VOCES DE LA VIDA. Capítulo IV. Las cuentas con Dios.

“Durante siglos, la razón humana ha sido amordazada por la intolerancia y el fanatismo religioso.” Ismael Leandry Vega

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          Los lugares más calientes del infierno están reservados para aquéllos que, en tiempos de grandes crisis morales, mantienen su neutralidad. Dante Alighieri

Por Carlos Valle

Buenos Aires

Hay muchas maneras de reaccionar en relación con la religión. Los casos ya considerados son solo ejemplos que ilustran visiones que pueden o no compartirse, pero que no pueden considerarse con indiferencia. Siempre está presente la pregunta ¿Qué es lo que lleva a una persona a optar por visiones que rompen con los moldes tradicionales e hieren convicciones arraigadas en la sociedad? Desechar opiniones que no nos agradan muchas veces se hace sin claras consideraciones. Mayormente son reacciones emocionales que se procura dejar rápidamente de lado. Sin embargo, es valioso detenerse, al menos por un momento, para trata de conocer la razón de quienes manifiestan opiniones que desechamos de antemano. Puede ayudar, al menos, en dos sentidos. Por un lado, para comprender ideas que no se aceptan y las razones que llevan al rechazo. Pero, por otro lado, ayudan a mirar la propia razón de las bases en que se funda la propia opinión. Muchas veces la opinión propia tiene bases muy débiles y tienden a desfigurar la postura de los demás y, por supuesto, la propia.

Relativicemos verdades, propias y ajenas

La relatividad de las verdades y la necesidad de ejercer un evaluación de las mismas, es una práctica saludable que cubre ambos aspectos de la vida: el propio y el de los demás.

CAIN ABEL F E McWilliam Irlandés

La historia está plagada de la intransigencia de aquellos que, apelando en muchos casos, a razones teológicas, degradaron y atentaron contra la vida de quienes consideraron sus enemigos y que merecían ser asilados o eliminados. Hay un hecho real que tiene que ver con la provisionalidad de nuestra comprensión de la vida, del mundo y también de los otros seres humanos. ¿De dónde ha surgido ese rechazo al otro que se dibuja de muchas maneras, ya sea por el color de su piel, por ciertos rasgos físicos que son diferentes a los propios y muchas otras cosas más?

El reconocimiento de la diversidad ¿por qué se traduce en rechazo o desprecio? ¿Cuáles son las razones que abonan tales hechos? Para algunos hay razones históricas basadas en la necesidad de preservar los territorios que comprendían su hábitat y el de quienes se cobijaba en ese entorno. El sentido de pertenencia y el poder que emanaban del mismo, parece haber ido delineando la distancia entre lo propio y lo ajeno. Pero eso, indudablemente no era todos.

Empezando por la realidad de la naturaleza circundante que, por si misma daba fuertes señales de superioridad y e independencia de los deseos de los seres humanos. La naturaleza tiene sus ciclos, los astros se muestran inmanejables. Las lluvias, el día y la noche, se producen sin intervención humana, con total independencia. De manera que a esa superioridad e independencia se le presentan otras realidades que no quedan más que reconocer, quizás a regañadientes, su inmensa superioridad y libertad que produce que la independencia sea relativice por más que se intente sojuzgarla.

¿Cómo se produce el paso del reconocimiento de la independencia del contorno para pasar a pensar que quizás se trata de verdaderos seres a quienes hay que conocer y respetar? Algunos astros prefiguraron fuerzas que ejercían distintos poderes y  delineaban una personalidad que, de alguna manera, reflejaba los mismos condimentos de la personalidad humana. Por supuesto, siempre en asombrosas dimensiones. En muchas partes esos dioses tenían un ámbito delimitado en su alcance, posiblemente a la medida del mundo que imaginaban los pueblos.  Po otro lado, todos los poderes atribuidos en ciertas culturas se refieren a una especie de corte de dioses  que poseen atributos particulares o que actúan en conjunto. La antigua religión griega era politeísta y sus dioses son poderosos, decisivos en la vida del mundo y de los seres humanos, pero inmersos en el cosmos, y de allí sus limitaciones

El alcance de los dioses

Está fuera del objeto de este trabajo entrar en detalles sobre la compleja y variada historia acerca del surgimiento de los dioses y el alcance y contenido de sus poderes. Lo que se puede decir es que la historia de Occidente está fuertemente determinada por la influencia que proviene del judaísmo, la creencia en la existencia de un solo dios que no tiene fronteras. Ese Dios que configura al monoteísmo fue una determinante que marcó la vida del pueblo de Israel y que el cristianismo asumió como una plena herencia.

De todas maneras,  el hecho de Jesús  y el atribuido carácter de hijo de Dios, introduce un elemento que, sin reformar la noción de un único dios adiciona elementos sobre lo que sería la esencia de Dios mismo, que parecen modificar esa comprensión. Entender a la persona de Jesús con atributos propios de Dios mismo introduce una dimensión que se va acentuando en la historia de la teología cristiana. Se va enfatizando la afirmación de que Jesús era completamente divino y completamente humano.

¿Quién es Jesús?

Hay quienes afirman que Jesús es Dios en carne humana. Sostienen que no es mitad Dios y mitad hombre. Él es completamente divino y completamente humano. Esto quiere decir que Jesús tiene dos naturalezas: divina y humana, las dos naturalezas de Jesús no están mezcladas ni están combinadas en una nueva naturaleza Dios-hombre. Están separadas pero funcionan como una unidad en la persona de Jesús. Esto es llamado La Unión Hipostática.

PROMOVIDO JESUS-POSIBLE PERFIL

Uno de los errores más comunes que se comete, según los que sostienen este punto de vista, es  no entender las dos naturalezas de Cristo. Por ejemplo, los Testigos de Jehová se enfocan en la humanidad de Jesús e ignoran su divinidad. Ellos repetidamente citan versos que tratan con Jesús como hombre y buscan ponerlos en contra de aquella escritura que demuestra que Jesús es además divino. Por otro lado, la Ciencia Cristiana hace lo opuesto. Ellos se enfocan en las escrituras que demuestran la divinidad de Jesús hasta el punto de negar su verdadera humanidad. 

Se mencionarán, al modo de ejemplo, tres conocidas posiciones que surgieron en la historia del cristianismo. Se puede comenzar por el nestorianismo, originada por Nestorio patriarca de Constantinopla en el IV siglo. Argüía que hay dos naturalezas en Cristo, dos personas distintas, de manera que Cristo llega a ser un portador de Dios. Por eso pensaba que no se podría hablar de María como la madre de Dios, sino la madre de un hombre. Esta posición fue rechaza prontamente en el Concilio de Éfeso (431)

Por su parte, el llamado monifisismo, pensamiento elaborado por el monje Eutiques, se desarrolla entre los siglos V y VI. Creían que solo había una naturaleza en Cristo: la divina. No obstante ser condenado el monofisismo en el Segundo Concilio de Constantinopla (553), tuvo apoyo entre los cristianos coptos en Egipto y su pensamiento aún persiste. Como tercer ejemplo, se puede mencionar el monoteísmo, que sostenía que en Cristo hay dos naturalezas pero una sola voluntad.

Esta breve descripción de posturas acerca de quién es Cristo puede ayudar a comprender la complejidad a la que se vio envuelta la historia de la interpretación teológica, seguramente influenciada por las diversas tradiciones filosóficas que pujaban por imponerse en el mundo de aquella época. Se puede indagar hasta qué punto su ascendiente cooperó a determinar una visión de la persona de Jesús, a la vez que definir una comprensión de Dios mismo. Esta variada visión del significado de Cristo marcó en buena medida el desarrollo de la teología cristiana en el mundo occidental.

Las reacciones variadas a estas perspectivas han producido variadas posiciones. Están quienes niegan cualquier noción de Dios y de su relación con una persona que predicaba en los pueblos de Palestina. En muchos casos, no se le niega los valores de su prédica, como un mensaje ético al que no cabría adosarle atributos divinos de cualquier tipo.

Se podría hacer una larga lista de pensadores y filósofos que, de una manera u otra, estaría acompañando estos pensamientos en mayor o menor medida. Se podría citar, por ejemplo, a George Carlin, un agudo humorista estadounidense que en una de sus presentaciones decía: “La religión es probablemente el cuento chino más grandioso jamás contado. Piensen en esto: la religión realmente ha convencido a la gente de que hay un hombre invisible… que vive en el cielo… que observa cada cosa que hacemos, cada minuto de cada día. Y el hombre invisible tiene una lista de diez cosas especiales que no quiere que hagas. Y si haces alguna de estas diez cosas, tiene un lugar especial lleno de fuego y humo y quemazón y tortura y angustia donde va a enviarte para vivir y sufrir y quemarte y atragantarte y gritar y llorar para siempre hasta el fin de los tiempos… pero te ama.”

Se puede considerar esta descripción como una ácida posición que refleja descarnadamente el pensamiento de muchos que se sienten lejos de los pensamientos tradicionales que muchas veces emanan de círculos religiosos.

Un escritor de fuertes convicciones

 A modo de síntesis, se buscará aquí hacer mención a un escritor que puede ayudar a indagar en este complejo mundo de creencias, tal vez de una distinta perspectiva. Se trata de José Saramago (1922-2010) nacido en Portugal en una familia de padres campesinos, situación que influenció mucho en su pensamiento. Trasladados a Lisboa llegar a estudiar en una escuela técnica que puede concluir por los escasos recursos de sus padres y se va a  trabajar  a una herrería.

JOSE SARAMAGO

Su posición religiosa parece ser muy clara, cuando afirma en su obra Caín que “La historia de los hombres es la historia de sus desencuentros con dios, ni él nos entiende a nosotros ni nosotros lo entendemos a él.” Es el comentario con que se cierra el relato en el que Caín contempla la destrucción de la Torre de Babel. Es uno de los viajes a través del tiempo bíblico que realiza quien fuera maldecido a ser errante y extranjero en la tierra después de haber asesinado a su hermano Abel. Caín mantendrá, a partir de allí, una conflictiva relación con Dios,  llena de recriminaciones y acusaciones.

Saramago expresa en esta sugestiva novela la perenne pregunta del ser humano sobre el sentido de la vida y de la existencia de Dios. En ese persistente interrogante considera que la pregunta acerca de lo divino lo tornó estéril. Así ha dicho: «Dios, el demonio, el bien, el mal, todo eso está en nuestra cabeza, no en el Cielo o en el infierno, que también inventamos. No nos damos cuenta de que, habiendo inventado a Dios,  inmediatamente nos esclavizamos a él.»

Caín comienza por confesar que “maté a abel porque no podía matarte a ti, pero en mi intención estás muerto.”  Caín parece condensar el sinsentido de la vida que no obstante perdura, pero para ser testigo de las más crueles acciones humanas a las que siempre se le adosa la voluntad de Dios. La novela  apela a varios de los relatos del Antiguo Testamento para reafirmar ese pensamiento. Así, Dios no tiene piedad de los niños inocentes en la destrucción de Sodoma y Gomorra. Muestra crueldad cuando le pide a Abraham que sacrifique a su hijo. No se apiada de los miles que caen a espada, de la que no escapan los ancianos, las mujeres y los niños y ni siquiera los animales en la devastación de Jericó. Muestra cierto sadismo con las pruebas a las que somete a Job hasta casi aniquilarlo, como si fuese un torturado que debería confesar a cualquier precio. Finalmente, Dios reconoce que se ha equivocado,  la humanidad no ha sido lo que esperaba de ella y quiere empezar de nuevo provocando un diluvio universal.

Estos míticos relatos bíblicos, como todos los relatos míticos, lo que hacen es  comunicar historias sagradas que hablan de  acontecimientos pasados. Lévi-Strauss entendía que uno de los atributos que los caracterizan es que tiene relación con una pregunta existencial, ya sea sobre la creación, la vida, o la muerte. Saramago toma estos mitos bíblicos para hacer una lectura descarnada de una humanidad que ha creado un dios a su imagen y semejanza. Esa imagen y semejanza resulta ser cruel, egoísta y destructora. No se puede negar su fuerte contenido de agresión, abuso y muerte con que describen la figura de Dios que provee argumentos para llegar a esa conclusión. De todas maneras, no es el primero ni el único en hacer una lectura tal de esos relatos mitológicos. 

Por otra parte, el encuadre sagrado en el que esos relatos están insertos ha modelado su interpretación. De allí que, toda crítica se ha interpretado como un ataque a los sentimientos religiosos de quienes así creen. Las reacciones a esta obra de Saramago, como su recordada “El Evangelio Según Jesucristo”, han llegado con marcada impiedad, desvalorizando estas obras como superficiales y carentes de rigor exegético, mientras ignoraban la preocupación central de sus contenidos.

Un peculiar sentido del humor

Saramago, a pesar de este fuerte alegato, no deja de mostrar un peculiar sentido del humor, sin olvidar su particular forma de puntuación y de  escribir todos los nombres propios con minúscula. Así, por ejemplo, es Caín quien detiene el brazo de Abraham y no un ángel, puesto que este ha llegado tarde porque le surgió un “problema mecánico en su ala derecha”. Cuando Caín no puede entender por qué “han de ser bendecidos todos los pueblos del mundo solo porque abraham obedeciera una orden estúpida”. El ángel le contesta: “A eso lo llamamos en el cielo obediencia debida.”

Saramago, que hace profesión de su ateísmo, no puede dejar a un lado el tema de Dios. Hay una cierta fascinación en el rechazo, como si en el fondo recriminara a los religiosos haber comunicado una imagen tan atroz de Dios. Dijo alguna vez,  «Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender.” Posiblemente hay muchos que hoy en día acompañarían a Saramago en esa búsqueda por comprender,  en esa inacabada discusión con Dios como la que sostenía a Caín. Porque “lo lógico es que hayan argumentado el uno contra el otro una y muchas veces más, aunque la única cosa que se sabe a ciencia cierta es que siguieron discutiendo y que discutiendo están todavía.”

Saramago y las cuentas con Dios

José Saramago al final de su última obra, Caín, deja la puerta abierta para entender que su pelea y lucha contra ese Dios “cruel, envidioso e insoportable” no ha llegado a su fin, porque le parece lógico que Caín y Dios “hayan argumentado el uno contra el otro una y muchas veces más, aunque la única cosa que se sabe a ciencia cierta es que siguieron discutiendo y que discutiendo están todavía.”

JOSE SARAMAGO

No sería aventurado pensar que el Caín que pinta Saramago es en el fondo él mismo. Entonces, el apasionado rechazo y cuestionamiento de Dios que aflora en cada relato del Antiguo Testamento al que hace mención, como si el mismo Caín hubiera sido su protagonista, resumiría la paradójica mirada de quien, a la vez que rechaza a Dios, se siente  atraído por él.

Se ha publicado que, cuando Saramago presentó por primera vez su libro en la ciudad de Penafiel, al norte de Portugal, tuvo fuertes críticas para la Biblia “como un manual de malas costumbres”, puesto que está lleno de escenas de violencia, incesto y horrores y que “debería ser cuidadosamente escondida de las manos de los niños.”

Es indudable que Saramago estaba haciendo una lectura muy sesgada de la Biblia y no exenta de cierto chisporroteo promocional. Las historias a las que hace referencia están en la Biblia, y sus cruentos relatos destacan la responsabilidad final de Dios por esos hechos. Se puede argüir que esas historias reflejan el estadio del pensamiento de una cultura que fue desarrollando otras imágenes de Dios, e indudablemente en la Biblia esas imágenes de Dios están presentes.

Posiblemente, el prestigio y reconocimiento dado a Saramago proporciona a sus comentarios un peso e importancia que no puede ser ignorado. De todas maneras, es evidente que si alguna reacción producen, especialmente en los círculos eclesiásticos, está en el camino del franco rechazo o el simple desdén. Paradójicamente no han sido los teólogos quienes se han aventurado a dialogar con aquellos quienes, desde distintas perspectivas y a partir de variadas experiencias, expresan su rechazo a la religión y a considerar la posibilidad de la existencia de Dios. No, han sido novelistas, matemáticos, filósofos de las más variadas escuelas quienes han revivido en estos últimos tiempos el tema de Dios para descargar muchas de las repetidas críticas que en el pasado no solo habrían sido advertidas sino que, a más de uno, le habría costado la vida.

Por eso, es posible que algunos, como Saramago, estén clamando en el desierto sin esperar respuesta, sino como quien procura liberarse de ataduras de pensamiento que conforman una rémora religiosa del pasado. Estos escritores no parecen ir en busca de la promoción de un movimiento anti-dios, sino  manifestar su decisión de romper con un pasado que fue para ellos una prisión del pensamiento.

Al mismo tiempo, debe mencionarse que algunos escritores procuran revivir los tiempos arremetedores del iluminismo, que coronaron la razón y la ciencia como el nuevo orden del pensamiento sobre el cual entender la vida y el mundo. Así, por ejemplo, Piergorgio Odifreddi, un matemático italiano, en su libro “Por qué no podemos ser cristianos”, publicado en 2008, llega a concluir que “al contrario que las religiones, la ciencia no tiene necesidad de reivindicar ningún monopolio de la verdad, lo tiene.” Esta afirmación que suena tan aristocrática cuando viene de la religión no es menor cuando viene de la ciencia. La reivindicación de la razón contra la religión es un tema que preocupa a los teólogos cuando sienten que les arrebata sus postulados pero no parece perturbarlos cuando las críticas tienen un origen existencial.

No al pensamiento metafísico

Ha sido el existencialismo el que ha rechazado el pensamiento metafísico y ha puesto su mira en la existencia humana. De allí su reacción contra la absolutización de la razón. Este parece ser el camino sobre el cual transita Saramago. Sus críticas sobre las realidades concretas de las miserias en el mundo hacen recordar los reclamos de Albert Camus, para quien el gran obstáculo para creer en Dios era el escándalo del mal, el sufrimiento de los inocentes. Camus lo planteaba, más allá de lo que manifiesta Saramago, como una paradoja sin resolución: o bien no somos libres y Dios todopoderoso es responsable del mal, o bien somos libres y responsables pero Dios no es todopoderoso.

Saramago parece estar viviéndolo como un proceso que no ha alcanzado ni solución ni fin. “Las cuentas con Dios no son definitivas, pero sí con los hombres que lo inventaron. Dios, el demonio, el bien, el mal, todo eso está en nuestra cabeza, no en el cielo o en el infierno, que también inventamos. No nos damos cuenta de que, habiendo inventado a Dios, inmediatamente nos esclavizamos a él.”

Estas cuentas con Dios, que “no son definitivas”, se emparentan con el pensamiento de Gianni Vattimo quien, a fines del 1970, había lanzado su controvertida idea –que constituyen la base de lo que denominó “pensamiento débil”- de que a todos los absolutismos o posturas metafísicas, que suponen la existencia de una verdad única, hay que contraponerles el hecho de que no hay certezas inamovibles porque las verdades son parciales y relativas.

Saramago, a su manera, comparte con Vattimo el resultado de ese encuentro y confrontación donde los dogmatismos no tienen cabida y son inaceptables, porque detrás de ellos se sostiene un orden autoritario. Lo que resta, si es que se quiere superar esos dogmatismos debe entrar en el camino del diálogo, que es confrontación y encuentro, como Caín y Dios que “que discutiendo están todavía”. + (PE)

Publicamos el Cuarto Capítulo de “Voces de la Vida”, el nuevo libro de Carlos Valle.

Los capítulos uno, dos y tres se editaron el  26 de junio, despacho SN 269/20, 3 de julio, despacho SN 276/20 y 10 de julio despacho SN 283/20. Se edita semanalmente los días viernes

SN 290/20

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