según una religión que me disgusta?”

Vattimo se ha sentido siempre movido a la caridad. “Siempre pienso que debo proveer, proveer a todo el mundo. Soy el que provee; entonces, soy dios.” Hay un marroquí a quien ha estado ayudando por un largo tiempo. Varias veces estuvo tentado a dejar de hacerlo, pero no lo ha logrado.  “Va, sí… mañana lo dejo, dejo de hacer de dios.” + (PE)

Publicamos el Tercer Capítulo de “Voces de la Vida”, el nuevo libro de Carlos Valle.

Los capítulos uno y dos se editaron el  26 de junio, despacho SN 269/20 y el 3 de julio, despacho SN 276/20. Se publica semanalmente los días viernes.

SN 283/20

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